"Pájaros de verano": Llenos son de gracia

Preseleccionada por Colombia para representar en los Oscar 2018 al país, y participante de Cannes del año pasado, esta producción bucea en el origen de las mafias que luego controlaron el narcotráfico en la región

Dirigida por Ciro Guerra (“El abrazo de la serpiente”) y Cristina Gallego, “Pájaros de verano” cuenta la historia, a lo largo de tres décadas, del ascenso y la caída de una familia wayuú producto de la bonanza marimbera, el lucrativo negocio de la venta de marihuana a los Estados Unidos. Su cultura, sus tradiciones y sus vidas se verán amenazadas por una guerra entre dos tribus wayúu, cuyas consecuencias serán incontrolables.

Haciendo Cine dialogó con la directora Cristina Gallego en exclusiva para conocer más del proyecto.

¿Cómo surge la idea de Pájaros de Verano?

Surgió mientras hacíamos “Los viajes del tiempo” en 2017, con actores naturales de la región, que fueron sobrevivientes de la bonanza marimbera. Nos contaron historias, y quisimos conocer más de eso. Investigamos y así dimos con los códigos y duelos de las familias y la tradición. Es una película de gangsters en medio de este contexto. Después teníamos una inconformidad muy grande sobre cómo se ha representado el narcotráfico en Colombia. Era como un tabú, pensábamos que había muchas películas, pero sólo cinco hay, y no queríamos seguir en esa linea.

¿En ese momento es que decidieron que dentro de este “western” de duelo entre bandos iba a estar presente de manera tan fuerte el aspecto “tradicional” de las tribus, por mencionarlas de alguna manera?

La tradición oral era muy fuerte. Ellos te lo contaban como que era una época dorada, había algo naif que creíamos, pero no era así. Hay poco sobre la tradición wayuu, las leímos, y reescribimos todo.

¿Alguno de los narradores orales es parte del film?

Sí, de los narradores uno de ellos, el primo, es el que nos contó su historia y está en las dos películas, en esta y en la primera.

¿Cuánto tiempo les llevó encontrar a los protagonistas?

La mayoría son actores profesionales, como Úrsula, que es descendiente Wayuu, y luego hicimos un casting entre actores y no actores, como Zaida.  Fue un casting combinado.

¿Es difícil el trabajo en el set con actores y no actores?                                   

Lo es, pero desde la producción le tienes que dar el tiempo, y generalmente la preparación de los actores no es frecuente. Acá tuvimos más de ocho semanas para que conozcan el idioma wayuu y cómo trabajan. Fue un trabajo colaborativo.

Es decir que dedican gran parte a la preparación de los actores antes del rodaje

Sí, siempre se la damos, porque cuando trabajamos con no actores, principalmente, hay que hacerlo.

¿Cuál fue la escena más difícil de rodar?

Todas. La película tiene un nivel de complejidad muy grande: construimos la casa, la ranchería de la época. Hicimos una película que no tenía escenas chiquitas, todo es complejo. Pensábamos que el desierto iba a ser más fácil que rodar en la selva, pero no: tormentas de arena, calor, etc. Todo el rodaje fue complicado.

Tras “El abrazo de la serpiente” la vara está muy alta para su trabajo, ¿sentían la presión?

No, seguimos trabajando en conjunto para conseguir las mejores propuestas.

¿Tienen pensado dejar la naturaleza y hacer algo más urbano? ¿Tal vez rodar en la ciudad?

Por ahora no, no está en la cabeza. Todas las ideas que nos surgen transcurren en la naturaleza. Por el momento la ciudad no entra en los proyectos.

¿Es más fácil trabajar de a dos?

Yo creo que ha sido el proceso natural, en el camino y el proceso que hemos tenido con Ciro. Hemos sido colegas, compañeros creativos y se ha profundizado cada vez más. Siento que fue necesario unirnos para hablar de los choques entre el mundo indígena y el occidental, siento que las películas que hacemos juntos dan un perfil para hablar de las dos visiones.

Como mujer de la industria del cine, ¿has sentido la mirada despectiva por tu género?

Yo creo que antes de hacer “Pájaros de verano” lo sentí. Me preguntaba dónde estaba mi voz, y en el hecho de crear juntos sentía que la mirada femenina no estaba explorada antes de “El Abrazo de la serpiente”. Sentía que había cosas que no estaban contadas. Pero más que por fuera, la lucha era por dentro. Siempre fui jefe, entonces eso me ponía en otra situación. Con Ciro nos conteníamos y cuidábamos hacia el afuera. Era una cuestión más interna mía de ver que era capaz.

De cara al estreno en Argentina, ¿expectativas? Siendo que no nos llega mucha producción colombiana de cine…

Con Argentina hemos tenido una relación de cooperación muy grande, en los procesos. Fueron coproductores de nuestras dos películas anteriores, hay una relación fuerte con el territorio. La expectativa es que la reciban como ha sido en todo el mundo, en Australia se estrena en simultáneo con Argentina, las esquinas del mundo (risas) y la idea es que las películas se encuentren con los espectadores. Es lo que más nos interesa para mantener viva la cultura y las historias, sabiendo que vivimos en un mundo liderado por películas de Hollywood y superhéroes.