Pantallazo

Un repaso por lo más destacado del festival Pantalla Pinamar 2016.

Amasekenalo (Diario de rodaje de “Los dioses de agua”, de Pablo César), de Paulo Pécora

El director y periodista Paulo Pécora viajó hasta Etiopía y Angola para acompañar y registrar el rodaje de la ficción Los dioses de agua. Con ese material, armó este documental que pone el ojo en la relación entre los equipos técnicos argentinos y los africanos. “Se dio una hermandad muy fuerte, una unión que trasciende fronteras a través del cine”, dice Pécora. Esta experiencia resultó pionera en los convenios cinematográficos entre ¡Argentina y África! Como era de esperarse, las contraseñas de los criollos para entablar relación fueron Lionel Messi y Diego Armando Maradona. “Somos muy queridos gracias al fútbol”, agrega el realizador. El detalle: “amasekenalo”, en idioma amhárico (lengua de Etiopía), significa “gracias”.

 

Felices 140, de Gracia Querejeta

Es esta una película sobre el dinero. Una cuarentañera gana un pozo de 40 millones y decide festejar su cumpleaños con sus amigos. La situación se enrarece y surgen trampas, ambiciones y desconfianza. “La financié a duras penas”, se sincera Gracia Querejeta, cineasta española. El film tiene una particularidad: una madrileña (la actriz Paula Cancio) hace de argentina. “Y bueno, me tiré a la piscina, no tenía nada que perder”, comentó la blonda intérprete. ¿Cómo hizo para obtener su tono porteño? Estudió con Claudio Tolcachir. ¡Con razón! Tres cosas: el telón de fondo de este largometraje es el maltrato, Cancio es un bombón impresionante y su marido es el actor Miguel Ángel Solá, con quien comparte cartel en la obra teatral El diario de Adán y Eva.

 

¿Tanto esfuerzo para esto?, de Grzegorz Jarzyna

El teatro en el cine, el cine en el teatro. Rodada en un pequeño estudio, ¿Tanto esfuerzo para esto? analiza la historia de Polonia desde una tensión cultural: ¿qué son los polacos? ¿Son alemanes, rusos o qué? “Yo soy quien quiero ser”, desliza su director. Admira a la Argentina por Witold Gombrowicz y cree que el pensamiento teatral es más filosófico que los demás. Claro, de ahí su propuesta. El teatro se choca de frente con el cine. Y tiene su costo: al grueso del público le costó. Flota por ahí la Segunda Guerra Mundial, pero se trata con humor. De su boca: “Está tan presente que la gente no sabe qué pensar”. Después de tres meses de trabajar el concepto, Jarzyna lo supo: “La obra que elegí no es cinematográfica”.

 

Carne propia, de Alberto Romero

El anticipo de Carne propia entusiasma. Se trata de un documental independiente sobre la historia de la ganadería argentina. Para contar, utiliza un recurso excéntrico: el narrador es un toro. Y la voz (muuu) la pone Arnaldo André. Las manos rojas manchadas de sangre, la rosca del sindicalismo, carne, cuero y cuchillo. “Se ve la irrupción de la clase trabajadora dentro de un negocio tan oligárquico como este”, confirma su director. En los ojos de las vacas, su destino inexorable: algún frigorífico del conurbano bonaerense. “La manera que encontramos para tratar estos temas es sacándole la solemnidad”, aseguró Alejandro Rath, asistente de dirección. Se estrena en algún momento de este año.

 

Paula, de Eugenio Canevari

Paulase planta con la intención de generar discrepancia, polémica y discusión. Avanza sobre temas sensibles como el aborto y las diferencias de clase y pone el ojo en la hipocresía social. ¿Está bien? ¿Está mal? ¿Quién lo determina? ¿Para unos sí y para otros no? ¿Cómo es la mano? “Paula trata sobre la necesidad de abortar cuando no se puede tener hijos”, dice Felipe Yaryura, productor del film. Por su parte, la actriz Denise Labbate tuvo la difícil tarea de actuar con niños. “Pusimos la cámara y tratamos de jugar, el trabajo con los chicos fue muy fácil”, comenta. Continuando con esta perspectiva de género, el director está preparando otra película “sobre la mujer”.

 

Sin rumbo, de Karim Patwa

Si bien hay un sensible aumento en la producción cinematográfica (a razón de unos 60 largos por año), conocemos muy poco del cine suizo contemporáneo. Y la sorpresa es que nos llega una película sobre carreras clandestinas. “Este tema suele tener un tratamiento superficial en los medios y siempre sucede desde la perspectiva de la víctima”, arriesga su director. Sin rumbo cambia el foco habitual y lo pone en su reverso: el responsable del accidente. Detrás de la adicción a la velocidad emerge una trama pesada de heridas que vuelven a abrirse.

 

Una invención diabólica, de Karel Zeman

Ahí no había after effects, ni softwares, ni chiches digitales: el cine se hacía a puro pecho. Y eso podemos escrutarlo rápidamente con Una invención diabólica, film basado en un relato de Julio Verne, que encuentra en Pantalla Pinamar una reivindicación: la copia es 4K, el más alto estándar de cine digital. Vía Ondrej Bernek, responsable de la restauración, este clásico de la cinematografía checa de 1958 vuelve al ruedo. De su boca: “Nos interesa preservar la obra de Zeman”. La copia posee un trabajo preciosista y, por eso, sus responsables están más que conformes. “Logramos un trabajo de excelencia”, cuenta el productor. Exquisito cine fantástico y un póster para colgar en casa para siempre.

 

Ónix, de Nicolás Teté

Después de la muerte de su abuelo, unos jóvenes inmaduros van camino hacia la adultez. Con clima bucólico y aires de interior, Ónix (por el mármol ónix, verá usted) bebe del último suspiro del Nuevo Cine Argentino y lo procesa con afán sentimental. Se trata de la historia familiar de Nicolás Teté, su director, aggiornada a la gran pantalla; una película de bajo presupuesto financiada por San Luis Cine y con posproducción de la Universidad del Cine. “Nunca más voy a filmar sin un peso”, arriesga Teté. Sin embargo, próximamente hará un documental sobre una sala de teatro, y no está tan seguro que no volverá a filmar sin un peso. “Yo lo que más quiero es filmar”, se sincera. ¿De qué va? De un velorio sin tanto protocolo.

 

El (Im)posible olvido, de Andrés Habegger

Un padre en el exilio, una familia dividida. Lo que no está ocupa espacio: suspiros, gestos, palabras y siluetas en el vacío. Habegger reconstruye la imagen de su padre mediante cartas y recuerdos en busca de su propia identidad. Como hijo y, ahora, como padre. “No tengo memorias de cuando era chico”, se sensibiliza el director. “Quiero entender aquel niño que fui”, sigue emocionado. El documental –narrado en primera persona– intenta construir una presencia a partir de una ausencia. Su parámetro es Sans soleil de Chris Marker, y actualmente se encuentra en etapa de posproducción: solo hay disponible un teaser de unos 13 minutos.