Oficina Burman

En la pulseada no declarada que enfrenta al cine con las series de TV, Daniel Burman tiene una posición tomada: “Hoy estoy muy focalizado en el tema de la televisión. Encuentro ahí un campo de experimentación mucho más atractivo que en el cine”. Este análisis, cada vez más extendido entre muchas personas que trabajan en el medio audiovisual, lo ha llevado a repensar su figura como guionista, director y productor y ponerse al frente de una nueva compañía que esta vez lleva su propio nombre. Desde Oficina Burman ya está trabajando junto al autor Mario Segade en el desarrollo de diversos proyectos para insertar en el mercado de televisión de habla hispana. Sin abandonar el cine, el director de El rey del Once podrá volcar allí su propio caudal creativo y supervisar el proceso de trabajo de un grupo de guionistas. “En las series de televisión, en lo que hoy llamamos televisión, uno puede transitar las historias y las tramas secundarias con mayor complejidad”, explica. “Estoy en un punto en la vida profesional en el cual adoro a los secundarios, el alrededor, el ruido de fondo. Las series hoy te permiten un desarrollo de ese alrededor más complejo y más sutil que el cine”.

Con varios proyectos para distintas señales de TV –que lo obligan a mantener cierta confidencialidad–, el objetivo de Oficina Burman es el desarrollo de contenidos de alto valor agregado narrativo para plataformas regionales. Se apunta a trabajar en historias que, si bien pueden tener una temática local, mantengan además un interés universal. “La idea es darle mucho valor al tiempo creativo de desarrollo. Saber asumir cuándo hay que tirar un guion entero a la basura porque no sirve y volver atrás. Hacer una puesta en valor de lo que es el trabajo de los guionistas y los autores”. Los proyectos que salgan desde esta usina creativa podrán ser producidos o no por su productora BD Cine, y no necesariamente lo tendrán a él como director. El foco está puesto en el desarrollo de las historias: “Para mí sigue siendo el momento más placentero. Es como un ruido desordenado en tu cabeza hasta el momento en que empieza a desplegarse en un papel. Todo el resto es un proceso más tortuoso, pero el placer de ver concretado y con un orden ese ruido, ese caos, sigue justificando el esfuerzo”.