My Own Private Castelar

Para sumar a la depresión de ser adolescente, este coming of age anómalo que es Just Jim se ubica en un pequeño pueblo de Gales. La película de Craig Robertson –también intérprete– destaca en ese mapa desolado a Jim, víctima de un bullying general, y a Dean, quien lo acompañará como su álter ego extrovertido y peligroso.

En el colegio, cuando era chica/adolescente, siempre fui bulleada por mis compañeros. Era ostensiblementerolliza, traga y buchona, el combo explosivo, el blanco fácil de todo tipo de gastadas y humillaciones, a las que jamás respondía. En esa época, me refugiaba mucho en el cine (en un videoclub viejo de Castelar con olor a pucho llamado West) y en la música (en Queen, de quienes hasta me sabía el orden de los videos cuando los pasaban por Music21, mi gran entretenimiento y planazo de sábado a la noche), pero me hubiese venido muy bien alguien que me enseñara a tener un poco más de onda y a tomarme las cosas con sentido del humor. El adolescente sin sentido del humor está inevitablemente condenado a una vida de bullying.

En 2004 Emile Hirsch protagonizó una comedia romántica llamada The Girl Next Door. La vecinita en cuestión (con antojos varios) era la rubia despampanante Danielle, que se paseaba por su casa con la ventana abierta en jean y camisa atada delante del virgo Matthew, el típico tímido de secundario yanqui, amigo de los nerds de cine, bulleado por sus compañeros e incapaz de defenderse. Como yo, pero sin vecinito (o sí, pero WaldemardelBlockbusterno me daba bola). Cuestión que la vecina se fijaba en él y lo ayudaba a cambiar su imagen y su pobre realidad sexual. En el medio, Mat se enteraba de que Danielle era prostituta y tenía un pimp, quien se convertía un poco en su mentor y consejero en materia de levante, sexo y onda. Mat pasaba de ser el boludazo del colegio al tipo cool que se movía a la rubia increíble y además filmaba una porno en el baile de graduación. Yo apenas si lleguéa sacarme la remera de Queen gastada, casi transparente, para lavarla.

Doce años después (como si tuviera que continuar una relación simbólica), Emile Hirsch vuelve para convertirse en el ídolo y consejero de unloser, lookeado a lo James Dean (y de nombre Dean). Pero ya no estamos en la típica secundaria cruel yanqui sino en un pueblucho de Gales, donde Jim (Craig Robertson, protagonista y director) es el pobre pibe que necesita ayuda. Jim no solo es ninguneado por sus pares del colegio, sino por los vecinos y su propia familia. Hasta que, de golpe, aparece Dean para cambiarle la vida.

Pero la cosa se empieza a poner un poco oscura, un poco a lo El club de la pelea. ¿Quién es realmente Dean y qué busca? El juego con el punto de vista se vuelve un acierto en tanto la película nos da indicios ambiguos de que tal vez estemos frente a un protagonista psicótico o esquizofrénico que, debido al trauma adolescente, decide crearse un álter ego violento. Todo eso reforzado por la calma que vuelve al final, una vez que Dean desaparece de la vida de Jim.

Yo de chica ni siquiera veía muchas coming of agey nunca tuve ningún álterego.

Hay muchas coming of age del estilo loser-conoce-a-chico-cool-y-deja-de-ser-loser, una fórmula que parece funcionar y que nos hace sentir bien, ya que la mayoría de nosotros podemos empatizar fácilmente con el loser, hayamos sido uno o no. Pero, así como hay muchas y funcionan, también corren el riesgo de, justamente, no presentar ningún riesgo y quedar en una mera canchereadateen. Just Jim coquetea con la canchereada pero sale relativamente airosa por la ambigüedad mencionada y por el escenario, ese pueblucho de Gales. Hay algo ahí que habla de la chatura, de la concepción de un mundo chiquito, aburrido y anodino, de padres imbéciles que no saben cómo lidiar con sus hijos, de vecinos chusmas y alcahuetes y de chicas con pelo rosa que no representan ningún desafío. En medio de ese mundo, aparece Dean como el terremoto que desbarata al pueblo y también aparece otro personaje, mucho menor pero igual de significativo: el vecino con el perro. Él será quien, en definitiva, le preste atención a Jim y le diga las palabras justas: “Pensá en qué tipo de hombre te querés convertir”.

Ojalá a mí me hubieran desbaratado el mundo pequeño, de pueblo chico del oeste (Castelar en los ochenta, sin cine, sin teatro, donde la siesta se dormía religiosamente los fines de semana con el teléfono desconectado, con una rotonda, un par de videoclubes y la pizzería Ayerza) y se me hubiera acercado alguien a preguntarme cómo quería ser, en qué me quería convertir. La adolescencia es una época chota y cruel, en la que tenemos la autoestima floja y la furia a flor de piel. Muchas veces solo bastaría con un poco de empatía por parte de adultos que se llenan la boca hablando de su adolescencia, un poco de comprensión y palabras de sabiduría para ayudarnos a enfrentar esos años desdichados. No todos podemos crearnos un álterego como Dean o agarrarnos una vecina infartante(o mirarnos en el espejo y charlar con un conejo llamado Frank). Algunos apenas si pudimos vestirnos con una remera de Queen tres talles más grande y fantasear con un uruguayo que atendía el Blockbuster los viernes en el turno noche.

 

Just Jim

Craig Robertson

2015 / Reino Unido / 84 minutos

Estreno: 26 de mayo (Tren Cine)