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Martín Rejtman, uno de los fundadores del Nuevo Cine Argentino, regresa a la pantalla grande después de cinco años de ausencia. En Dos disparos, se luce como narrador particular de microhistorias con múltiples personajes. El resultado termina siendo mucho más que la suma de sus partes.

Dos disparoses una película coral en la que, como nos tiene acostumbrados Rejtman, las relaciones se expanden como si los personajes estuvieran rellenos de levadura tomando al relato por asalto. El film expone las obsesiones del director pero, al igual que su último libro Tres cuentos (2012), refleja un gran cambio en su obra, aunque sin perder esa identidad autoral que lo hace un director y escritor único. Bailando en el terreno de la comedia extraña, el cineasta le pone humor al drama y drama al humor, porque en su cine los límites y las etiquetas son siempre temporales, tan cambiantes como el ánimo de los protagonistas. Luego de recorrer importantes festivales de cine internacionales, el sexto largometraje del director de Rapado (1992),Silvia Prieto (1998), Los guantes mágicos (2003), Copacabana (2006) y Entrenamiento elemental para actores (2009) llega a los cines comerciales con nuevos personajes maravillosos que deberían ser atesorados por siempre.

 

Dos disparoses un proyecto que venías gestando desde hace bastante tiempo. ¿Cuánto duró el rodaje? ¿Fue más sencillo o más complejo filmar con una estructura de producción más industrial?

Dos disparosno fue más industrial que Los guantes mágicos; de hecho, en Los guantes mágicos hubo un poquito más de producción. Fueron ocho semanas de rodaje, que es bastante, pero además había muchas locaciones y muchos actores, entonces era medio imposible hacerla en menos tiempo. Igual corrimos mucho para hacer la película en el tiempo en que la hicimos. Tuvimos que ajustarnos mucho. Las dos películas,Los guantes mágicos y Dos disparos, son coproducciones, pero cuando filmé Los guantes mágicos la plata que venía de afuera rendía más que ahora: con un poquito de plata podías hacer mucho. Ahora es un contexto mucho más complicado en ese sentido. En Dos disparos la plata no rindió tanto, hubo que juntar más el centavo.

 

Una de las protagonistas de Dos disparos es Susana Pampín, que trabajó en Silvia Prieto y Los guantes mágicos. También participa Fabián Arenillas, que trabajó en Los guantes mágicos y en Entrenamiento elemental para actores. Sin embargo, los demás actores no habían trabajado nunca en tus películas. ¿Cómo fue el casting?

Creo que hay actores nuevos porque en la película hay gente de la edad de los protagonistas de Rapado, por ejemplo, y no podía usarlos a ellos porque pasó mucho tiempo. Entonces tenía que buscar gente nueva. También hay gente un poquito más grande, o sea, pasó un poco eso: los actores con los que venía trabajando fueron creciendo demasiado. Escribí el personaje para Susana Pampín pero para Fabián Arenillas no. Después lo llamé a Fabián porque me di cuenta de que el único que podía hacer ese personaje era él. Creo que lo sabía, pero de alguna manera, no sé por qué, busqué por otro lado. Estoy muy contento de que finalmente haya podido hacerlo. El proceso del casting fue muy largo porque tenía una idea bastante precisa del tipo de actores que necesitaba; primero por la imagen que tienen, y después porque necesitaba que pudieran actuar un texto. Hay muchos actores que están muy acostumbrados a la televisión, en la que el texto no es fundamental y pueden improvisar alrededor de diálogos escritos. En mi caso no es así, porque no es que la escena se arma en la relación entre dos actores, sino que tiene más que ver con una totalidad en la que hay cierto tono y ritmos que tienen que ser respetados, porque son parte de toda la película. El casting pasó por tres empresas diferentes; fue bastante difícil, debo decir.

 

La musicalidad de los diálogos es uno de los centros de tus películas. ¿Qué importancia le das al ensayo?

Le doy mucho lugar: las escenas con diálogos siempre las ensayo, y en esta película hay muchas escenas con diálogos largos y, además, hay más personajes que en las otras. Los ensayos para mí son muy importantes porque sirven para que los actores memoricen el texto y, también, para encontrar el ritmo. A pesar de que es algo que está bastante escrito en el guion, muchas cosas van surgiendo de la misma dinámica del ensayo

 

¿Te permitís modificar el guion durante los ensayos?

El guion sí pero los textos no; los textos nunca los modifico. Pero sí surgen gestos, situaciones, acciones de los actores que nacen de los ensayos y que después se incorporan en el momento de filmar. Ahí ya estamos con la escena completamente en su lugar porque tampoco hay tiempo. Tenemos que llegar muy afilados al rodaje.

 

En Rapado los personajes tenían alrededor de 20 años, en Silvia Prieto rozaban los 30 y en Los guantes mágicos ya entraban en la cuarta década. En Dos disparos hay un gran cambio: si bien los hermanos protagonistas son adolescentes, con los demás personajes abarcás las edades de todos los personajes de tus films anteriores, como si toda tu filmografía se condensara en una sola película. ¿Fue una decisión consciente?

Fue bastante consciente. No me acuerdo de si, cuando me senté a escribir, dije “tengo que escribir una película en la que se mezclen todas las generaciones”, pero sí fui consciente de que en un momento pasaba eso, que iba de generación en generación de película a película, y tampoco quería hacer un film de gente tan grande. Me parecía que iba a ser muy aburrido o demasiado serio. Y también me gustaba un poco romper con esa idea: cuando uno se da cuenta de que está haciendo algo, me parece que es bueno cambiar en un punto, en la medida en que uno puede hacerlo. Uno no puede escaparse demasiado de sí mismo, pero todas las escapatorias y salidas que uno puede encontrar hay que agarrarlas, y eso es uno poco lo que pasa en la película, con todas las historias condensadas. Dos disparos se va escapando de sí misma, en un punto; como que va abriendo nuevas puertas en las que aparecen personajes nuevos y se va encaminando hacia otros lugares. Es como el viaje que hace Susana con Margarita y Liliana: cuando Susana se toma vacaciones, nosotros también nos tomamos vacaciones de la película, en un punto, de lo que veníamos hablando hasta ese momento.

 

Dos disparoscomienza como termina Los guantes mágicos: con el personaje principal bailando en una discoteca. Más allá de ese detalle, Dos disparos tiene muchos elementos que aparecían en aquella película: la presencia de los antidepresivos, los protagonistas perturbados por ciertos sonidos o los estados de ánimo contagiosos. No obstante, el desenlace del relato es menos circular, ya que no cierra en el mismo personaje. ¿Ese final lo tuviste siempre claro?

Creo que algunas de mis escenas favoritas de mis películas son en discotecas. Me gusta la de Silvia Prieto, las de Los guantes mágicos y la primera de Dos disparos. No sé por qué pero me salen bien. Yo había escrito que Rafael, el actor que hace de Mariano, tenía que bailar rápido, solo eso, y él se preparó todos unos pasos que están buenísimos. Me recontra sorprendió. Con respecto a esa idea de que el relato de Dos disparos es menos circular, es cierto, la película narrativamente es menos compacta y se va para cualquier lado. No sabía muy bien cómo iba a terminar la película; en realidad nunca sé cómo voy a terminar las historias, y, por lo general, en cine siempre tendí a ser más circular que en los cuentos, a cerrar más. Las películas necesitan más ese cierre y, en este caso, creo que eso de no cerrarla tanto fue bastante consciente. Dos disparos termina con una incertidumbre y con un personaje que no es el protagónico en un espacio que tampoco es protagónico. La historia cierra de una forma muy abierta, como decís vos. Hay alguna historia que se cierra, pero hay otras cosas que quedan todavía por desarrollarse, y a mí me gustaba eso; es un poco la estructura que venía trabajando en mis últimos cuentos. Se ve que ahora me sale escribir así, de manera más deforme. Creo que a todo el mundo le pasa que, al principio, encuentra una forma más o menos pura que después va corrompiendo de algún modo. En algún momento volveré a una forma más pura, a la esencia, nada más.

 

Entre una película y la siguiente siempre cambiaste a todo tu equipo técnico; sin embargo, tenés una línea estética muy definida que se mantiene a lo largo de tu filmografía. ¿Cómo lo lográs?

Sí, siempre cambio el equipo. Es muy raro, pero yo los primeros días de rodaje siempre me siento un extraño, y tengo pánico porque estoy rodeado de gente que no conozco y no me gusta nada eso. Me gusta estar rodeado de gente que conozco. Por un lado, sucede que pasa tiempo entre una película y otra porque no filmo seguido y la gente cambia. Solo en Rapado y Los guantes mágicos repetí al director de fotografía, Jorge Luis García. Pero todo el resto del equipo siempre fue cambiando. En Dos disparos trabajé con toda gente nueva, pero también pasa que los técnicos ya me conocen un poco cuando van a trabajar conmigo. Aunque sea gente nueva, ya vieron algunas de mis películas y saben por dónde voy. Entonces, a veces, hasta tengo la sensación de que ellos saben mejor que yo lo que quiero.

 

Del equipo de Los guantes mágicos conservaste a Diego Vainer, encargado de la música original de la película.

Sí, para mí es importante la música de Diego porque no trabajo con música extradiegética. Él es muy bueno y me entiende muy bien; la música que suena en las discotecas la hace él y es genial.

 

Uno de los rasgos autorales de tus cuatro largometrajes es que en ellos los personajes sufren al comienzo un evento que les cambia la vida por completo. ¿Por qué elegís siempre que el nudo se forme al principio?

No sé por qué. Para mí lo más importante en las películas son los principios y los finales; pienso que son los que la definen. El principio y el final de Dos disparos ponen todo lo que hay de comedia en el medio en un contexto completamente extraño. Sí hay elementos de humor, pero parten de una situación totalmente anticomedia y terminan en una situación casi melancólica que no se sabe por qué lo es, porque estás con personajes que ya casi habías abandonado pero que vuelven a aparecer. No sé qué le pasará al público, pero a mí se me hace muy melancólico ese final; no sé si es amargo, pero sí es ligeramente triste.

 

Otro de los rasgos principales de tu cine es que los personajes son nómades: se mueven todo el tiempo y cambian de pareja, de transporte, de vivienda, y a veces hasta de identidad. Construyen una realidad temporal, como si estuvieran en una eterna transición. ¿Tus planos son siempre estáticos para registrar con mayor perfección los movimientos veloces de los personajes?

El cambio para mí es la esencia del cine, y en esta película pasar de un espacio a otro es lo que hace que el cine sea cine. EnDos disparos hay muchas locaciones, y para mí tiene que ver con eso: yo tengo cierta idea de la velocidad en la narración, de la velocidad en el sentido de cambio de espacio. Cambiar de un espacio a otro para mí es lo que hace que la historia avance. Los planos fijos tienen que ver con no interferir con lo que se está contando, con no decir nada más que lo que está pasando adelante de la cámara. Trato de no manipular demasiado, de no opinar, porque ya se está opinando mucho en lo que dicen los personajes. Hay mucha opinión puesta en la película, me parece, como para agregar música extradiegética o movimientos de cámara. Es por eso que, por lo general, no muevo la cámara. La muevo para acompañar a un personaje o para panear. También siento que Dos disparos es un poco más flexible que mis películas anteriores en el sentido de que, hacia el final del montaje, me di cuenta de que si cambiaba una escena de lugar, o si sacaba o ponía algo, o si cortaba una línea de diálogo, seguía siendo la misma película. En mis películas anteriores no pasaba eso: sentía que no podía sacar ni agregar nada. En Dos disparos tuve la sensación de que, al haber tantas bifurcaciones, había una posibilidad mayor de que pasara esto; le da un aire distinto. También creo que es una película más incómoda porque es menos cerrada.

 

Los recursos formales que utilizás para la comedia recuerdan mucho al cine de Aki Kaurismäki. ¿Es una casualidad o sus películas te han influenciado?

Bueno, yo soy mucho menos cool que Kaurismäki. Él es el director más cool del planeta y yo soy anticool. Es un director que me gustaba mucho, pero las últimas películas me parecieron muy sentimentales. Yo no creo que sus películas me hayan influenciado porque las vi después de haber empezado a filmar. El otro día leí que mi primer corto, del 84, estaba influenciado por y Jim Jarmusch, y yo no había visto ninguna película de ellos dos. Hice Doli vuelve a casa pensando en una idea de cine americano clásico. Me propuse hacer ese corto con ese estilo, pero finalmente no tiene nada de todo eso. Fue un error, si querés. A partir de ahí empecé a desarrollar un poco el estilo de mis películas, si se puede hablar de estilo. Mi manera de filmar viene de ahí. Después de hacerDoli vuelve a casa, volví a estudiar a Estados Unidos, y ahí descubrí a Ozu. Cada vez que daban una película de él iba a verla. Me parecía que había una sensibilidad muy afín, sentía que todo lo que él hacía en sus películas yo lo hubiera hecho de la misma manera.

 

Tus personajes son imposibles de olvidar: Silvia Prieto quedó para siempre en nuestra memoria, Piraña ya es parte de nuestra vida, y seguramente Liliana se gane el cariño de los espectadores de forma instantánea. ¿Cómo nacen tus personajes? ¿Tus cuentos son un semillero de tus películas o es al revés?

Se complementan, más que nada. Solamente en Rapado adapté un cuento. Y con respecto a cómo nacen los personajes, hay veces que me fijo en las personas. Por ejemplo, el personaje de Brite, de Silvia Prieto, tiene muchas cosas de alguien que conocía en ese momento. Lo que me llama mucho la atención es que la persona en la que me había basado vio la película y nunca se dio cuenta de nada. Justo en el caso de Liliana no me basé en nadie que conozca. Quería hacer un personaje muy impune, y ahí tuve la gran bendición de que apareciera esta actriz que pudo hacerlo tan bien. Los actores están muy bien, quedé contento con todos.

 

¿Alguna vez se te ocurrió filmar un spin-off de alguno de tus personajes o, por ejemplo, la segunda parte de Silvia Prieto?

No, nunca. Con Rosario Bléfari hablábamos de hacer una Silvia Prieto 2 que no tenga nada que ver con la película, que sea una historia totalmente diferente. Lo hablamos hace poco, pero no sé.

 

Dos disparoscomienza con una muerte que nunca sucede: Mariano se dispara dos veces y sobrevive. Pareciera que la muerte nunca es una presencia secundaria en tu cine. ¿Por qué no existe la muerte en tus películas? ¿Lo pensaste alguna vez?

Es cierto. No hay muertes en mi cine, pero no sé por qué. Pienso más en las cosas que están que en las que no están. Yo creo que la idea tan famosa del fuera de campo, que supuestamente es condición de buen cine, en mis películas está ausente. Todo está en plano porque casi no hay una idea del fuera de campo.

 

Fuiste uno de los fundadores del Nuevo Cine Argentino. ¿Cómo ves al cine argentino en la actualidad? ¿Hay directores recientes que te interesen?

Es raro. Será que yo soy más optimista porque conocí lo que era antes. Mauro,de Hernán Rosselli, es una muy buena película. Creo que van apareciendo. Pero también pienso que se produce mucho, y un poco indiscriminadamente. Y además ocurre que el cine argentino no tiene una política de marketing, a diferencia de Chile, por ejemplo. Eso también influye en lo que se produce y en cómo se produce. Me parece que la forma de distribuir los fondos acá es cada vez más burocrática y complicada, y cada vez es más difícil que surjan nuevos directores, a pesar de que se filma y se produce mucho. No se puede pretender que un país genere nuevos directores de cine cada cinco años; son cosas que pasan cada tanto. Son fenómenos históricos y coyunturales. Lo que se llamó el Nuevo Cine Argentino tuvo una coyuntura muy particular que permitió que hubiera una camada de gente que cambió las reglas del juego. Ahora hay reglas de juego nuevas que ya de por sí son como un milagro y aceptan películas que antes no aceptaban. El tipo de película que se puede hacer ahora es mucho más amplia e interesante. Pero creo que también hay una situación de agotamiento en la crítica: en un punto, los críticos se cansaron; antes veían la novedad en lo que se hacía y ahora ya no es tan novedoso. Ahora que haya buenas películas ya no es una sorpresa. El piso de lo que hubo en el Bafici este año fue altísimo comparado con lo que había cuando yo empecé a hacer películas; es como una revolución. Y no reconocer eso me parece que es tener una visión muy corta. Me encuentro a los críticos en el Bafici o en otros lados y están todos muy quejosos; no me gusta eso. Me da la sensación de que no aprecian lo que hay.

 

Dos disparos

Martín Rejtman

Estreno: 9 de octubre

2014 / Argentina / 104 minutos

Zeta Films