Players de la industria: Ignacio Rey

Ignacio Rey tomó fuerza como productor y productor ejecutivo al final de la primera década del siglo. Ahora, es uno de los nombres más importantes del cine nacional, tanto para el indie como para grandes coproducciones internacionales

A fines de los noventa, una nueva generación de productores tomó la posta dentro de lo que se conoció como Nuevo Cine Argentino. Nombres como los de Diego Dubcovsky (nuestro player del mes pasado), Hernán Musaluppi, Nathalie Cabiron, y otros. Personas que trabajando mano a mano con directores igual de jóvenes y rupturistas pusieron al cine argentino nuevamente en el mapa.

Otro de los nombres de esta camada es el de Ignacio Rey, quien debutó como productor a principios del 2000, pero que tomó carrera a partir de 2009, con títulos indie como “Los santos sucios” de Luis Ortega; y participó en varias coproducciones con Chile como “La memoria del agua” y la nominada al Globo de Oro “Neruda”. Flamante nuevo integrante del renovado consejo asesor del INCAA y activo miembro de la Cámara Argentina de la Industria Cinematográfica (CAIC), reparte también sus días dando impulso a los Premios Platino del cine latinoamericano, que ayudó a crear.

¿Cómo ves la situación del INCAA?

Respecto al INCAA creo que hay algunos cambios que son positivos. Veo que ha habido cambios en el sistema administrativo que están lejos de la perfección, pero que están mejorando algunas cosas. Lo que creo es que hay una ausencia todavía de una lectura de hacia dónde está yendo la industria y ponerse a trabajar para eso. Hay algo que está pasando a nivel mundial en cuanto a cambios. Tuve acceso a un estudio que cubre toda Latinoamérica. En el estudio se destacaba cómo habían funcionado las cinco películas propias de cada país con más auge, y las cinco norteamericanas más exitosas. En Brasil y México, aun los más grandes triunfos locales, venden bastante menos que las más exitosas norteamericanas. Noto que hay un reacomodo en lo que ve la gente, en los hábitos de consumo. Y esto pertenece a políticas de Estado que van más allá del INCAA.

En los últimos veinte años no se han tomado medidas para ampliar la base de salas. Los espacios INCAA por ejemplo, por más valiosos que sean, han sido pésimamente ejecutados porque no hacen diferencia alguna ni para el cine más comercial, ni para el cine arte o para el cine latinoamericano en Argentina. Desde ese lugar ha habido un cambio paradigmático en el cambio de consumo; y nosotros como productores no estamos haciendo foco en ese cuestionamiento; y desde el INCAA tampoco se está pensando en cómo producir hacia el futuro. Siempre estamos tratando de salvar la coyuntura, el día a día.

Respecto a ese cambio de consumo, ¿cómo te parece que deberían pensarse las nuevas maneras de ver películas?

El tema es con qué productos o películas uno puede dar esa competencia. Pero sí hay que empezar a pensar en que la sala no lo es todo. Me pasa cuando empiezo una película como productor que los directores eligen el formato 1:2:35, que es el formato más apaisado, Cinemascope. Y uno termina diciéndole a los directores: “ojo, esta película con suerte va a sobrevivir en las pantallas de cine un mes, dos meses, o tres meses. Pero toda la vida se va a ver en el otro formato y vas a tener que re-editarla”. Hay que pensar una re-edición en función de pensar que el cuadro que hiciste no te sirve. Y todavía vamos con el sueño de las salas y no tiene en cuenta que uno mismo, aun yendo al cine, la mayoría del consumo lo hacemos por la red.

Hay que pensar que la gran mayoría de las películas que hacemos no deberían hacerse con la sala como objetivo máximo; y que si la película no va a la sala no es un problema. Pero esto rompe un sueño, y nos obliga a pensar una nueva forma de negocio.

¿Y cómo ves el mercado a futuro en ventanas como Netflix?

Hacer películas para Netflix me parece peligroso. Hay un movimiento muy fuerte entre las majors, con fusiones y uniones, porque están todas tratando de lograr sus propios sistemas de distribución de VoD y ningún estudio, por más grande que sea, puede lograrlo por sí mismo. Tenemos que pensar que el modelo de negocios está cambiando. Hace 15 años atrás se hablaba de cómo se había detonado el mundo de la música a través de la desaparición del formato físico. Y fue una crisis que se llevó puesto a las grandes cadenas que vendían ese formato. Pero diez años después, la música, en cuanto a negocio, se reinventó. Entendió cómo era que tenía que trabajar a través de la web, y hoy se gana más plata que antes. Al cine no le llegó esa respuesta al cambio de paradigma o de consumo. Las películas que se están haciendo ahora tienen toda una telaraña de derechos que no se sabe bien donde termina, precisamente por todas las distintas ventanas posibles. Pero la realidad es que nadie en el mundo le encontró aún la vuelta.

Pero además hay que tener en cuenta: el riesgo económico de hacer una película es demasiado alto. Y aun lo que paga Netflix, en el mejor de los casos, no alcanza a cubrir los costos. Y la mejor venta a Netflix no te paga lo que te pagaba antes cuando podías explotar tu territorio en salas, en DVD, en televisión por cable. Hoy, cuando la película sale del cine, no le queda demasiado más que, acceder a alguno de estos sistemas on demand. Y lo que te pagan por eso, aun siendo un gran éxito, tampoco rinde tanto.

¿Y cuáles serían modelos a seguir?

En Argentina necesitamos una política de Estado como tiene Francia, por ejemplo. ¿Cómo hacer para hacer rentables salas de cine nacional, de cine arte? Se dieron los puntapiés iniciales, fue una comitiva del INCAA a Francia a aprender de ese modelo. Pero después quedó en la nada. Pero el tema es que aunque se empiece mañana mismo a implementar este modelo, saber si funciona o no llevaría cuatro o cinco años mínimo. ¿Qué opinión tenés sobre el sistema de audiencia media y convocatorias?

En principio pienso que el sistema de audiencia masiva, audiencia media y las convocatorias, es un sistema que en su génesis funcionaba de una manera, pero que todavía no tenemos la suficiente cantidad de casos para juzgar bien su eficiencia o no. El año pasado deberían haberse hecho concursos que no se hicieron, los montos de los concursos eran bajos, lo que no incentivó a la gente a presentarse sino que se generó más tensión y stress dentro del sistema de audiencia media.

Siento que el sistema de audiencia masiva nació fallado. La idea era que fuera un sistema que pudiera permitir mucho más subsidio que el que permite actualmente, pensando en películas con mayor riesgo, es muy bajo lo que terminan dando con lo cual el riesgo termina siendo alto para aquellos que juegan en esa liga. Me parece que el Sistema de Audiencia Media hoy está estresado, es el sector donde el Instituto más debería trabajar, porque está claro que va a haber una cantidad de películas específicas con temáticas singulares que, algunas funcionarán muy bien, otras bien, otras no van a funcionar e igual van a cumplir con el 100% del subsidio, y otras van a fallar.

Subir la cantidad de las convocatorias y los montos siento que va a canalizar una demanda que es muy importante, pero que, en audiencia media, es donde nos debemos un debate más profundo. Básicamente es ¿dónde ponemos el piso de audiencia media? El techo está claro: cualquier película puede explotar. ¿Pero cuál es el piso? Y ahí creo que ni nosotros ni el instituto nos estamos haciendo las preguntas que nos tenemos que hacer. Creo que el instituto tiene hoy una intención ordenadora de la situación, que todavía no les está permitiendo reflexionar sobre la audiencia media, que fue la “clase media” del cine históricamente. Películas que se hacían con un determinado monto pero que llevaban una cantidad de espectadores que han ido desapareciendo. Ahí es donde hay que hacer presión. Siento que en ese aspecto todos nos debemos un debate para que el sistema sea lo más virtuoso posible.

¿Cómo ves el rol del Consejo Asesor?

De momento soy un miembro con voz y sin voto porque el nombramiento no se ha hecho efectivo. Pero creo que el Consejo empezó a ser más inquisidor y combativo, planteando las bases de lo que tiene que ser la relación entre las autoridades ejecutivas y legislativas del Instituto. En ese sentido hubo tres meses de debate sobre el presupuesto, que creo que fue muy positivo: hacía más de diez años que no se debatía presupuesto dentro del Consejo Asesor. Pero teniendo en cuenta que el consejo está formado por un grupo humano que viene de distintos lugares, especialmente geográficos, y que no permite reuniones semanales, todavía nos estamos conociendo. Personalmente creo que el Consejo Asesor debería jugar un rol más fuerte. Después del debate del presupuesto (se debate el 50 por ciento de los gastos del Instituto, no hay debate alguno sobre los subsidios), hacia el final se terminó charlando sobre cómo se reparte el sistema de subsidio. Pero esta cuestión, en la que los rodajes llevan menos tiempo, y con equipos técnicos y actorales más reducidos, ya se empiezan a ver en los guiones: se ven menos personajes, menos escenas complicadas, menos decorados. Estamos pauperizando la película de esta manera. Pero también es real que antes se hacían menos películas y había menos trabajadores en la industria y hoy hay miles de personas para trabajar en el audiovisual cinematográfico. También es una ecuación para encontrar que no quede nadie afuera pero que se produzca mejor.

En este sentido, ¿cómo ves el panorama de las coproducciones internacionales?

Hice muchas coproducciones y soy un gran defensor de ellas. Gracias a las coproducciones, muchos países de Latinoamérica fueron creciendo y hoy tienen leyes de cine. Hemos hecho un gran intercambio de conocimiento y formación. Otros países han crecido mucho, como Chile, que hoy tiene un Oscar. Eso se ha logrado gracias a políticas de incentivo en cada uno de los países, pero al mismo tiempo gracias a la colaboración entre países