No hay más que el amor y Duke Ellington

Boris Vian murió en una sala de cine mientras digería la desastrosa adaptación de una de sus novelas. Michel Gondry contribuye ahora a saldar la deuda histórica del cine con su obra a través de una fantasía sin frenos que el escritor francés hubiese apreciado. Con sus excesos y trucos, La espuma de los días está a la altura de un libro tan ingenioso como disparatado.

A Boris Vian lo mató el cine; o, mejor dicho, el mal cine. Luego de oponerse a la decepcionante adaptación de su novela Escupiré sobre vuestra tumba y despotricar contra sus responsables, decidió asistir de incógnito a la premier realizada el 23 de junio de 1959 en la sala parisina Le Petit Marbeuf. Falleció de un ataque cardíaco en medio de la función, brutalmente impactado por lo que el director Michel Gast había hecho con la obra literaria que publicó en 1946 bajo el pseudónimo de Vernon Sullivan. Tenía 39 años.

A más de medio siglo del singular y macabro colapso, la deuda del cine con la inmensa producción que el novelista, dramaturgo, poeta, ingeniero, periodista, jazzista y traductor dejó en este mundo no pareciera estar dignamente saldada. Además de una interesante adaptación de Hierba roja, dirigida por Pierre Kast en 1985 (con Jean-Pierre Léaud en el protagónico), no hay suficientes películas que se atrevan a recrear el particular universo erigido por el autor; esa realidad paralela y lúdica que pareciera estar marcada a fuego por la cultura estadounidense, la música, el amor y la exploración por los vastos horizontes del inconsciente. Si lo anterior parece una descripción de la obra de Michel Gondry (Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, La ciencia del sueño) es porque el francés es de los pocos cineastas con pasaporte apto para adaptar La espuma de los días, probablemente la novela más libre e imaginativa de Vian.

El libro comienza con un singular prefacio que pareciera servirle al cineasta como guía. “Solo existen dos cosas importantes: el amor, en todas sus formas, con mujeres hermosas, y la música de Nueva Orleans o de Duke Ellington”, escribe el autor. “Todo lo demás debería desaparecer porque es feo, y toda la fuerza de las páginas de demostración que siguen procede del hecho de que la historia es enteramente verdadera, ya que la he imaginado de principio a fin. Su realización material propiamente dicha consiste, en esencia, en una proyección de la realidad, en una atmósfera oblicua y recalentada, sobre un plano de referencia igualmente ondulado”.

No es de extrañar entonces que la película comience al son de la chispeante “Take the A Train”, de Ellington (el título en inglés, Mood Indigo, también remite a una composición del jazzista), mientras un grupo de personas comparten máquinas de escribir como si formaran parte de una industria de historias, empleados de una creación colectiva que imaginan a Colin (Romain Duris) en el momento preciso en que trata desesperadamente de destapar su bañadera. Termina usando un taladro para vaciarla. Abajo, su vecina aprovecha el agua que se filtra por el techo para regar una planta que crece automáticamente. Postales surreales como estas son materia prima para un Gondry que se muestra más obsesivo y minucioso que nunca, y que construye la “atmósfera oblicua y recalentada” que le fue indirectamente encomendada por Vian.

Cuando el mundo fantástico de Colin –un inventor solitario– se junta con el de Chloe (Audrey Tautou), nace un desatado amour fou. El cineasta lo celebra a través de una aventura por recovecos y escenarios improbables que le permiten destapar su gran caja de maravillas, en especial los trucos en stop-motion que ha empleado principalmente en sus videoclips. Pero no hay luz sin oscuridad y a Chloe súbitamente le comienza a crecer un nenúfar en su pulmón. La película circula entonces por la comedia y la tragedia como si estas formaran parte del mismo sueño trastornado.

Se ha acusado a Gondry de ser exagerado y ambicioso, pero probablemente no haya otra manera de plasmar la imaginación y desmesura de un Vian que sigue siendo uno de los escritores más originales del siglo XX. La espuma de los días es definitivamente un homenaje a su medida.

 

La espuma de losdías

Michel Gondry

Estreno: 24 de septiembre

2013 / Francia / 125 minutos