"Rumbo al mar": El último viaje

Nacho Garassino, director de policiales y documentales, debuta en el cine de sentimientos con esta road movie que se convirtió en el papel póstumo de Santiago Bal junto a su hijo.

El cine de producción industrial y conceptos populares suele dejársele a los canales de televisión. Después de todo, son aquellos productores con capacidad de realizar una fuerte campaña de promoción los que se animan a este tipo de propuestas más centradas en atraer al gran público que no suele ir muy seguido al cine.

Afortunadamente, en los últimos años los productores que suelen generar estas películas con actores de corte más popular o provenientes de programas de televisión o teatro, empezaron a contratar directores que tuvieran un cierto background de realización: directores con capacidad creativa que no se limiten a entregar un productor prolijo en tiempo y presupuesto.

Directores del cine de género como Nicanor Loreti y Fabián Forte se pusieron detrás de cámaras para “Socios por accidente”, un vehículo diseñado para el lucimiento de José María Listorti y Peter Alfonso. También del cine de género proviene Nacho Garassino, el director de “Rumbo al mar”, el road movie que mezcla comedia y drama sentimental y que cuenta con los protagónicos de Santiago y Federico Bal.

Santiago Bal ya se encontraba delicado de salud durante el complejo rodaje y no llegó a ver su última película finalizada, habiendo fallecido meses después de concluida la filmación. Con guion de Juan Faerman, la película se centra en Julio Pereyra, un hombre de 75 años a quien le diagnostican poco tiempo de vida, por lo que decide emprender una última y épica aventura.

Concretamente, lo que quiere Julio es que su hijo Marcos -un eterno inmaduro con el que siempre tuvo una relación distante- lo lleve en su moto a cumplir su gran deseo frustrado: conocer el mar, tan alejado del Tucumán donde viven.

Garassino se define como un director “multi-target”: debutó en la televisión nada menos que con el mítico “El otro lado”, de Fabián Polosecki. En cine, su paso por la ficción fue a través del policial y el noir con “El túnel de los huesos” y “Contrasangre”. Pero su filmografía también incluye un documental sobre una figura del blues y el rock como María Luz Carballo (sobrina de Celeste).  “Para mí no hay trabajo menor o mayor en el sentido de calidad artística. Ahora: uno puede estar más o menos enamorado de un proyecto, por supuesto. Mi pasión es dedicarme 24 horas al cine, no doy clases ni trabajo de otra cosa.  Pero cuando uno hace una película por encargo, o popular y comercial, mi trabajo me permite poder después a cosas más personales. Pero esta película es la que lleva mi nombre a un público más amplio, y si no das lo mejor, la imagen que queda de uno no es buena. Por eso, el trabajo creativo que uno tiene que ponerle al proyecto es tanto más importante que el que le ponés a los proyectos más personales”, comenta.

Vos venís del policial y del documental. ¿Cómo llegaste a este proyecto, tan alejado en términos de género de lo que fueron tus películas previas?

Fue a través del guionista Juan Faerman. Él me acercó el proyecto y me dijo que lo unía una amistad a Santiago y Federico Bal; que ellos habían leído el guion y se habían sentido muy identificados con esta historia de un padre que le pide al hijo que le cumpla el deseo de conocer el mar; con la peculiaridad de que el viaje lo realizan a través del país para llegar a la costa sobre una moto, con todos los peligros que ello implicaba. De entrada, me pareció un guion ideal para un cine industrial y popular, por lo que se lo acerqué a un grupo de productores. Ellos se hicieron cargo del proyecto hasta que me llamaron para la realización.

 

Se suele decir que en este tipo de proyectos de “cine de productor”, el director tiene que respetar una serie de lineamientos.

Los productores de entrada plantearon que, por la peculiaridad de los personajes y de los actores, más que nada por su implicancia mediática, la película tenía que ser una obra de carácter popular, que mirara la taquilla como un tema fundamental en la estructura del proyecto. Desde ahí pude aportar cosas que tienen que ver más con el trabajo con los actores, algo que ellos valoraron mucho, y todo lo que tiene que ver con darle una impronta cinematográfica a la imagen. Armamos mucho planos secuencias y un estilo de narración que busca evadir el armado de escenas como se desarrolla de forma habitual en este tipo de propuestas.

 

¿Y cómo fue el trabajo de dirección a los Bal? Porque esta fue la primera película de Federico y Santiago llevaba décadas sin trabajar en el cine.

No te voy a negar que era uno de mis temores, más que nada porque no los conocía. Pero fue todo muy fácil y agradable. Si bien Santiago se encontraba en las antípodas mías en cuanto a ideológicas y políticas, en el marco del trabajo y del rodaje fue mejor compañero que varios que comparten mi visión del mundo (risas). Ambos, padre e hijo, fueron excelentes compañeros de trabajo y muy enfocados y preocupados porque todo saliera perfecto. Particularmente con Santiago, por su edad, tuvo que tenerme la suficiente confianza en que no lo iba a exponer, ni provocar situaciones que pusieran en riesgo su salud. Él no podía hacer muchas tomas, algo que lo había alejado del cine. Esto nos obligó a hacer un armado narrativo y de producción que nos obligó a cortar poco. A esto hay que sumarle los calores extremos, los viajes en ruta. Él estuvo dolorido en rodaje.

 

¿Y cómo lo trabajaron eso?

Usamos mucho en rodaje el Ronin, un instrumento que nos permitió hacer seguimientos de cámara muy complejos sin generar muchos cortes. Ese era el pacto que había establecido como director con Santiago, el de hacer tomas largas para no cortarle la actuación a cada momento. Pero tampoco era cuestión de quedar con planos estáticos largos. Entonces armamos planos secuencia, pero en los que la cámara estaba en posiciones distintas todo el tiempo, para que en el proceso de montaje los editores se encargaran de producir la magia.

 

¿Qué fue lo más complicado de realizar teniendo en cuenta esas limitaciones de salud de uno de los protagonistas?

Diría que lo más difícil fue la conjunción entre efectos especiales, manejo de extras y dobles de cuerpo para las escenas que tuvieran que ver con stunts o momentos complejos que involucraban a la moto. Nos han criticado en ciertas proyecciones: “¿cómo dejaron que Santiago se expusiera a esas escenas?”. Eso habla bien de la magia del cine.