A pulmón

Si hay fútbol hay historias. Y si hay historias, habrá cine. Este es el cuento de dos películas sobre el mundo del deporte más bello del mundo y ésta, claro, es una nota sobre la sangre que corre por sus venas.
La despedida: cultura popular retratada desde el cine independiente.

Nota publicada en la edición impresa del número de agosto de 2012.

 

El fútbol, ese deporte donde dos equipos se baten a duelo en un campo de juego –que bien puede ser un césped en Londres o un terreno baldío en Gerli- y cuya naturaleza de acción es, a simple vista, sencilla: quien mete más goles, gana. Ése, el mismo que, para algunos, puede ser un deporte pero para otros, a secas, la vida misma. Lo más bello de la existencia, el día a día, el pasado, presente y futuro de toda la especie humana. De acá y allá, de allá y más acá. Y, por caso, si hay algo que comparten notablemente La Despedida y El Otro Fútbol, feliz coincidencia en las carteleras del mes de agosto, es un apego por la pasión, vista en su forma más primitiva, más pura y más humana. Porque el fútbol, y esa pelota, la linda, la “revoltosa”, contienen en sí mismo un carácter de espectacularidad pero más lo tienen de épico, de impoluto e imperecedero (y acá citamos al mejor filósofo del palo: “la pelota no se mancha”). En La Despedida y El Otro Fútbol se chocan las pasiones. Hay un ángel detrás del mundo fútbol que, a la sazón, es su mayor virtud: lo inexplicable de su peso (a ver, ¿quién puede explicar la pasión y su razón?). Así lo transita a barlovento José (Carlos Issa), el protagonista de La Despedida, quien, pese a problemas físicos graves, su propia voluntad lo empuja a seguir adelante por lo que ama. Y lo que ama, sí, es el fútbol. Por caso, se trata del mismo amor que comparten todos y cada uno de los protagonistas de El Otro Fútbol, donde hay quien dice que el romance verdadero está ahí, en el Ascenso. Allí donde, es sabido, se respira fidelidad, falta el dinero pero sobra pasión. Y el significante, quedó más que claro, siempre es la pasión.

Ambas son más que películas de fútbol: son miradas particulares sobre algo que, a menos que se lo viva, es imposible de comprender. Por eso, El Otro Fútbol, además de ser un documental dirigido por Federico Peretti, es un bellísimo libro homónimo con prólogo de Alejandro Fabbri. No sorprende que un chofer de colectivos diga que, pese a vivir con el horario cambiado, lo que no cambiaría para nada es su vida. Y su vida, en rigor, es el fútbol. Jugarlo, mirarlo, sentirlo. Como esa falla cardiaca que tiene José -el de La Despedida, ficción de Juan Manuel D’Emilio- y que oculta hasta el hartazgo –pese a las peticiones de su mujer, aún a pesar del riesgo mortal que eso implica- para poder jugar el último partido de su vida. A propósito, hay un film a reivindicar, pequeñito, muy poco difundido: El Último Hombre, una película facturada con vecinos y dirigida por Carlos Larrache que versa una temática similar.

En La Despedida actúa Fernando “El Rifle” Pandolfi, ex jugador que entre 1993 y el año 2000 defendió la camiseta de Vélez Sarsfield –en 1997 tuvo un breve paso por el Perugia italiano- y quien durante un año -2000 a 2001- militó en las filas del Boca Juniors de Carlos Bianchi. Y fue de aquel equipo que supo ser campeón de todo donde Pandolfi dijo: señores, no va más. En el súmmum de su carrera, a los 28 años, le decía adiós al fútbol. Entonces, acá, parte de su devenir, tendrá su correlato en Fede, el personaje que “El Rifle”, de sólida actuación, lleva adelante en la historia de D’Emilio. Y este Fede será quien sostenga emocionalmente el ocaso de José pero que, de forma confesa, también vivirá el suyo: “nah, yo no sirvo para nada”, dirá, mientras se toma alguna birrita. Es que ellos, que supieron ser cracks, hoy hacen ¡crack! Sí, que las rodillas, que las lesiones, que los años, que los técnicos, que la mar en coche (o en casa rodante). Sin embargo, en su honestidad, hay un amor evanescente, una fraternidad para con el fútbol que deviene insoslayable –Pandolfi supura fútbol cuando habla,  cuando calla y hasta cuando canta- y hace que todo se torne genuino.

De la misma manera, de Ushuaia a La Quiaca, de Corrientes a San Juan, El Otro Fútbol pone en óptica todo el barrio, la improvisación, el sacrificio, los lugares inverosímiles, los personajes difíciles de encontrar y la certeza de poseer un privilegio que no se consigue: el fútbol siempre tiene algo para contar, y si esa historia viene del Ascenso, seguro, se trata de un canto de cariño. De una cruza perfecta entre melodrama y acción –casi el postulado de las películas convencionalmente exitosas. Y allí aparecen las canchas, otros de los protagonistas absolutos. Atlanta de Villa Crespo, Sarmiento de Junín, Kimberley de Mar del Plata, Victoriano Arenas de Valentín Alsina y más. Y adentro, los jugadores. Hombres, héroes, leyendas vivientes. Partes responsables de que todo el encanto suceda. Magos naturales que hacen correr la pelota y, con ella, sueños, fantasías, anhelos.