Siempre fui un paria

Abrumado por la rutina, Juan cambia su vida. Rompe con su mujer y vuelve al cobijo de sus amigos. En 20.000 Besos, Sebastián De Caro, eterno joven, coquetea con una de las disyuntivas más fuertes de los treinta años: el sentar cabeza o ir tras la aventura. El poder de la amistad. ¿Para qué sirven las escenas? El dolor de un rechazo. El mainstream, los nichos. El amor en tiempos de joda.

Nota publicada en la edición 140 de Haciendo Cine

El imaginario de Sebastián De Caro es el del romance. Siempre rumió por el vaivén de la seducción –son conocidas sus anécdotas narradas en radio y TV a propósito de sus desamores- y hasta sacó un libro afín: Mi método, 12 estrategias de seducción. Alguna vez, su biografía de Twitter rezó: “director de cine, todo lo demás es una eventualidad”. Y alejado de la radio (fue el co-conductor de Perros de la Calle y estuvo al frente, hasta hace meses, del magazine nerd Cómo robar el mundo), hoy vuelve al cine. Universo que conoce en profundidad. Ese cosmos que, replegado en su verba frenética, todo lo tiñe bajo su influencia. Dirigió un puñado de películas independientes –Rockabilly, De noche van a tu cuarto, etc.-, coqueteó con el mainstream –fue panelista de Gran Hermano- y ahora, después de una experiencia en los márgenes que lo desilucionó –Recortadas-, debuta en las grandes ligas cinematográficas con 20.000 Besos, film donde un treintañero se enamora de una adolescente. La historia, protagonizada por Walter Cornás, Eduardo Blanco, Carla Quevedo, Gastón Pauls y elenco, relata los tropiezos arquetípicos de toda una generación. Y el romance, de nuevo, mueve el pulso de todas sus cosas.

 

¿En qué está basada la historia de 20.000 Besos?

 

Está un poco basada en un par de años que vivimos con Sebastián Rotstein, el guionista. Teníamos treinta y pocos. Me había separado de una relación larga, con concubinato. Todo lo que pasó después es el caldo de cultivo de la película. En ese momento trabajaba en radio. Y volver a los shows de Boom Boom Kid a esa edad es como fuerte. Todo eso inspiró las aventuras que viven esos personajes.

 

¿Vos sos Juan?

 

Creo que todos somos un poco Juan. Rotstein, yo, alguno más que hicimos la película. No hay traslaciones tan directas de “tal” es “tal”, sino hay alusiones.

 

¿Y cómo nace el guión?

 

Nace casi paralelamente a Recortadas, mi anterior película. Este es el segundo proyecto en guión con Rotstein. En TV hicimos Mitos, crónicas de amor descartable. (N. de redacción: No hace alusión –dice: “Googleá el nombre”-, porque asegura que es “yeta”). Donde Germán Palacios, en cada episodio, tiene que levantarse a una diva de los ochenta.

 

¿20.000 Besos es tu primera película con apoyo del INCAA, no?

 

Sí, pero la película, en una primera instancia, fue rechazada por el Instituto. En esa especie de carta de devolución, argumentaban que era caprichoso el guión. Esa es una instancia rara donde colegas examinan guiones como si fuera un capítulo de CSI. Es inevitable enojarse.

 

¿Y qué te pasó cuando te dijeron que “no”?

 

Me amargué mucho. Lo sentí como un rechazo. Y ya está: perdiste, es lógico que te enojes. Después, lo revisamos, lo reformulamos un poco. Lo volvimos a presentar y nos dieron el interés.

 

¿Por qué se llama 20.000 Besos?

 

Hay una frase en una biografía de Frank Sinatra que dice: “para un borracho, una copa es demasiado y cien no son suficientes”. Entonces nosotros lo llevamos a: “un beso de la persona que te gusta, es demasiado y veinte mil no son suficientes”.

 

¿Y qué crees que pasará con los espectadores?

 

A lo mejor soy un poco desalentador: lo más importante con la película ya pasó. Fue el proceso de realización. Me perjuré no andar mendigando ni llorando como una nena para que el público vaya a verla. Creo que cuando uno decide entrar a cierto medio y ha pregonado “me gusta Iron Man, no me gusta lo aburrido”. Y bueno. Si te destroza Iron Man y vos bancaste las banderas del género... ahora te come el género. Es así. Ahí hay una contradicción muy fuerte. Alguna vez tuve una discusión. Todo el mundo decía: “bajate El Caballero de la Noche de Internet, aguante Cuevana”. Pero cuando venía la película de un amigo, decíamos: “no, bueno, esta hay que verla en cines porque es mi amigo y le costó mucho”. Si uno acepta todas las de la ley y su sueño es hacer una película que vea un montón de gente... la selva es así. “Yo quiero jugar en primera pero contra el Barcelona no que me caga a goles”. No, papi, jugar en primera es jugar contra el Barcelona y que te cague a goles. Sino, no lo hagas. Lloramos cuando el festival under no nos da bola y cuando somos cola del león. ¿Pensaste que eras Spielberg? No lo sos. Hay una especie de mariconeada que no voy a aceptar. Hicimos una película pequeña. Ese es el panorama. No vine a cambiar la historia. El que la quiere ver la irá a ver y si no se apuró, chau, la sacarán de cartel. Ya está, papi, a hacer otra.

 

¿Y a vos, como director, qué te pasa?

 

Y... desde el día uno yo fui demasiado elitista para el mainstream y demasiado grasa para los elitistas. El mainstream me veía como de nicho. “Vos hablás de friquismo”. Después, en el mundo del friquismo yo era el frívolo que hablaba de Gran Hermano. Siempre fui un paria. Aceptado, nunca. No me sorprende que en la tele me digan: “sos de nicho, tenés una remera de Batman”. Lo sorprendente es el prejuicio de los que tienen la remera de Batman.

 

¿Eso te pasó?

 

Me re pasó. Cuando veo un tipo me vinculo viéndole lo mejor. Me pongo un filtro que entiende de concesiones y no pretendo que, por ejemplo, cualquier película del Buenos Aires Rojo Sangre sea El Laberinto del Fauno. Es imposible, entonces no la comparo. Entiendo de escalas. Por ejemplo: Habitaciones para Turistas es una gran película. En su género, en su escala, en sus posibilidades. No la puedo juzgar como si fuera Suspiria. Claro que no lo es. Si le damos a Martín Scorsese los elementos con los que hacíamos esas películas, tampoco hace Taxi Driver. ¿Qué chiste es ese? Me parece que a veces eso no encuentra interlocutores que se manejen de la misma manera. No es nada personal con nadie. Es algo que sobrevuela. Invito a que me muestren que hoy es diferente. No curto ese mundo hace años. A lo mejor tiene que ver con la ilusión que había.

 

¿Cuál era esa ilusión?

 

A finales de los 90, cuando empieza todo el mundo a juntarse, a armar una generación. Y cuando esa generación se conformó, había... –N. de redacción: se interrumpe y sigue-, mirá, vengo de dar una charla en la convención Crack Bang Boom con Nicanor Loreti. Ahí hablamos más de otras personas que de nosotros. Mencionamos lo importante que eran Plaga Zombie y Habitaciones para Turistas, porque era insoslayable. Pero después, en la movida esa, aparecieron unos advenedizos que no te puedo precisar. Y se notaba que era gente que tenía ganas del menor esfuerzo y su cine termino siendo así. Plaga Zombie y Habitaciones para Turistas son el piso. Lo mejor que puede pasar es que las películas siguientes las pasen por arriba. Hoy se puede hacer una película mejor que Recortadas, por la tecnología, por los conocimientos. Entonces, si todavía Filmatron sigue siendo el Ciudadano Kane, bueno... tendría que ser el piso, una pieza histórica. No le estoy sacando nada de mérito. Lo que digo es: uno tendría que ambicionar superar eso. Me parece que se mira mucho para adentro. Y no contribuyen las “escenitas”.

 

¿Qué te parece tu película?

 

No es genial, ni pretende serlo. A mí me gusta. Para mí es buena, linda, que no pretende más de lo que pretende. Es una pequeña canción pop. Y si tenés una hora y media ahí, donde te reíste con los chistes, donde te permitió ver a esas nenas que parecen inconquistables, empatizaste más o menos con la búsqueda del tipo... suficiente. Que el espectador salga y diga: “es lindo enamorarse a veces”. No pienso: “soy el nuevo Paul Thomas Anderson”. Si la película la hubiese hecho otro, la envidiaría, diría que esa es la película que quiero hacer.

 

¿Y qué director te hubiese gustado que la dirija?

 

John Hughes la hubiese hecho diez veces mejor. 20.000 Besoses una película de John Hughes con chistes de Martín Rejtman. Este logra un universo argento muy particular. De hecho, hay referencias directas a Silvia Prieto. En Argentina nos parece el máximo referente, lo amamos.

 

Y, con tantas referencias al romance: ¿capitalizaste tu trabajo en el amor?

 

No. En realidad voy a decir algo novedoso: nada de esa persona capitalizó, porque las chicas, novias o lo que sea siempre provienen de lados tan disímiles o tan poco relacionados a eso que no. Nunca tuve una mina que diga: “yo quiero salir con ese porque escribió una película”. Me encantaría, pero no pasó. Por otro lado, ¿qué me gustaría? Y sí, enamorarme, tener hijos, ser padre.