Sigue girando

Arriba las manos: para nuestra felicidad, los Muppets siguen estafándonos, ahora en tamaño extra large y con Ricky Gervais y Tina Fey como los protagonistas humanos de esta secuela.

Nota publicada en la edición 146 de HC.

Más. Esa es la ley de las segundas partes. Más estrellas, más locaciones, más producción, más cameos, más duración. Lo que hace una segunda entrega es convertir en clásico a la primera a la fuerza y darle confianza, expandiendo todas sus cualidades positivas y negativas, dependiendo del caso; como el borracho que es a la vez alma de la fiesta y su fin patético. Para el éxito de la secuela es imperiosa la necesidad de tener autoconciencia; saber que todo es pura cáscara y hacer de eso un parque de diversiones, una montaña rusa que recorra superficies de placer (ej.: Indiana Jones y el templo de la perdición).

Muppets 2: los más buscadosconoce la canción desde su título (“más”) y desde la primera secuencia musical, que por supuesto empieza en menos de un minuto: arrancando ahí donde terminaba la anterior (pero ya sin Jason Segel ni Amy Adams), los Muppets piensan en lo que harán ahora que ya volvieron y tienen al público de su lado, y se preguntan de qué puede ir una secuela (“We’re doing a sequel”). Entre una infinidad de respuestas absurdas, lo dicen: “Más de lo mismo”. Y Ricky Gervais les sopla la excusa argumental: “World tour”. Gervais es acá el segundo criminal más buscado después de la rana Constantine, un doble maligno de Kermit. Juntos usarán a los Muppets llevándolos de gira por teatros que están al lado de cada museo importante de Europa, los verdaderos objetivos delictivos de estos “number two”. “You’re number one, I’m number two”, le canta Gervais a Constantine, quien adora denigrarlo, pero que es también el segundo de Kermit, su reemplazo bizarro.

Los Muppets –como los Gremlins en su segunda parte, pero clase A y con menos viscosidad– son muñecos anclados en la modernidad. Así como sus efectos especiales son tangibles (goma unos, tela otros), también lo son los bordes mismos de sus films; y digo film no como sinónimo de película, sino para referirme a lo físico del fílmico. Los Muppets (estos y aquellos, que son siempre los mismos) tienen una única aventura a lo largo de su carrera: descifrar cómo se hace para continuar el show. Y tanto y tan bien lo han logrado que en la canción que da inicio a la película, mientras buscan un argumento para lo que vamos a ver, dicen: “En realidad, esta es la séptima secuela de Los Muppets”. Y es verdad, por eso nos encontramos ante una doble estafa; si las segundas partes son un robo en sí, por su característica histórica de parecer el paquete de un regalo vacío (ninguna secuela trata de nada, es solo el universo estético de la saga hiperexplotado), ni hablar de Muppets 2: los más buscados, que es una falsa segunda parte, que trata sobre cómo los Muppets son estafados por los boqueteros Gervais (el número 2) y Constantine. Este último ocupa, como réplica verde, el lugar de Kermit, porque Muppets 2 es también una película sobre el doble, a lo que se hace referencia muchas veces a lo largo de la película, como en ese chiste en el que Christoph Waltz es invitado al show para bailar un “waltz” (vals), o en esa canción que dice “The Muppets again, again”, reforzando la idea de eterno retorno, de puesta en abismo del robo, de ladrón que roba a ladrón que roba a ladrón que roba a ladrón. Otra que Brian De Palma.

Así es que, con su metalingüismo de peluche, los Muppets llevan hasta el ridículo las características de las continuaciones cinematográficas, y Muppets 2 pasa a convertirse enMuppets al cuadrado. Los cameos habituales en las segundas partes aquí se multiplican hasta el sinsentido con megaestrellas que aparecen por unos segundos, algunas con más y otras con menos gracia, pero todas como parte de un chiste general que los supera. Y la cantidad de momentos de humor se acumula tanto y es tan efectiva que es difícil resaltar uno de ellos, pero puede ser alguno de Tina Fey en el Gulag, como ese en el que les desea buenas noches a cada uno de los presos llamándolos por el nombre del personaje de ficción, y a Danny Trejo lo llama como Danny Trejo; o la canción de Constantine para seducir a Miss Piggy.

Hay un momento de la película en que Miss Piggy, por algo que no develaremos, canta de forma preciosa y hasta emotiva (en una película que no juega sus fichas a la emoción sino al juego puro, y tal vez por eso nos deja más distanciados que la anterior entrega): “How can something so right feel so wrong inside?” (“¿Cómo algo tan correcto puede sentirse tan incorrecto?”). En ese momento parece producirse otra vez el efecto espejo, ese del reflejo dado vuelta. Frente a una película en la que todo es pura farsa, puro delito fílmico, en la que como espectadores nos dejamos robar por unos muñecos infantiles, nos preguntamos: ¿cómo es que algo tan malo puede sentirse tan bien?

 

Nota al pie: Después de terminar esta nota, me di cuenta de que en esta misma revista (pero 24 ediciones atrás), refiriéndose a Los Muppets: la película, Diego Maté tituló su crítica “Conozco la canción”. Ese es el título que esta nota iba a tener hasta que me topé con esta vieja noticia. Con lo que intenta decir este texto sobre Muppets 2: los más buscados, que el título sea doble es de un nivel de delirio que vendría genial pero asusta. Así que seamos un poco más tradicionales y titulemos cada nota por su lado. Queda, entonces, el que pueden leer allá arriba, sugerido por el editor.

 

Muppets 2: los más buscados

James Bobin

Estreno: 1 de mayo

2014 / Estados Unidos / 112 minutos

Disney