No perderse la novela

Después de su paso por Mar del Plata, Arnaud Desplechin llega a las salas comerciales. Tres recuerdos de mi juventud es una de las mejores muestras de su cine de narraciones tan libres como amables, en el que conviven la pasión por contar historias junto con el amor por sus personajes, y esa necesidad tan primaria como literaria de abrazar el tiempo y las emociones.

Quizás por no ser parte del jet set (como Olivier Assayas), o por no jugarla de enfant maudit (como Léos Carax) o simplemente de maldito (como Philippe Garrel), o por no tratar temas risqué (como Bertrand Bonello), Arnaud Desplechin, no es tan conocido –ni reconocido– como muchos de sus colegas dentro del panorama actual del cine francés. Incluso luego de una película pensada para su consagración internacional, como lo fue Jimmy P. (2013), un gran y extraño film olvidado por el público, la crítica y los festivales a pesar de su punto de partida en la competencia oficial de Cannes, protagonizada por la estrella hollywoodense Benicio del Toro y con una descabellada trama, mezcla de historia del psicoanálisis y buddy movie, transformada en guion por (entre otros) el crítico, cancerbero del cine clásico y goodfella de Martin Scorsese, el Sr. Kent Jones. A pesar de todo esto, el cine de Desplechin sigue ocupando un lugar, sino secundario, al menos no tan reconocido como debería. Sin embargo su filmografía, título a título, se impone como una de las más fuertes de los últimos tiempos, y ya no solo dentro del cine galo, sino del cine universal.

Es probable que, por todos estos motivos, Desplechin –como indicaba Alfred Hitchcock– haya buscado un lugar (un punto de partida) seguro desde el cual continuar su trabajo. Al sentirse cómodo con ese material, ha logrado uno de sus mejores títulos hasta ahora. No es poco. Tres recuerdos de juventud (Trois souvenirs de ma jeunesse) funciona como un capítulo más en una probable novela del autor, en la que se desarrolla y se cuenta la biografía de un personaje llamado Paul Dedalus, siempre interpretado por ese pequeño gran actor que es Mathieu Amalric, alter ego del director.

La historia de Paul Dedalus comenzó en otra película de Desplechin, en la monumental y generacional Comment je me suis disputé... (ma vie sexuelle) (1996), película que funciona como complemento y doble programa con Fin août, début septembre (1998), del mencionado Olivier Assayas. En Comment je me suis disputé..., se cuenta la historia de un joven estudiante (de nuevo Amalric) a punto de convertirse en profesor, con sus decisiones sentimentales de por medio y un futuro que se acerca peligrosamente. Con Tres recuerdos…, Desplechin realiza en una misma película la continuación y la precuela de la vida de Dedalus, quien, ya adulto, recuerda sus días de adolescencia, mientras se enfrenta a los resultados de aquellas pasadas decisiones. En esta nueva búsqueda y repaso por los tiempos perdidos, la vida de Dedalus se despliega (y repliega) frente a nosotros como una novela picaresca, en la que la educación sentimental de un grupo de adolescentes se junta con disparatadas aventuras, con historias de espionaje (así como suena), y con recuerdos tan verdaderos y sentidos que, entre ellos, hasta hay lugar para la más pura fantasía.

Con una liviandad digna de los mejores exponentes del cine francés (y un sorprendente elenco de jovencísimos actores), Desplechin cuenta una vida y, al hacerlo, manifiesta que el cine todavía puede apoyarse en el viejo recurso de contar historias. Historias que parecen pertenecer no solamente a su autor (o a su actor), sino también a una generación. Desplechin demuestra con Tres recuerdos de mi juventud que no soloes uno de los grandes directores del momento, sino que además es un gran novelista, empeñado –como buen francés– en buscar el tiempo perdido.

 

Tres recuerdos de mi juventud

Arnaud Desplechin

Estreno: 3 de diciembre

2015 / Francia / 123 minutos

Zeta Films