"Muralla": Un muro contra la realidad

La película boliviana "Muralla" llegó a los cines locales. . Haciendo Cine pudo dialogar con el director y con Pablo Echarri, uno de los protagonistas de esta historia.

En “Muralla”, Rodrigo “Gory” Patiño, desnuda una siniestra trama de corrupción, de pobres versus pobres y de personas que no pueden escapar al destino. HaciendoCine pudo dialogar con el realizador y con Pablo Echarri, quien interpreta a Nicolás, un médico argentino, parte clave del tráfico humano que relata la historia.

Gory, ¿cómo surge la idea de Muralla?

Muralla viene de un trabajo de investigación. Cuando me invitaron a dirigir y coguionizar el proyecto, opté por contar una historia de género que no sólo intrigue, sino que a la vez provoque un diálogo sobre un tema latente. De esa manera decidimos desarrollar un policial (sin policías) como el lienzo de una radiografía de nuestra sociedad. Una de las guionistas del equipo había escrito una obra de teatro sobre trata y tráfico y ya contaba con material sobre el tema así que decidimos escribir una historia que toque ese problema sin convertirnos en panfleto. Entrevistamos a familiares de víctimas y nos quedamos helados con lo que ocurre hoy en día no sólo en Bolivia, sino en nuestra región. Hace unos años un amigo me contó que había reconocido a una estrella de fútbol de los 90s manejando un taxi y esa historia se me quedó en la mente. Así nació Coco MURALLA Rivera, un ex arquero que tuvo su gloria hace años y ahora quiere volver a ser alguien. Un padre desesperado que, por salvar a su hijo enfermo, comete el peor de los pecados.

Pablo ¿cómo llegás al proyecto?

Me llegó de un whatsapp directamente a mi celular de Leonel Fransezze, está radicado hace tiempo en Bolivia, y él con Claudia Gaensel tiene una productora audiovisual llamada Macondo. No tenía en mi esquema laboral Bolivia, y Muralla es parte de una serie que se llama La Entrega, me llega la propuesta, tenía ofrecimientos, compromisos, y un proyecto se cayó y me dejó de cara poder participar en ella, mi trabajo era de una semana. Fuimos, era un grupo muy comprometido y entusiasmado, privado, porque si bien ahora hay una Ley de cine, en ese momento no. Me encontré con una temática, que, de un par de años para acá, entendí que mi rol de actor se multiplica cuando la temática de los proyectos es social, y acá, con la trata de personas, es así, en donde Europa se transforma en el receptor de la cadena y entendí que no podía no ser parte. El personaje es detestable, hace su oficio con simpleza, me gustó cómo estaba desarrollado, sin dramatismo en el rol, ejecuta con sus secuaces, con quien tiene una amistad, es el médico que recibe los “bultos”, lanza diagnósticos, ve quién sirve y quién no sirve y de ahí lo dispara a las latitudes. El personaje es detestable, es un villano, pero no por impostación de voz o mirada torva.

Es más perturbador…

Claro, es el que está en el supermercado comprando al lado tuyo, quieren a su descendencia. Me encontré además con actores increíbles, si bien uno puede intuir que no había un desarrollo audiovisual en Bolivia, pero es todo lo contrario, demostrando que quien se enamora de la actividad, llegas rápido a los estándares, muy alto, porque hay mucho de amor y talento puesto.

Ayuda también el talento y ganas del que llega…

Cuando uno ve historias contadas por otras gentes, esas personas van a contar historias nuevas, atravesadas por tamices personales. En Muralla vas a ver cosas de género, con inicio, nudo y desenlace, es amarga, pero la forma en que la vez te facilita transitarla, y eso es patrimonio de Gory, con una mirada desarrollista del cuento, sin despegarse del género, con una propuesta que sorprende. Muralla es una maravillosa noticia, eleva la vara y compromete para que en el futuro no pare nunca, y que la región se integre y que nos llame a participar en proyectos, alejados de la mirada europeísta.

Gory ¿Qué crees que aporta Muralla a la problemática de trata de personas?

Mira, nunca quisimos ser un panfleto. Es más, me opuse a poner datos y estadísticas al final de la película porque Muralla en primera instancia es la historia de un padre que quiere salvar a un hijo enfermo. Sin embargo, si después de ver la peli, un padre de familia conversa sobre ese tema con sus hijos, creo que hemos aportado a concientizar sobre este grave problema. Cada quien aporta desde su trinchera y este es nuestro grano de arena como cineastas. La mejor manera de comunicar, es emocionando. Cuando nació mi segunda hija, se enfermó y tuvimos que internarla. Se nubló mi vida de un gris profundo que nunca olvidaré. En ese instante podía cortarme un brazo por salvarla. Hacer lo que sea. Y creo que la situación de Muralla va por ahí. El amor de un padre desesperado por salvar a un hijo enfermo no tiene límites. Las estructuras en nuestras sociedades son similares, tenemos algunas diferencias regionales, pero historias similares pueden suceder en Latino América. Yo usé mucho las laderas de mi ciudad. La Paz es un cráter gigante donde las zonas marginales gozan de las mejores vistas de la hoyada. Una ciudad con muchos contrastes. Una topografía única que se convierte en personaje y me ayudó a contar la historia de una manera especial.

Pablo ¿Por qué crees que el folklore aquí no se utiliza como algo autóctono?

Creo que la cinematografía argentina tomó un camino adverso en determinado momento, que es cuando se instalaba más la industria de Hollywood en los géneros, y en la instalación de esos tópicos que impulsaban la atracción del relato para los espectadores, aquí se buscó ir por el surrealismo, la antitrama. Ir en contra de esa estructura le adosó cosas, experiencia atractiva y enriquecedora, para darnos cuenta que las estructuras vienen de la época de Homero, la tragedia, y nos sirvió para entender que hay que acercarse más a eso. Por ahora no hay manera de entrelazar eso con nuestra cultura, evitando caer en el costumbrismo, y a veces por el deseo de no caer en él se peina de un montón de variables que son importantes para generar esa identidad. Vamos por el camino, hay realizadores como Adrián Caetano, que transita esto, lo veo en Szifrón, que podría ser el estructurador de conceptos más americanos, pero lo hace también.