Mujer mirando al Oeste

Trasfondo de Guerra Fría, la fuerza asfixiante de una época, los laberintos del amor bajo políticas paranoicas, e incluso así una grieta de esperanza. Todo esto y mucho más describe Bárbara, la brillante película de Christian Petzold.

Bárbara mira con recelo cada movimiento de aquellos que la rodean, se mueve con una cautela insospechadamente sexy; en su manera enigmática de fumar parece descifrar la trama oculta de un mundo siniestro y voraz. En el carril de esas heroínas ingobernables, de gesto arisco y pasado incierto, Bárbara tiene todo para conquistarnos. Desde los primeros minutos, el film del alemán Christian Petzold instala cierta ambigüedad sobre su personaje, que se irá develando de forma progresiva. Situada en los años ochenta, en la Alemania del Este anterior a la caída del Muro de Berlín, Bárbara se ofrece en su superficie como una dura descripción de época a través de una doctora que es enviada a trabajar a un hospital de provincia, como una especie de castigo por haber solicitado una visa para salir del país. Observada muy de cerca por un oficial de la Stasi (Órgano de Inteligencia), Bárbara actúa determinada en cada movimiento, en cada gesto por asedio de un ojo invisible. Matiza esa dinámica opresiva sobre su cuerpo, la aparición de André (compañero y Jefe en el hospital); un personaje que demuestra cierta empatía e intenta exorcizar los demonios que la paranoia de Bárbara va dejando entrever de a poco. Porque el estado totalitario parece estar allí tomando control del ambiente, regulando abusivamente la circulación de los afectos.

Partícipe de cierto aire de renovación generacional en el cine alemán, la Escuela de Berlín (de la que Petzold forma parte y la cual simboliza cierto relevo del Nuevo Cine Alemán de los 70 y 80) no se caracteriza por gestar un corpus de películas que se pregunten sobre el pasado histórico de Alemania. En general los films de Thomas Arslan, Maren Ade, y el propio Christian Petzold apelan a conflictos situados en la contemporaneidad. En ese sentido, Barbara es una novedad en el seno de este grupo de realizadores, y se encabalga (o disputa) con el tratamiento de temas que hacen films como La vida de los otros (2006) y Good Bye Lenin (2003). Más bien alejado de ese tipo de cine alemán que pretende revivir e interrogar el pasado por medio de fastuosas escenografías -“construir un escenario enorme, algo que se usa en exceso en las películas alemanas, eso es algo que se me atraganta”, dice Petzold- habría que buscar la sintonía de miradas con buena parte de la cinematografía rumana contemporánea: Corneliu Porumboiu, Cristi Puiu, Cristian Mungiu. El camino que elige Petzold para retratar el trasfondo epocal es sutil, para nada subrayado. En su película se evita caer en observaciones maniqueas que propongan a la Alemania del Este como un todo opresor y a la ansiada Alemania Occidental como la tierra idílica a la que hay que aspirar; y viceversa. Bárbara está más enfocada en delinear la manera en que se desarrollan las relaciones humanas en situaciones límites, la forma en que las emociones son eclipsadas por el clima angustioso que propicia la tensión Este/Oeste. Función de memoria activa del cine, que “trata de mantener un instinto arqueológico para explicar qué es lo que pasó, sin miedo a hurgar en los traumas”, como declaró hace poco Petzold, declarando también el tinte autobiográfico de toda esta historia: “mis padres fueron refugiados del Este. Huyeron a Occidente en 1951 porque mi padre quería ser James Dean y mi madre quería empezar una carrera de pintora en Marsella. Ninguno de los dos alcanzó su sueño. Siempre les pregunté por su juventud, perotodo lo que recordaban de sus vidas al otro lado del Muro lo borraron de su biografía. El Este adquirió una cualidad legendaria para mí, como si fuera un sueño o un cuento. Y Barbara está basada en esta emoción.”

Hay que aclarar que, además de la dimensión histórico-política, la película explora una multiplicidad de tramas y subtramas: el poder de la institución médica, las limitaciones del socialismo alemán como proyecto de inclusión social, y sobre todo: la comunión amorosa que puede sortear cualquier obstáculo, la que evoluciona lentamente entre Bárbara y el doctor André. No es casual que mientras rodaba, durante los ensayos, Petzold proyectaba a sus actores Tener o no tener de Howard Hawks, película en que la pureza del amor de la pareja formada por Lauren Bacall y Humphrey Bogart funcionaba como una interrogación a un sistema opresivo. 

Arrebatada, conmovedora, inquietante; la interpretación de Nina Hoss merece más que unas mezquinas líneas de alabanzas. Cada vez que aparece en acción cobra intensidad la pantalla. No debe haber sido fácil para el director despegarse de un punto de vista que no estuviera completamente al servicio del estado emocional de la protagonista, que en la piel de Hoss  funciona como un señuelo difícil de esquivar. Alguna vez el director de Bárbara declaró: “creo que hay dos tipos de directores: los que les gusta hacer películas de personajes masculinos y los de personajes femeninos. Por ejemplo, David Lynch es un director de mujeres, mientras que John Ford es de hombres. Esta diferenciación dice algo de cómo uno mismo se proyecta en el mundo”. Este no es el primer trabajo conjunto entre Nina Hoss y Christian Petzold, sino el quinto. Es un tipo de colaboración que nos recuerda al tándem Rainer Werner Fassbinder-Hannah Schygulla. ¿Una nueva dupla actriz-director, recupera la tradición vanguardista del cine alemán? Petzold “se proyecta en el mundo”.