Padre de familia

Luego de triunfar como ganadora en la Competencia Argentina del 18 Bafici, Primero enero, la ópera prima de Darío Mascambroni, llega a las salas para que nos sumerjamos en un conflicto familiar entre padre e hijo, en un paisaje montañoso que enmarca la solidez del llamado Nuevo Cine Cordobés. Antes de su estreno, charlamos con el director debutante.

¿Cómo surgió el proyecto? ¿Cómo fuiste encontrando esta historia de padre-hijo?

Quería filmar. Aprender de la experiencia. No me importaba no tener tiempo de desarrollo ni un gran presupuesto, de haberlos tenido no hubiese hecho esta película. Todo surgió de los elementos disponibles en aquel momento: una casa en la que pasé gran parte de mi vida, mi sobrino Valentino con su gran personalidad, y su padre, con una cultura literaria inmensa. Igual o más importante fue contar con un equipo de amigos y profesionales que dieron todo por el proyecto pidiendo a cambio simplemente que su trabajo se convierta en una película que se vea en una sala frente a un público. En cuanto a la historia padre-hijo mi idea siempre fue construir a partir de su verdadera relación. Ellos fueron muy generosos al descubrir frente a la cámara (y a quienes observaban detrás) hasta lo más oculto de sus personalidades.

 

 ¿Qué fue lo que te estimuló para emplazar la historia en el entorno en el que se desarrolla? 

Ese lugar en las sierras es el único lugar que habito desde que nací. Mi familia es un poco nómade y lo normal para mí nunca fue vivir en la casa de toda la vida. Pero siempre existió ese lugar en medio de las montañas. Lo conozco incluso más que a los personajes, por eso es tan importante para mí y por eso lo elegí.

 

Las actuaciones se caracterizan por cierta naturalidad, tienen algo muy fresco. ¿Cómo lograste ese registro?

Creo que lo más importante fue pensar muy bien dónde ubicar la cámara. La idea era lograr planos sostenidos que les permitieran explayarse sin tantas interrupciones e incluso que pudieran olvidarse de la cámara que estaba frente a ellos. Lo complejo era lograrlo sin renunciar al diseño de encuadres que me interesaba trabajar. Lo más importante fue justamente priorizar la comodidad de los actores para que la frescura no se vea interrumpida por la técnica.

 

La película se hace eco de cierto conflicto familiar pero nunca de manera acentuada o subrayada, sino más bien sugerida. ¿Cómo fuiste encontrando ese tono?

Creo que hay determinados diálogos o acciones que cuentan claramente la situación que están atravesando. Pero sin dudas lo más interesante es lo que se desprende de la misma. Para lograr ese tono sugerido fue fundamental la expresividad natural de Valentino. Su cuerpo y su manera de hablar contaban tanto que no hacía falta explicar nada.

 

 Hace unos cinco años comenzó a hablarse del Nuevo Cine Cordobés o del surgimiento de un polo de producción en esa zona. ¿Creés que existe algo así? Y, en tal caso, ¿cómo ves a ese cine cordobés en la actualidad y cómo se inserta tu película?

Lo cierto es que en Córdoba se están produciendo películas como nunca antes y eso es lo más importante. El factor principal es el esfuerzo de quienes generan los proyectos y de quienes integran los equipos de rodaje. Creo que la experiencia es fundamental para que cada vez se hagan más y mejores películas, confío en que eso va a suceder. De alguna manera estamos logrando reconocimiento para con nuestra actividad, aunque de todos modos sigue siendo indispensable contar con el apoyo del INCAA para rodar con un presupuesto digno. Primero Enero se rodó sin apoyo económico alguno y hay muchas películas realizadas de la misma manera.  En cuanto al lugar que ocupa dentro de lo que algunos llaman “cine cordobés” no lo sé.