Selección esencial

La tarea imposible que nos proponemos año tras año con festivales tan grandes como el de Mar del Plata es abarcarlos de la mejor manera posible. Nunca saldrá de acuerdo con lo planeado, pero algo hay que hacer. En ese fixture exuberante e imposible que seguro harán, les proponemos que incluyan estas diez, que combinan grandes autores, desconocidas promesas, documentales, géneros, mundial, radio, besos y tiros.

No Home Movie

Chantal Akerman

La muerte de Chantal Akerman a sus 65 años, al momento de cerrar esta breve reseña, cubre de un halo sentimental cualquier tipo de comentario. Porque en su última películase percibe así, según las tristes tonalidades del duelo y la despedida sorpresiva, el llamado a la introspección. Si No Home Moviese puede considerar una condensación filmográfica, es porque allí se evidencian marcas estilísticas de toda su carrera. Una obra que se extiende por cuarenta años a partir de un inicio radical, Saute ma ville (1968), donde afirmaría coordenadas retóricas y temáticas que no dejarían de aparecer con insistencia: la autorreferencialidad, el encierro doméstico en tensión con los vertiginosos desplazamientos urbanos, el registro oscilante entre el ensayo y la ficción. Su último opus está dedicado a la figura de su madre, una sobreviviente de Auschwitz que vive sus últimos días prácticamente en un autoencierrro en su departamento en Bruselas. La realizadora mantiene un día a día de largas conversaciones (en presencia física y también por Skype) que van de los temas más generalizados (la diáspora, el Holocausto) a los más íntimos, y se construye así una bitácora familiar y un retrato cuya afección sabremos agradecer. Eduardo D.Benítez

 

Ederly

Piotr Dumala

El cine de Piotr Dumala siempre fue un territorio inestable donde nunca se está seguro de pisar tierra firme. Tal vez el animador polaco más reconocido de su país, el director de Franz Kafka supo construirse una singular figura de autor trabajando en soportes tan disímiles como el dibujo o la técnica destructiva del yeso tallado. Con Ederly, Dumala pone a prueba su poética en el cine de acción en vivo tradicional. El resultado es sorprendente. Un restaurador llega a un pueblo a pedido de una parroquia local, pero por culpa de una terrible confusión (o conspiración) es adoptado por una familia como el hijo pródigo que vuelve después de una larga ausencia. El protagonista se entrega a la mentira y a un juego de dobles que, lejos de esclarecerse, no hará más que complicarse con cada nuevo giro de la trama. El director moldea su relato apelando a un clima alucinado que sugiere una locura y un sinsentido subterráneos que nunca terminan de aflorar, pero que se sienten temblar en cada escena.Diego Maté

 

In Jackson Heights

Frederick Wiseman

Wiseman se caracteriza por su estilo limpio y claro al presentar el material que filma sin carteles, entrevistas ni placas explicativas, dejando simplemente hablar a sus protagonistas en función del drama que se construye a partir de momentos cotidianos. En su última película mueve el foco de una institución cerrada a una comunidad abierta: Jackson Heights en Queens, barrio multiétnico de Nueva York. Nos muestra dos tipos de escenas: por un lado, deliberaciones llevadas a cabo por vecinos en organizaciones de defensa de los derechos LGBT, en agrupaciones de inmigrantes, en reuniones del Consejo del Distrito. Por otro, el pulso diario del barrio: latinos haciéndose las uñas de los pies, hindúes depilándose la cara con un curioso sistema de hilos, niños musulmanes aprendiendo sus lecciones básicas, músicos de las más diversas tradiciones. Mientras tanto, dos amenazas se ciernen: el aumento de los precios de alquiler sumado a la expulsión de muchos negocios pequeños, y una latente homofobia. Con estos elementos y una mirada quirúrgica, Wiseman construye otra película sobre los pequeños actos diarios que nos definen como seres humanos y sobre los que se asienta una sociedad imperfecta. Amadeo Gandolfo

 

Lexter, la ola perfecta

Luis Hitoshi Díaz

Con la caída crepuscular de un gran divulgador y emblema de la radio de los ochenta aflora un nuevo desafío: su legado, el presente. Alguna vez, el desgarrador Gabo Ferro dijo que no trabajaba para el día, sino que trabajaba para la historia. Así parece ser la fábula de Lexter, un héroe caído en desgracia que encuentra redención a través de un estudiante en busca de material para su tesis. Lexter, la ola perfecta, más Larry Clark que Alex Cox, mira de forma nostalgiosa una época pero pone el foco en el mañana. Hay un romance, skate, punk, desparpajo juvenil, testimonios de los buenos (de Lalo Mir a Walas de Massacre, pasando por Douglas Vinci, Clemente Cancela y más), una banda sonora digna de esas películas que añoramos y otro tendal de referencias pop como para no distraerse ni un segundo. Y, entre sus vísceras, se escurren algunas sensaciones contrapuestas: tiene mucho de ponzoña, espíritu de fin de fiesta pero más, eso sí, de riesgo y esperanza. Posiblemente por acá ande la carta de amor más linda que le hayan escrito a la radio jamás. Hernán Panessi

 

O futebol

Sergio Oksman

Un padre y un hijo que no se ven desde hace veinte años pactan encontrarse en San Pablo, su ciudad natal, en la fecha de inicio del Mundial. El plan es simple: detener el mundo por un mes para seguir los partidos del importante acontecimiento que sucede cada cuatro años. Pero Simão es un anciano cascarrabias que no se permite ausentarse de su trabajo. Y, pese a la insistencia de su hijo Sergio (director de este conmovedor y extraño documental), no pisa jamás el estadio. “El Mundial no me paga las cuentas”, le grita a su primogénito. Así es cómo el fixture de los partidos se transforma en la estructura narrativa de una pasión mucho más compleja: la relación entre un padre y un hijo. Como un encuentro deportivo, el rumbo del relato es incierto. Enigmático como las razones que llevaron a Sergio y a Simão a perder contacto físico por dos décadas. Como decía Wim Wenders: “Únicamente las películas que dejan sitio para los agujeros entre las imágenes son las que explican una historia”. Maia Debowicz

 

Ryuzo and His Seven Henchmen

Takeshi Kitano

Es un lugar común: la tragedia se repite como farsa. El cine de yakuzas, eterno material de la obra de Kitano, tuvo una actualización reciente que respetaba las coordenadas más bien brutales del género (Outrage y Beyond Outrage), y que ahora vuelve bajo la forma de una comedia sobre unos viejitos gángsters retirados que tratan de reflotar el negocio. El tema no es otro que el del hombre fuera de su tiempo, pero en clave cómica inocentona. El guion desparrama un humor bonachón y hace de los otrora asesinos despiadados una pandilla adorable; el propio Kitano incluso oficia de un detective encargado de retarlos como a un grupo de chicos que hacen lío, aunque su personaje siempre se ausenta demasiado rápido del relato. La película y los actores cumplen, pero se extraña el humor absurdo y violento de sus primeras películas, esa risa desconsolada que habría de convertirse en una de sus marcas de estilo más reconocibles. Diego Maté

 

The Forbidden Room

Guy Maddin

Afortunadamente, Guy Maddin no se calma nada en su obsesión por crear historias pesadillescas y delirantes valiéndose de recursos del cine mudo y vampirizando todo tipo de géneros, estilos, tipografías y texturas, las cuales se forman, se deforman, se entrelazan y desaparecen constantemente durante las dos horas que dura The Forbidden Room. Más que nunca, intentar explicar argumentalmente algo de lo que pasa no tiene mucho sentido, pero solo diremos que todo comienza cuando la tripulación de un submarino queda atrapada durante meses en el fondo del mar y solo puede sobrevivir con el oxígeno que provee el hecho de masticar panqueques. En el mismo submarino aparece un leñador absolutamente de la nada, y hay una historia con un volcán que sueña, otra con mujeres-esqueletos que hacen estafas de seguro, hay un psiquiatra de tren y un musical (por decir algo) en el que Udo Kier se somete a una lobotomía para abandonar cierta malsana obsesión con los traseros mientras suenan los aún más enfermos y legendarios Sparks. Lo que se dice un verdadero festín. Juan Pablo Álvarez

 

The Other Side

Roberto Minervini

Conocimos a Roberto Minervini en la última edición del festival, que le dedicó un foco a su Trilogía de Texas. Con una mirada atenta, distante e incisiva a la vez, y un amoroso respeto por sus personajes –ya fueran enfermas terminales, niños solitarios o adolescentes fundamentalistas cristianas–, Minervini se adentraba en ciertos territorios de la cultura norteamericana que el cine no suele cartografiar. The Other Side continúa con esta indagación y da un paso más allá. En una suerte de versión hardcore de sus exploraciones previas, Minervini se traslada a Louisiana para acompañar a una serie de personajes desclasados: adictos, dealers de poca monta, aspirantes a paramilitares; toda esa white trash que los EE. UU. barrieron bajo la alfombra. Pero si hay algo especial en su cine no son sus temas sino su mirada: una mirada que apuesta a un cine híbrido que, más que desdibujar el límite entre ficción y documental, aprendió, como sus protagonistas, a habitar en los márgenes. Griselda Soriano

 

Todo comenzó por el fin

Luis Ospina

El mítico director de Agarrando pueblo vuelve con un extenso recorrido documental semiautobiográfico que comienza, por supuesto, con Ospina internado y a punto de morir. Luego de una primera parte en la que se nos expone a un tour de force de análisis y carnicerías clínicas (en un exhibicionismo autobiográfico que recuerda a E agora? Lembra-Me, de Joaquim Pinto), el director logra salir de sí mismo para reencontrarse con la película que originalmente quería hacer antes de la aparición del cáncer en su cuerpo, y que no es otra cosa que un adorable reencuentro en materialidades confusas y en tiempos superpuestos con sus colegas de “El grupo de Cali”, aquel grupo artístico de los años setenta en el que participaban, entre otros, el también cineasta Carlos Mayolo y nada más y nada menos que Andrés Caicedo. Es entonces cuando el film luce más, cuando se aparta del embelesamiento ante la propia putrefacción y va hacia un honesto y tierno collage colectivo de recuerdos, en el que los personajes de aquella tropa se reconstruyen mutuamente sin escatimar fealdades pero también sin mitologizar de más. Juan Pablo Álvarez

 

Un día vi 10.000 elefantes

Alex Guimerà y Juan Pajares

Es mentira que existen tan pocas historias que pueden contarse con los dedos de la mano. Historias hay muchas, y más aún formas de narrarlas. El primer largometraje documental de Alex Guimerà y Juan Pajares es un claro ejemplo de esta afirmación: basándose en la novela Los elefantes de la luna (Juan Tomás Ávila Laurel), el documental de animación boceta los recuerdos huracanados de un octogenario guineano cuando trabajó como porteador para el director de cine Manuel Hernández Sanjuán. A través de distintas técnicas, la dupla construye las aventuras que vivió Angonono Mba entre 1944 y 1946 mientras buscaba el misterioso lago donde, según dice la leyenda africana, pueden observarse 10.000 elefantes. La voz en off del anciano sabio le inyecta tanta sensibilidad a los dibujos en carbonilla que consiguen teletrasportarnos hasta la Guinea Española. Maia Debowicz