Nunca menos

UIP, Warner, Disney y Fox, las ahora cuatro majors que operan en el país, se adaptan a las exigencias de Guillermo Moreno de estrenar cine argentino, lo que cambia indefectiblemente el mapa de la industria. Sony/Columbia, por su parte, se retira del país y delega sus operaciones en UIP. Las primeras alianzas con las productoras y el riesgo de desplazamiento de las distribuidoras locales. ¿El resultado es mayor concentración y extranjerización?

Versión ampliada y actualizada de la nota publicada en la edición impresa HC 126, junio de 2012.

El análisis de los consecuencias finales de este proceso se puede leer en esta otra nota titulada La sintonía fina en las salas y  publicada en junio de 2013.

 

A ocho meses de la primera reunión mantenida entre el Secretario de Comercio Guillermo Moreno y los ejecutivos de las filiales locales de las cinco majors más poderosas que operan en Argentina (Sony, Disney, UIP, Warner y Fox), y a cinco de la segunda, empiezan a observarse nuevas alianzas entre éstas y las principales productoras locales, a la vez que las distribuidoras locales históricamente abocadas a trabajar con material argentino intentan no perder terreno. Se sabe que es a partir de aquel encuentro donde se origina la novedad del ahora unánime compromiso por parte de las majors con el cine nacional. La exigencia del vehemente funcionario kirchnerista para con las multinacionales de distribuir películas argentinas en el país y en el exterior, por cierto, supone un corte no menor con respecto al generoso laissez faire (descontando cuotas de pantalla y medias de continuidad) que el Estado viene facilitando en materia de exhibición y distribución ya desde antes de los años neoliberales. Es cierto que desde el año pasado, unos meses antes de aquella reunión, el INCAA hizo un primer intento de “ponerles un límite” con el arancelamiento a las copias extranjeras.  Pero lejos de ser la “125” del cine, la iniciativa, y tal como la definió nuestro columnista Manuel García en HC121, terminó pareciéndose a “un intento de comerse un elefante con cubiertos de plástico”. El pánico de las mayors, que según Ultracine recaudaron en 2011 $784.347.466 (el 80 por ciento de la recaudación total), sobrevino apenas dos meses después, con la citación a la Avenida Roca, y la siguiente orden: “por cada dólar que importen, deben exportar otro”. No era descabellado imaginar que la obsesión desde el gobierno por el equilibrio de la balanza comercial, y la disputa con (algunos) de los grandes grupos económicos (en especial los extranjeros) alcanzaría también a la industria cinematográfica.

Ahora bien, el histórico desinterés de las distribuidoras internacionales para con el cine nacional resulta comprensible desde una lógica empresarial: ¿Por qué una major, especializada en importar los estrenos hollywoodenses de turno, cuyos costos de producción fueron largamente recuperados en sus poderosos mercados internos, y que además vienen con el envión publicitario que arrastran las globalizadas campañas de marketing, estaría interesada en distribuir una película argentina, que requiere creación de valor desde cero y que no cuenta con mayores beneficios de economías de escala ni de integraciones verticales? Ello, por no hablar de las elocuentes diferencias de números entre unas y otras a la hora de vender entradas y pochoclos.

Una de las mayores dudas del medio era, entonces, saber cómo las majors ajustarían sus planes de negocios ante este nuevo escenario necesariamente más ligado a la producción local. Los primeros movimientos estratégicos, ahora sí, empiezan a vislumbrarse.

El primero que picó en punta fue Disney. No es novedad que distribuya cine argentino, cosa que hace ininterrumpidamente desde hace 17 años. Sí lo es que haga acuerdos con cada vez más productoras. Con la ventaja del know how en la materia y rápidos de reflejos, cerraron varias acuerdos y para fin de este año habrán distribuido películas de las más importantes productoras locales. A la histórica y otrora exclusiva relación societaria con Patagonik, se le suman recientes acuerdos con Telefé Cine (y a pesar del vínculo de la empresa del ratón con el Grupo Clarín, a través de Patagonik), Pampa Films, Argentina Sono Film, Matanza Cine, M&S, Sudestada, BD Cine, e incluso, entre otras, K & S Films (tuvo su participación en El último Elvis), una productora que históricamente ha acordado la distribución de sus películas con Fox. El caso de la productora de Burman y Duvcovsky es, a su vez, sintomático de las limitaciones que tienen las películas argentinas en la fase de distribución: a pocos meses de anunciar que comenzarían a lanzar sus películas por su cuenta, dieron marcha atrás y le confiaron sus próximos cuatros lanzamientos a la distribuidora con sede en Olivos.

Ante este panorama casi excluyente de Disney como distribuidor del cine argentino más industrial e incluso también del cine independiente (Masterplan, exhibida en BAFICI, es su última adquisición), surge una pregunta: ¿Qué le queda al resto de las distribuidoras? Veamos.

Hasta aquí, Fox, otra major con antecedentes en el rubro (ha distribuido esporádicamente títulos de Sorín, Caetano, Szifrón y Ana Katz), logró cerrar con Telefé, Haddock y la española Tornasol films un acuerdo para distribuir a partir del próximo 30 de agosto Todos tenemos un plan, con Soledad Villamil y Viggo Mortensen.

Lentamente, United International Pictures también empieza a ajustarse a la coyuntura: su primer anuncio es la distribución de Pensé que iba a haber fiesta, de Victoria Galardi, cuyo rodaje recién comenzará en diciembre de este año. Habrá que ver qué apoyo le dará a la hora de su estreno. Y acaba de confirmar para 2013 Metegol, de Campanella, cuyas últimas películas venían siendo distribuidas por la empresa de capitales nacionales DistributionCompany.

Warner retorna hoy al rubro con Fuera de juego, una comedia futbolera (“pasión de multitudes” que no se suele traducir en las boleterías de cine) coproducida con España y cuya pata local tiene como productores a Carlos Mentasti y Hernán Musaluppi. Lo hará nada menos que en 46 salas, una cantidad que cabe suponer difícilmente hubiera igualado o superado Primer Plano, la distribuidora local a la que los productores inicialmente le habían confiado el estreno.

A propósito de este último “traspaso” con rescisión de contrato incluida a último momento, nace otra inquietud: ¿Qué lugar pasan a ocupar las distribuidoras locales que usualmente distribuyen cine argentino, teniendo en cuenta los beneficios que da a un productor el hecho de ser distribuido por una major? (N. de la R.: para ver los resultados finales de este proceso y el desplazamiento de las distribuidoras locales, ver este otro informe publicado un año más tarde y titulado La sintonía fina en las salas).

Pocas películas argentinas cuentan con un estreno “a lo grande”. De hecho, de las 42 películas argentinas estrenadas entre enero y mayo de este año, sólo cinco alcanzaron las 40 salas o más: Peter Capusotto y sus tres dimensiones (50), La suerte en tus manos (60), Elefante blanco (82), Extraños en la noche (63) y Selkirk, el verdadero Robinson Crusoe (46). Todas con distribución de Disney, que ofrece valiosos segundos de publicidad en TV, campañas de marketing y capacidad de lobby con las exhibidoras.

Por último, una novedad: en estos días se confirmó finalmente que Sony/Columbia, la que menor volumen de estrenos manejaba y la que quizás más dificultades atravesaba, se retira del país a fin de mes, tras varios años de operaciones. En el sitio Cines Argentinos, el primero en publicar el hasta entonces rumor, se explica que la razón no tendría que ver directamente con los reclamos de Moreno ni en la dificultad de girar sus divisas al exterior, sino en una reorientación del plan de negocios que la empresa viene haciendo a nivel mundial, y que consiste en delegar sus lanzamientos en diversos territorios a otras empresas. Aquí será UIP quien se haga cargo de sus operaciones, lo que en definitiva, además de asegurar la presencia en cartelera de sus películas, habla de una concentración de más estrenos en menos manos. Más allá de aquella plausible explicación, no cuesta creer que la sombra de Moreno  haya tenido también una buena cuota de influencia en tal decisión. Recordemos que, de hecho, a fines de marzo pasado habían anunciado cuál sería su primera estrategia para adecuarse al nuevo escenario: una alianza con la distribuidora local Aura Films para lanzar algunos de sus títulos no sólo en Argentina sino, según habían informado, también en Estados Unidos. La única apuesta que llegó a hacer desde entonces fue la de Ánima Buenos Aires, un estreno con poca inversión en copias (fueron siete) y publicidad que pasó sin pena ni gloria por las salas.

Lo curioso (o tal vez no tanto) es que estos movimientos parecen estar profundizando procesos de concentración y extranjerización, algo al menos paradójico viniendo de un gobierno con acento nacional y popular. Pero quizás la pregunta correcta sea si quien parece ser el responsable -probablemente de manera involuntaria-de interferir e impulsar estos cambios (alguien decididamente ajeno al mundo del cine) es el indicado para manejar los principales hilos de las políticas cinematográficas en el país.

En síntesis, una pequeña revolución se vive en la industria del cine en Argentina y algunas de sus piezas recién comienzan a moverse de lugar en el mapa. Ya pueden imprimir la leyenda: “Moreno lo hizo”.