Sangre animal

Con su cuarto largometraje, Verónica Chen mezcla estilos, formatos y géneros narrativos para denunciar cierta realidad de los márgenes de la comunidad china porteña, reflexionar sobre la identidad y el mestizaje y, principalmente, dar rienda suelta a un cine fértil y sin antecedentes locales.

Sin lugar a exageraciones, Mujer conejo es una fiesta cinéfila, una aventura tan resuelta como imperfecta, aun en lo formal y en lo temático. Honor al film de intriga de bajo presupuesto, remisión al mundo del manga y el animé, bosquejo de un romance tentado al calor de la hostilidad de la periferia porteña,proyecto de ciertasfugas propias del cine fantástico que no terminan por consolidarse en la totalidad de la historia.El último film de Verónica Chen tienta por su osadía y arrojo. La directora de Vagón fumador (2001) imagina una Buenos Aires en la que un grupo de la comunidad china experimenta con la mutación genética de conejos que luego inserta en el mercado.En ese contexto, Ana, una empleada de un CGP porteño, descubre una trama de negociaciones oscuras entre la policía, los funcionarios estatales y la mafia china. Hay una dimensión social en el film que presenta a los inmigrantes chinos y a algunos empleados municipales insertos en un tejido de corrupción, de transa, que solo es balanceado cuando el relato se quiebra casi por completo y la historia se traslada hacia el campo, un espacio retratado según cierta pureza irredenta. Sin embargo, allí la realidad comenzará a trastocarse y el supuesto realismo al que asistíamos comenzará a ceder ante cierta dimensión fantástica que el film no abandonará hasta el final.

           

¿Cómo se te ocurrió cruzar la idea de la mutación de los conejos con la inmigración ilegal?

Y…cuando pensás en chinos pensás en cantidad, número, reproducción; como los conejos (risas). Era una asociación muy rápida que se podía hacer. Después surgió del delirio. Me preguntaba: ¿qué tenemos de característico en Argentina? El campo. A partir de ciertas observaciones en las que atravesé el campo en auto, me di cuenta de que ya no ves vacas, lo único que ves son grandes plantaciones de soja. El tema de la soja me reenviaba de nuevo al mismo campo de asociación con lo asiático. Obviamente que tiene un condimento irreal, pero no tanto. Granjas hay, pero son solo de pollo. Y alimentos transgénicos también sabemos que se producen. No me parece que esté muy lejos de algo posible.

 

Vos filmaste las escenas urbanasen Piedra Buena; por momentos esta está retratada con el tono grisáceo de las ciudades postsoviéticas…

Es que yo quería filmar algo que me remitiera a China. Y la ciudad moderna china tiene edificaciones muy baratas y construidas rápidamente, son monoblocks uniformes. Son hongos construidos masivamente, todo es anónimo, hormigón, mucho cemento gris. Aunque hay algunas características que diferencian estos barrios grises chinos de losde Europa del Este. En los barrios chinos o asiáticos es característico el uso de cartelerías con sus letras, con sus colores y la ropa tendida, cosa que no sucede en los barrios que solemos ver en películas rumanas, por ejemplo, porque allí el frío ni siquiera permite tener las ventanas abiertas.

 

¿Cómo empezaron a aparecer los elementos fantásticos que se ven en la película?

Empezaron a aparecer cuando, en determinado momento, el guion se empezó a frikear. Me cuesta un poco el realismo, se me hace difícil quedarme dentro de sus códigos. De todas maneras, lo fantástico lo identifico más en la forma que en el contenido. Porque, salvo en algunos detalles, todo está dentro de lo posible. La mutación genética de un alimento es algo que existe, por ejemplo. El relato se iba expandiendo mientras lo íbamos escribiendo, y desde allí algunas decisiones estéticas se fueron extremando.

 

¿La animación está al servicio de suplir alguna escena que se dificultaba desde lo dramático, como las escenas de los conejos que enloquecen?

No, lo de los conejos lo resolví en posproducción con efectos, y fue mucho más fácil. Lo más difícil fue el trabajo con la animación, porque fue muy artesanal. Por una cuestión estética y para encarar algunas escenas de violencia, me pareció que la animación le iba a dar un tono un poco más pop; no iba a ser lo mismo filmar esas escenas porque les iba a dar un registro muy oscuro, muy dramático. La animación hace más digeribles ciertas situaciones.

 

¿Tenías en mente alguna referencia estilística cuando decidiste trabajar con la animación?

Sí, el manga, el animé. Por eso decidí que no fuera 3D; no es Pixar, aunque hubiera sido mucho más rápido, porque todo se resuelve desde el software.Lo nuestro fue mucho más artesanal y, por ende, un proceso mucho más lento: era gente dibujando en computadoras y tableros, no un programa. En Asia esto es común y es mucho más habitual, porque hay mucha mano de obra y tienen escuelas destinadas a esa labor; en Occidente no existe.

 

Desde lo estético, ¿qué cosas aportaba al relato esa animación más artesanal?

El hecho de que sea más brusco, más físico y también más romántico. Tiene una cualidad más cruda. Incluso siendo un dibujo de líneas claras y bien definidas, es mucho más adulto, menos infantil que el que estamos habituados a ver en Pixar. Está más cerca de Los Simpson que de Cartoon Network.

 

Mujer conejoestá conformada por un equipo de actores de lo más heterogéneo. Desde Gloria Carrá y Luciano Cáceres hasta gente que no cuenta con experiencia en la actuación. Una de las intrigas era cómo se podía equilibrar, cuánto se controlaba dramáticamente y cuánto se dejaba improvisar. “El gran desafío de la película era combinar actores y no actores; todos son muy diferentes. Estaban los actores que hablaban castellano y los que no, los niños, los no actores. En ese sentido tuvimos que ensayar muchísimo, porque si no no sabés qué es lo que va a pasar, porque además tenés poco tiempo. Fue un gran laburo de ensamblaje, en el que los actores profesionales bajaban el tono para equilibrarse y ponerse al servicio de los que tenían menos experiencia”, nos cuenta Chen.

 

La película va a estar en Mar del Plata…¿En qué competencia?

Me habían ofrecido la Competencia Latinoamericana y pedí que la pasaran a la Competencia Argentina. Me pareció que la Competencia Latinoamericana tiene una identidad que pide un relato más sólido, y esta es una película más loca. Y, sobre todo, prefería que no quedara pegada a una lectura latinoamericana. En cambio, la Competencia Argentina veo que tiene un foco claro en el que la gente va a ver qué películas nacionales se hicieron en el último tiempo, y eso me gusta.

 

Mujer conejotuvo su estreno comercial en España antes que acá. ¿Cómo está funcionando el sistema de exhibición en general allá?

Inicialmente íbamos a estrenar en 22 salas, pero al final fueron 11. Se redujo a la mitad porque en España se cayó todo: no hay tantas salas para nuestras películas. Además el cine es muy caro, y a eso se le suma el hecho de que el Ministro de Cultura español acaba de declarar que la merma de asistencia a los cines no es un problema presupuestario, sino que se debe a que las películas son malas.