Sangre, sudor y danzas

Se estrena una película sobre el encarnizado ascenso social de un hombre en un lugar donde, por natura, no pertenece. Emiliano Romero, con Topos, planteó una historia de ambiciones, traiciones y libertades apostadas en el concepto de “otredad”. Particularidades de un rodaje y un estreno en salas “bajo tierra”.

 

Nota publicada en la edición impresa del número de septiembre de 2012.

Como una tromba, el cine fantástico argentino sigue, en forma paulatina, sin ningún tipo de pausa y con mucho de prisa, allanando su camino. Después de triunfantes experiencias tanto nacionales como internacionales, de Porto Alegre a Nueva York, de Río de Janeiro a Mar del Plata, llega a las carteleras nacionales Topos -una suerte de distopía a la Underground o Delicatessen o Brazil- dirigida por Emiliano Romero. Aquí, como Los Morlocks del Universo Marvel o sus homónimos originales de La Máquina del Tiempo de H.G. Wells, un grupo de infrahumanos viven en una ciudad denigrada y subterránea. Uno de ellos, El Topo (Lautaro Delgado), un joven cuyo sueño es bailar alguna vez en la ciudad de la superficie se infiltra clandestinamente en un instituto de danza. Su padre intenta sumarlo a la guerrilla que busca luchar contra los poderosos que habitan arriba. Pese a sus deformidades y limitaciones, es aceptado en el instituto donde se hará de amigos y enemigos. Frente a las adversidades que irá encontrándose, el Topo aprenderá a pelear sin límites por sus sueños y lo hará, pase lo que pase, caiga quien caiga, sin mediar consecuencias.

Topos es una película muy teatral.Trabaja con la alegoría para tocar temas humanos súper profundos. Creo que el tono absurdo, el actor como línea principal, la clave casi grotesca de la película, todo está cargadísimo de teatro”, dijo Romero en entrevista exclusiva con HC. El largometraje, que cuenta con un sensible tratamiento de la otredad mediante la institucionalización constante de ese otro, por caso, está sostenido, fundamentalmente, a través de dos cuestiones elementales: las actuaciones y los escenarios, en un diálogo constante donde se funden y confunden. Pese a superponerse, se hacen uno. A propósito de esa fuerza premeditada, su director comentó: “Intentamos dar con una búsqueda estética barroca y darle un peso inmenso al trabajo actoral. Las escenas del guión están escritas con una descripción aproximada del espacio. Lo que nos limitaba era el bajo presupuesto, por eso tuvimos que reutilizar mucho material de algunas escenografías para armar nuevas”.

Contando con un elenco de notables artistas como Leonor Manso, Gabriel Goity, Mauricio Dayub, Lautaro Delgado, Osqui Guzmán, entre otros, Romero tuvo que arreglárselas para lidiar con agendas diversas: “Lograr filmar con tantos actores de renombre fue muy difícil. Cada uno tenía sus horarios de filmación de televisión, o sus obras de teatro. Por eso el diseño de un buen plan de rodaje fue esencial”. Y en torno a dificultades varias, agregó: “Otra cosa muy incómoda fue que, por falta de dinero, tuvimos que armar las escenografías sin aberturas y variantes para poder meter la cámara. Entonces, el camarógrafo tenía que entrar arrastrándose como los actores, comerse el polvo del mundo de abajo y filmar muy incómodo”.

En cuanto a la realización y su devenir, Lautaro Delgado, con un impecable papel protagónico, con una transformación digna de Lon Chaney, fue el primer señalado para el casting de Topos. “Estuvo desde el principio, escribí el personaje para él”, expuso el responsable de unos 16 cortometrajes entre los que se destaca El Topo, de 2004, justamente, primer proyecto compartido junto con Lautaro Delgado.

La película de Romero, además de proyectarse en espacios de exhibición “habituales” como el Cine Gaumont, Artecinema, Cosmos o la nueva sala digital del Centro Cultural San Martín, abordará una red de exhibición alternativa haciendo base en el circuito contracultural del país. Así, espacios habitualmente cotidianos para el mundo de la poesía, la música o del teatro serán pantalla para Topos. “En todos los lugares se va a pasar en HD porque la película lleva la pantalla y proyector adecuado para que siempre se vea increíble. Es un esfuerzo tremendo que estamos haciendo. Le queremos encontrar la vuelta a los inconvenientes del cine argentino”, sentencia el realizador quien, con hidalguía, se cargará al hombro una de las mayores problemáticas actuales de las películas medianas, pequeñas e independientes: el de la exhibición comercial.

Luego de intentar aplicar a varios fondos sin mayor suerte y con un costo total de 2 millones de pesos, que contó con el aporte del INCAA –el filme clasificó por 2da vía, ya que Romero pudo presentarse él mismo como productor al tener estrenado un corto en 35mm llamado Cantautor, de 2005-, familiares, amigos e inversores varios, más el apoyo inestimable de una cámara Red One en calidad 4K cedida por la Universidad del Cine, Topos se destaca por su composición total, por el resultado final. Unos cinco años de trabajo más un buen puñado de colaboradores hicieron de la película un notable paso en alto para el cine fantástico nacional. “Es muy complicado categorizarla en un estilo de cine. Creo que no tiene un género definido. Cuando la concebimos siempre intenté seguir todas las corazonadas y no guardarme nada, nunca me censuré pensando que a algún espectador o crítico no le gustara”, señaló. Y, acá, con George Bataille, Federico Fellini, Jacques Aumont y Steven Spielberg; con teóricos y autores que lo sostienen en sus diversas franjas, la otredad se hace presente nuevamente. Para el caso, su categorización se hace ostensible cuando se entromete lo apocalíptico, cuando está en riesgo la cuestión humana y, sí, cuando hay uno que es ajeno a un otro, factor constante –como en Topos y su “ciencia ficción”- en las convenciones manifiestas del cine de género.

A la sazón, dadas las circunstancias coyunturales, con filmes afines ganando festivales, proyectándose en todo el universo, encontrando –por fin- consenso del periodismo especializado y el público, se entiende que el cine fantástico nacional está gozando de un buen presente. En consecuencia, a favor de su probada calidad y aún pese a la saludable diversidad que hay en la palestra, Topos se despliega como una de las grandes sorpresas del cine criollo en general. Más allá de los géneros cinematográficos. Más allá de las tribulaciones de lo imprevisto. Más allá de todo.

 

Salas:

Gaumont, COSMOS-UBA, ArteCinema, La máscara, C.C. San Martín, Dardo Rocha y en el circuito alternativo de Teatros y Centros Culturales: Konex, Chacarerean, Borges, Casa Brandon, Matienzo, La casona iluminada, La oreja negra y Vuela el pez.