Open book

Hernán Panessi dedicó buena parte de su versátil carrera al análisis de la pornografía. Pero no fue distante y se involucró con los personajes a los que retrató. En Una puerta que se abre, recopila las experiencias junto a los protagonistas del porno y sus derivaciones.

Parece prosa pero es poesía. Parece nueva crónica pero es teoría financiera, estadística, resto de economía libidinal. Los excursos que va dejando a cada página Una puerta que se abre –un libro cuyo presunto tema es la pornografía– hablan de transacciones (el magnate Gyorgy Gattyan gana entre 400 y 500 millones de euros al año; la actriz Lorena Mexy, 4 dólares por minuto). También habla de eficiencia carnal (decálogo de Proxy Page para hacer un buen anal), de la forma en que Instagram mercantiliza el cuerpo humano y lo dispone en la mega góndola de un supermercado virtual (el nuevo “porno hipster” dice presente). Pero hay algo que se sustrae a la esencia contable de nuestro detritus sexual, y es lo que Hernán Panessi se encarga de acentuar y reponer en sus textos: la singularidad de la experiencia. Es en ese momento en el cual el propósito aparente (la dimensión insulsa y aburrida del dato duro) se desborda y entra en juego el anecdotario marginal.

El periodista pone la lupa sobre las huellas de varios subgéneros, se meto de lleno en la cultura más orillera, imagina suciedad donde hay olor a inocencia nerd, rastrea pudor donde solo se ve mugre prostibularia. Es así como, por ejemplo, destaca la algarabía y el porte señorial de Hilton, el dueño del mayor local de VHS triple X del mundo en una Porto Alegre de extramuros. O se mete en la función de 50 sombras de Grey junto a la pornstar número uno de Argentina para descifrar la mirada edulcorada y estereotipada que esa película taquillera tiene sobre la sexualidad. También hay lugar para adentrarse en las pornoparodias. Es el turno del perfil-entrevista a Allie Haze, actriz curtida en el arte de emular clásicos con el lenguaje del porno (Deadpool, X-Men, Star Wars). ¿Importa realmente si la Princesa Leia XXX vendió un 500% más de dvds que la original? No importa porque la verba encendida de Panessi no está al servicio de un potencial usuario, sino obsesionado con la arquitectura de una mitología cotidiana, quimeras de dos pesos, al alcance de todos. Por eso se detiene a observar, corre el eje y comenta: “Hay una fantasía con respecto a las actrices porno que las posiciona en un lugar de eterno jolgorio. Sin embargo, la mañana en la que sucede esta entrevista Allie Haze levantó caca de su perro y pasó la aspiradora por toda la casa. Todos los días ella mira en televisión sus programas favoritos, pasa tiempo con su familia y concurre a festivales de música”.

Puntuados por los dibujos de Brian Janchez, que le suben la temperatura y el nivel de ironía a cada capítulo, los textos de Una puerta que se abre ostentan un modo de decir particular que se caracteriza por su ritmo contundente, más que ofrecernos el retrato de un mundo de curiosidades. En su forma de barroquizar las contiendas sexuales –como si se tratara de una alquimia posmo entre el aguafuerte porteña y la retorización 2.0–, de adornar las historias de vida, de poner en práctica una especie de etnología de barrio de segunda mano, Hernán Panessi nos sigue invitando al encantamiento de eso que, durante mucho tiempo, consideramos residuos.