Se imprime más fuerte

Estrenada en 1992, cuando las carteleras de los cines no tenían lugar más que para doce o trece películas argentinas al año, Tango Feroz es aún recordada como un verdadero suceso cultural de aquella época, en la que fue vista por casi dos millones de espectadores. Este mes vuelve a las salas remasterizada para contar, una vez más, la historia de uno de los músicos más legendarios del rock nacional.

Al margen de los casi dos millones de espectadores que vieron el film en las salas y del espaldarazo que significó para las exitosas carreras que a partir de allí tendrían Marcelo Piñeyro y los protagonistas, el impacto de Tango feroz se diseminó mucho más allá del cine. Las consignas libertarias que el film ponía de manifiesto en forma de revueltas estudiantiles y en las mismas letras de las canciones volvieron por un rato a las mesas de las casas de familia y a los más inesperados paneles mediáticos. Al mismo tiempo, toda esa generación de músicos que evocaba el film comenzó a ser estudiada seriamente como un movimiento cultural que fue punta de lanza para todo el rock cantado en castellano. El boom de Tango feroz repercutió en programas de televisión y de radio, reediciones de discos y libros y hasta exposiciones que daban un lugar de privilegio a los pioneros que desde La Cueva crearon un rock con identidad propia. Con sus defectos y virtudes, la película sigue marcada a fuego en la mente de una generación que, al día de hoy, con mayor o menor grado de ironía, es capaz de reproducir algunas de sus líneas más memorables.

Y, pese a semejante influencia en la cultura de nuestro país, la película corrió un serio peligro de desaparecer. Al cumplirse veinte años del estreno, cuando algunos festivales requirieron una copia para proyectar la película a modo de homenaje, el propio director se dio cuenta de que en Argentina no había ninguna en condiciones. A partir de allí, más preocupado por la supervivencia del film que por cualquier homenaje, Marcelo Piñeyro empezó una búsqueda del negativo que lo condujo a la Filmoteca Española en Madrid. Allí encontró el negativo, pero en un estado lamentable. Asumiendo todos los costos, el director envió esa película, con la que había debutado en el cine dos décadas atrás, a Londres para un proceso de remasterización digital cuadro a cuadro que llevó nueve meses. Con la tranquilidad de que la película estaba a salvo, Piñeyro reunió a todo el equipo artístico y técnico que fue parte de Tango feroz para una proyección en el cine Atlas Recoleta de Buenos Aires cargada de asombro y emoción. Allí, en ese hall, empezaron las primeras conversaciones sobre un posible reestreno en HD que hoy ya es una realidad.

 

¿Cuál fue tu impresión al volver a ver Tango feroz, remasterizada, veinte años después?

Cuando la vi restaurada por primera vez fue impresionante. En la película no hay ningún cambio, ningún agregado; lo que se va a ver es lo mismo que se veía en una buena sala en el momento del estreno.Pero eso ya es todo un cambio. Porque a mí mismo me había quedado en la cabeza la imagen de la película como la pasaban en Volver o como estaba en YouTube, donde el encuadre ya es diferente. Por eso yo pensaba que la película había envejecido mucho. Pero no, estaba mucho más entera de lo que yo pensaba. Recuperarla con su imagen original fue una enorme sorpresa para mí.

 

¿Y te podés reconocer a vos mismo en eso que cuenta la película?

La película justamente cierra con una promesa a veinte años. Tango mira a cámara y dice: “Filmame que me quiero decir algunas cosas que no tengo claras y me quiero ver en veinte años”. Eso juega con la idea del doble borgeano, del encuentro con uno mismo. Y creo que tanto yo como todos los que hicimos la película podríamos tener un buen diálogo con esos tipos que fuimos hace veinte años. Por supuesto, han pasado ocho películas en el medio, veo que soy otro tipo, que he crecido como director, como cineasta. Pero Tango feroz tiene esa cosa irrepetible de primera película, de descubrimiento.

 

¿Recordás en qué momento apareció la historia de Tanguito en tu vida?

Yo tenía el disco de los demos de Tanguito, lo escuchaba, me gustaba. Pero no pertenecí a esa generación, soy algo posterior. Llegué a ir a algún concierto de Almendra, vi a Vox Dei en vivo. Pero mi vida en los primeros setenta, cuando empecé a tener cierta autonomía, cuando entré a la facultad, estuvo mucho más volcada a la militancia política y a la creación de un cineclub. Escuchaba música y compraba discos, pero mi mundo no era el del rock. La de Tanguito era una historia que yo había escuchado muchas veces a lo largo de los años, nunca igual, siempre distinta.

 

¿Cómo te diste cuenta de que ahí podría estar la semilla una película?

Me acuerdo de que en un momento me puse a investigar sobre la vida de Tanguito en los medios y solo encontré una columnita en la revista Pelo que decía que iba a entrar a grabar un disco, y también leí un pequeño artículo, ya en los ochenta, en el diario La Razón. Eso es todo lo que había escrito. Me sorprendió el hecho de que, a pesar de que estuvo ausente en los medios, esta historia fue transmitida oralmente a través de las generaciones. Ahí me di cuenta de que había algo que valía la pena contar.

 

Hasta ese momento vos no dirigías, sino que te dedicabas a la producción.

Exacto. En 1985 hice la producción ejecutiva de La historia oficial y ahí, luego de esa experiencia, tomé la decisión de no seguir el camino que tomaba ese grupo de irse a Hollywood. Preferí bajarme de eso, porque yo siempre había querido dirigir. La producción había sido un accidente en mi vida, porque tenía que trabajar y llegar a fin de mes. Así que, inmediatamente después del Oscar que ganó la película, me aboqué a la investigación para Tango feroz. Desde que me puse a trabajar francamente en la historia hasta que la filmé pasaron como seis años.

 

¿Por dónde empezaste a investigar?

Empezamos por el mundo de la música. Primero todos se mostraron muy entusiasmados, pero de a poco empezaron a mostrar cierta resistencia. Me preguntaban: “¿Por qué no una película sobre mí, que soy más importante?”. Y seguramente tenían razón, pero nuestra intención era contar una fantasía, una leyenda sobre los inicios del rock en español en Argentina. Y después pasaron cosas como que nos negaran los derechos de muchas canciones. Eso nos empujó más a contar la leyenda y no la vida del personaje. Siempre fue una interpretación de la leyenda. Ni siquiera queríamos ser dueños de la leyenda. Cuando salimos del circo de la música y empezamos a hablar con otra gente, nos topamos con quien en la película se llama Mariana (el personaje de Cecilia Dopazo) y que aparentemente fue su gran amor. Ahí encontramos el piolín de donde tirar para poder contar la película.

 

En su momento se dijo que la película mostraba la traición que sufría Tanguito por parte de su entorno, de sus amigos. ¿Habrá tenido que ver esto con la negativa de los músicos a apoyar el film?

Yo me permití hacer una película que tuviera que ver con una vivencia generacional mía. Si bien soy de una generación posterior, es el mismo proceso histórico. En ese sentido, idealizar la figura del protagonista tenía que ver con una necesidad narrativa. Yo mismo me veo más reflejado en esos otros personajes que en el de Tango. Eso seguro que tiene que ver con la culpa del sobreviviente. Hay gente que vio una traición ahí, pero eso no apunta los músicos, es una sensación mía, muy personal. Yo tenía ganas y necesidad de hablar de eso. Me interesaba mostrar cómo era esa juventud que se masacró y cómo se va preparando ese engranaje represivo que va a terminar siendo responsable del genocidio de la dictadura unos años más tarde.

 

También con Tango feroz les diste a los jóvenes y la música un lugar poco frecuente en el cine comercial.

No era común que los jóvenes fueran los protagonistas de una película, salvo que fueran los hijos de, o que fueran interpretados por actores de 40 años. Yo sentía que no había muchas películas que mostraran la problemática de un tipo de 20 años, con sus gustos culturales… Nunca lo había visto. Las películas musicales de la década del 60 y 70 eran productos de las compañías discográficas; no eran cine, eran otra cosa. Salvo en El exilio de Gardel, lo musical siempre había sido berreta. Y a mí el tema de la música me apasionó siempre; yo compraba muchos discos de bandas sonoras. Por eso quise que la película sonara de puta madre y fuimos a trabajar el sonido a Londres. Eso para mí era fundamental. Si no, no hacía la película.

 

¿Cómo recordás el suceso que generó Tango feroz en el momento de su estreno?

Si bien la película había tenido un presupuesto mayor que el habitual para su producción, salimos con apenas cinco copias y tuvimos muy poca publicidad. Las salas en aquella época eran más grandes e importantes, pero la publicidad para cinco salas era una inversión mínima. Se apostó al boca a boca y funcionó muy bien. La película arrancó en primer lugar, pero su recaudación más alta la tuvo cuando ya llevaba dos meses en cartel. Habíamos empezado a filmar Caballos salvajes y la película seguía en cartel en algunas salas.

 

En relación con Tango feroz, ¿cómo cambió tu manera de contar? ¿Podrías hacer hoy una película tan directa, con ese tipo de bajada de línea?

Hay un momento en la juventud en que uno es como arcilla y todo te imprime más fuerte. Yo me formé con ese cine que traía siempre una visión del mundo, sin dejar de ser por eso fuertemente narrativo. Ese fue el cine que me dejó una marca, una impronta. En mis películas eso siempre está, a veces más adelante, a veces más atrás. Yo no me puedo lobotomizar para hacer cine, ni quiero hacerlo. Hago cine desde el tipo que soy, con la comprensión que tengo del mundo, del país, del hombre, de las ideologías. Y también estoy hecho de confusiones, no tengo todo tan claro. Pero solo puedo pensar películas desde ese lugar. En cuestiones de puesta en escena y dramaturgia, siento que con los años he tenido mucha menos rigidez, he ido adueñándome de la libertad. Tango feroz tenía mucha planificación. El cine requiere planificación, pero he encontrado libertad en la planificación. Lo he ido conquistando película a película.