Polvo de estrellas

Con la mira puesta ya sea en el escándalo, en la publicidad, en el placer o en todo eso junto, el consumo de videos de sexo casero llegó y se instaló hace rato en la conversación pública. El cine popular, por su parte, continúa exhibiendo su impotencia para retratar el fenómeno.

Nuestro video prohibido(Sex Tape), la última película de Jake Kasdan, cuenta la historia de una pareja consumida por la rutina que trata de recuperar la pasión haciendo un video de sexo casero. Por accidente, el video termina siendo copiado en la nube y llega a todas y cada una de las tablets que los protagonistas les regalan a sus invitados en una fiesta en su casa. Como era de esperarse, la pareja ignora el hecho hasta que comienzan a llegarles mensajes con felicitaciones; el video ya está subido y en manos de otros, es imposible borrarlo, y lo que empezó siendo una forma de inyectarle un poco de energía a su vida sexual se transforma rápidamente en su peor pesadilla.

Cualquiera que haya navegado un poco por Internet sabe que la práctica del video casero dejó de ser algo novedoso hace tiempo: una búsqueda rápida en Google alcanza para encontrarse enseguida con una buena cantidad de videos amateurs que se disputan las visitas y los clics de igual a igual con el porno profesional. El sexo made in home llegó para quedarse, y la muestra más notoria es que mucho porno industrial trata de imitarlo y copiar sus signos más reconocibles.

La cuestión es la siguiente: lo que le pasa al matrimonio de Jason Segel y Cameron Diaz en Nuestro video prohibido es un escándalo, una amenaza al mundo tal como lo conocen, pero lo cierto es que lo que les ocurre hace tiempo que perdió cualquier matiz escandaloso (si es que alguna vez lo tuvo). En general, Hollywood tiene una relación pobre con la intimidad: el sexo no se muestra, o se muestra mal, o se exageran sus efectos como en Nuestro video prohibido. El cine popular, ya sea el norteamericano o el local, procesa pobremente y a destiempo todo lo relacionado con el erotismo. La prueba está en que recién ahora es capaz de referirse explícitamente a algo tan poco polémico como un video de sexo hogareño, cuando parece que la sociedad ya se encargó de aunar nuevamente sexo y escándalo bajo la forma del video clandestino de alguna estrella o figura conocida de la televisión. Cada vez que se da a conocer un video con alguna celebridad en una situación íntima, se habla mucho en todas partes: la calle, los medios, las redes sociales revientan. Sin embargo, Hollywood o las películas argentinas todavía están muy lejos de poder apropiarse de ese fenómeno de forma más o menos adulta. Existe un esperpento que habita en los baldíos de la clase B llamado Celebrity Sex Tape, en el que mujeres estrellas de series televisivas caídas en el olvido reflotan su carrera contratando a los jóvenes protagonistas para filmar y difundir un video de ellas; pero contabilizarlo como película sería dedicarle un elogio. Y si están pensando en Zack y Miri hacen una porno, la respuesta es no: no cuenta, porque los protagonistas no son pareja y porque empiezan el proyecto con la intención de ganar plata.

En Estados Unidos algunas de las celebridades que vieron sus videos personales expuestos en la red fueron Paris Hilton, Colin Farrell, Kim Kardashian, Kendra Wilkinson, Tom Sizemore, Hulk Hogan, etcétera. Acá pasó no hace mucho tiempo con los casos (que no fueron los primeros) de Florencia Peña y Fátima Florez. Sendos videos fueron develados en Internet (el de Peña en fragmentos, como para darle al asunto un aire de extorsión más contundente) y se convirtieron rápidamente en el tema del momento: desde un conductor famoso hasta algún panelista perdido en el fondo de la escenografía; desde el repudio hasta la aceptación cómplice; todos tenían algo para decir. Entre las cosas interesantes que pudieron escucharse y leerse, se cuenta una nota de Quintín en su blog La Lectora Provisoria, en la que decía que prefería un video por sobre el otro y argumentaba su elección. Más allá del oportunismo del periodismo de chimentos, una cosa quedó clara: las imágenes de gente conocida cogiendo movían los hilos de la conversación pública a través de las redes sociales, la televisión, las páginas de Internet, la radio e incluso la crítica, pero no a través del cine; el cine se quedó afuera, no tenía (todavía no la tiene) una palabra formada sobre el tema. Y si las películas de Lars von Trier continúan generando polémicas solo porque incluyen planos de sexo explícito, quizás haya que acostumbrarse a que el cine, en relación con el sexo, vaya rezagado y monologando solo con sus propias inseguridades.