Omar Zuñiga revela detalles de "Los Fuertes"

El realizador Omar Zuñiga estrena "Los Fuertes" en Cine Virtual de PCI Cine, una propuesta que demuestra que el cine desea reflejar otras historias de amor alejadas de estereotipos.

Por Rolando Gallego

En diálogo con Haciendo Cine, el director cuenta detalles de esta hermosa historia.

¿Cómo surge Los Fuertes?

Cuando comencé a escribir la película, años atrás, estaba viviendo en Estados Unidos y había filmado varios proyectos allá mientras hacía un post-grado. Tenía muchas ganas de hacer algo mucho más cercano a mi experiencia, a las cosas que he vivido y que he visto alrededor mío. Quería contar una historia de amor que no había visto antes, que fuese romántica, genuina, honesta y anclada en la cultura en la que crecí. Al mismo tiempo quería hacer una película vigente y política, con dos hombres jóvenes que no se van a dejar atropellar por cualquier hostilidad que el entorno inmediato tenga ante el amor que viven. También quería hacer algo que no he visto lo suficiente: dos hombres que se enamoran, sin reservas, ni remordimiento, ni dudas. No es una historia de descubrimiento. Muchas de las películas con historias de amor entre dos hombres se contruyen con una ética en la que uno de ellos piensa que lo que están haciendo está mal, o está prohibido, o que no es lo que debieran hacer. Incluso en películas mainstream que son hits internacionales, o también en festivales, lo que no deja de llamarme la atención. Me interesaba hacer algo que estuviese por una ética distinta. Creo que estas fueron algunas de las ideas en ese punto de partida.

¿Cómo fue adaptar San Cristóbal a largo?

En realidad, el proceso fue a la inversa: cuanto estábamos desarrollando el proyecto, se dio la oportunidad de filmar algo que estuviese vinculado al universo de los personajes, que fuese una exploración del estilo de lo que queríamos hacer, pero sabía que de todos modos quería realizar esa película que estaba escribiendo. Filmamos el corto en una estructura de completa guerrilla, un equipo de cinco personas, sin luces, etc. La repercusión que tuvo nos sorprendió a todos, y fue un proceso muy lindo, que demostró la capacidad de nuestro equipo y que abrió algunas puertas a oportunidades de financiamiento. Entre esto y la película también pasaron varios años, y creo que eso hizo madurar el proyecto, la película es mucho más adulta, y habla de lo que hacemos con nuestra libertad, como definimos quiénes queremos ser.

¿Cómo ves Los Fuertes en relación a un nuevo cine LGBTIQ chileno que se anima a contar aquello que durante años se calló y ocultó?

El cine chileno ha crecido muchísimo durante los últimos años, existen muchas voces y diversidad de talentos, con estilos muy distintos entre sí. Definitivamente no hay común denominador tan claro. Dentro de ese universo, el que podamos contar historias con personajes LGBT es una manera de representarnos, de ayudar con nuestra dignidad, una manera de decir que estamos aquí, que no iremos a ninguna parte. Ojalá podamos seguir contando estas historias, sin duda, como país todavía nos falta mucho por avanzar en igualdad, en dignidad y reconomiento legal y social.

¿Cómo fue imaginar ese universo extremadamente masculino, hostil, homofóbico, para relatar el apasionado encuentro entre Toño y Lucas?

Desde un inicio sabía que la película iba a tomar a lugar en un universo marítimo y remoto al sur de Chile. Es un imaginario al que me siento muy atraído, y que quería explorar en su idiosincracia y en sus paisajes, en el que se mezcla el frío de lo geográfico, con la calidez especial de lo humano. Me interesaba el mundo de la pesca local, que sin duda es un ambiente masculino. De algún modo, una constante en lo que hago es ver cuáles son las fragilidades de lo masculino, que es lo que está detrás de esa inaccesibilidad. Creo que la película habla de eso. Me interesaba también la dignidad del oficio, la idea de cómo definimos quiénes somos, que es algo que vemos en Antonio, cómo defiende su lado del río, su modo de ver el mundo, la vida que escoge llevar. Y volviendo a lo anterior quizás, quería ver cómo ellos encuentran su espacio, su independencia, cómo pasan a una etapa nueva de su adultez en la que encuentran un espacio dentro de esta comunidad.  

¿Cómo seleccionaste a los protagonistas y qué trabajo hiciste con ellos para que su encuentro sea tan vívido y real?

Me gusta mucho trabajar con actores y el casting, ver el comportamiento humano, ver quiénes somos detrás de las capas que mostramos hacia afuera. Para los roles principales hubo distintas coincidencias. En el caso de Antonio, desde que comencé a escribir pensé en Antonio Altamirano, a quien conocía porque habíamos hecho un corto varios años atrás, mi primer cortometraje. Antonio nació en Punta Arenas, y tiene un carácter muy especial, una idea de resiliencia, al fin del mundo. Nunca contemplé a alguien más. Afortunadamente, él estuvo muy contento de ser parte del proyecto desde un inicio. En el caso de Lucas, no sabía quién podría habitar ese personaje. Una amiga en común me presentó a Samuel González, y nos reunimos para hablar de varias cosas. Noté de inmediato que teníamos historias similares, cosas que nos habían pasado en nuestras vidas, maneras en la que la historia se hacía inevitablemente muy personal para él. En una conversación muy larga decidíamos que íbamos a hacer el proyecto. No hubo audiciones formales. Para mí era acerca de quién es la persona adecuada. En términos del trabajo en set, es bastante riguroso en nuestro set, requiere mucha concentración de distintas partes, y teníamos una serie de reglas, no sólo para los actores, también para todo el equipo. Pero sobretodo es acerca de crear una atmósfera, un sentido de comunidad, una intimidad para que ellos puedan estar cómodos, y compartir su fragilidad con nosotros. Yo los admiro y quiero mucho a ambos, estoy muy agradecido de ellos, de lo que permiten que veamos nosotros en la película, de lo vulnerables que se muestran, con sus cuerpos y con sus emociones.

¿Cómo fue el rodaje en exteriores, con la naturaleza amenazando todo el tiempo?

La película fue una operación compleja en términos de producción, con múltiples locaciones, desafíos de continuidad por el clima, etcétera. En general tuvimos bastante suerte con el clima, es una región en la que llueve mucho (la presencia constante de la lluvia es un elemento que está en la película desde el guión), pero logramos como equipo sortear varias dificultades. Para esto fue clave contar con el liderazgo de María José de la Vega, asistente de dirección, la mejor mano derecha que podía imaginar, y también de Berta Leyva, continuista. Logramos afrontar varias cosas como equipo, y tomar buenas decisiones colectivas. Y bueno, ¡siempre tenías que estar preparado para el agua!

Hay detalles que hacen al relato, por ejemplo la escena con la pava hirviendo, al igual que ellos, ¿cómo fueron apareciendo?

Me interesaba construir una relación que se sintiese cercana a las experiencias de vida, que estuviese llena de esos detalles que construyen intimidad. Para mí ese tipo de detalles hacen que todos podamos vernos en ellos, independiente de la orientación, del género, todos atravesamos esos momentos románticos, apasionados, torpes, tristes. Y no sé, la escritura es un proceso impredecible, esas cosas van surgiendo en la imaginación, y tratas de que no se te escapen y de agarrarlas en la página lo antes posible.

De San Cristobal a Los Fuertes, qué tan difícil ¿se hizo el proceso para encontrar la financiación?

En Chile tenemos un fondo público de producción de largometrajes que es muy competitivo, existen muchos y muy buenos proyectos, y es muy selectivo, premian a alrededor de ocho películas de ficción al año en la categoría nacional. Nunca hay suficientes fondos para la cantidad de cine que estamos haciendo. Afortunadamente logramos conseguir este fondo después de un par de intentos, y eso significó la mayoría de la película. Como muchos proyectos, la película fue rechazada por varios organismos internacionales. Siempre es muy difícil el camino del financiamiento y de las oportunidades que hay en varios países. El proyecto fue también apoyado en inversión financiera por NYU Production Lab en Nueva York, una iniciativa que invierte fondos en películas de exalumnos de la universidad (yo estudié ahí un MFA en Dirección). Gracias a esas dos iniciativas, y también dos preventas gestionadas por nuestros agentes de venta, Meikincine, logramos finalizar la película.

¿Ayudó tener a Dominga Sotomayor tras la producción, una mujer que además ha abierto las temáticas en el cine chileno?

Con Dominga somos socios en nuestra productora, Cinestación, que fundamos en 2008 junto a Catalina Marín, montajista. Hemos trabajado colaborativamente en muchos proyectos, yo también fui productor ejecutivo en “Tarde para morir joven”, su última película. Producir es un trabajo creativo de solución de problemas, y sin duda colaborar ha sido clave en la gestión de ambas películas, y de poder encontrar las mejores maneras de compartirlas con el público. Nos interesa levantar nuevas voces en Latinoamérica, y hemos también co-producido con otros países.

¿Qué repercusión tuvo su estreno en Chile?

Estrenamos la película en salas en Chile el 12 de marzo, y alcanzamos a estar sólo unos días en cines, puesto que la situación sanitaria por la crisis de COVID se volvió crítica en ese momento. Fue frustrante por supuesto porque trabajamos por años en el proyecto para poder compartirlo con el público en Chile, que era algo muy importante para mí, que la película se viese lo más posible dentro del país. Pero, obviamente, la situación es mucho más grande que todos nosotros, entonces rápidamente y  en esfuerzo conjunto con los distribuidores de la película en Chile, DCI Distribución, hicimos todo lo posible para que la película estuviese disponible ágilmente en un sistema de arriendo on demand dentro del país, lo que habilitamos en algunos días.  Esta iniciativa hizo posible que pudiese ser vista en lugares muy remotos y ampliaba la cobertura de la película más allá de las ciudades que tenían salas que iban a proyectarla, entonces en realidad se convirtió en una tremenda ventaja para poder compartirla con el público. La recepción ha sido muy cálida y emocionante, y siempre nos llegan mensajes de personas que se han sentido identificadas con la película, acompañados, menos solos. Eso para mí es muy especial, lo agradezco y lo atesoro. También tuvo una muy buena recepción en la crítica. Ojalá pueda seguirse exhibiendo en distintos formatos, y que si se dan las condiciones, pueda volver a algunas salas.

¿Expectativas con el estreno en Argentina y Online en medio de esta pandemia?

Estamos muy contentos con el estreno digital en Argentina y apreciamos mucho el interés de la Asociación de Directores PCI, que quiso apoyar la película allá. Ojalá que pueda verse lo más posible dentro del país.  Es una historia de amor con la que todos podemos identificarnos, y eso es lo clave para mí, ese gesto político que habla de la igualdad.

Es inevitable que te pregunte sobre el momento que vive chile, más allá de la pandemia, en la que estamos todos involucrados, sobre el 18 de octubre y su “despertar” social…

En mi opinión personal, Chile es un país extremadamente desigual que perpetúa privilegios en un sistema viciado, en el que poder del estado se ve limitado por trabas constitucionales, en el que existe una elite sectaria y uniforme. El movimiento social que partio en Octubre fue espontáneo, de una mayoría ciudadana que busca mayor dignidad e igualdad. Este movimiento me identifica, completamente, y apoyo la mocion de aprobar la redaccion de una nueva constitucion con una convencion constitucional especialmente electa para este fin. Inicialmente el plebicisito pactado para esto estaba fijado para abril, pero fue postergado para Octubre por la crisis de COVID. Tengo fe en que ojala podamos constuir un nuevo modelo juntos, que ayude a una mayor distribucion de la riqueza, que ayude a que todos nos sintamos parte del mismo pais. Me interesa por supuesto la dignidad e igualdad ante la ley de la comunidad LGBT, y espero contribuir a esa discusion desde la creacion y desde las historias que he tenido la oportunidad de contar.