Solo mal se lame

Este estreno papal que es Exorcismo en el Vaticano prometía mucho por la dirección de Mark Neveldine, parte de esa dupla explosiva llamada Neveldine/Taylor. Finalmente, ni cumplió ni dignificó, pero sí nos dio la excusa para escribir sobre los directores de Gamer y de la desbocada saga Crank.

Exorcismo en el Vaticanoes la primera película en solitario de Mark Neveldine, una de las dos mitades del dúo de realizadores conocido como Neveldine/Taylor (sic). Solo dos películas de las cuatro que dirigió el dúo tuvieron estreno comercial en Argentina: la primera, Crank, veneno en la sangre (2006), y la última, Ghost Rider: espíritu de venganza (2011), pero los dos ejemplos más acabados del estilo y el espíritu de Neveldine/Taylor, Crank 2: alto voltaje y Gamer, se estrenaron afuera en el mismo año (2009) y llegaron aquí directo a video, sin pasar por los cines. Y es una lástima, porque son dos películas que pedían a gritos ser vistas en una pantalla grandota y con el sonido lo más fuerte posible.

El de Neveldine/Taylor es un cine que claramente no es apto para todos los gustos. Pero esto es algo que se nota a simple vista: el estilo de estos muchachos es tan in your face que con solo ver un par de planos de un trailer uno sabe perfectamente con qué se va a encontrar. ¿Y con qué se van a encontrar? Bueno, con el cine más merquero del mundo; con unas películas que se mueven a un ritmo que hace que Tony Scott parezca Béla Tarr. Neveldine/Taylor hacen películas rápidas y furiosas –y encantadoramente pop: ahí tenemos aquel momentazo musical en Crank 2 donde Chev Chelios (Jason Statham) se reencuentra con su novia (Amy Smart), y en pleno beso de reencuentro suena la inmortal balada “Keep On Loving You”, de REO Speedwagon– sin importarles demasiado lo irritantes que puedan llegar a ser sus personajes, a quienes encuadran en primerísimos primeros planos en los que usa mucho el gran angular mientras los hacen gritar, putear y moverse de maneras (y a velocidades) en las que los seres humanos no suelen moverse (Crank 2 incluye a una adorable prostituta oriental que parece sacada de un dibujo animado).

Todo es extremo y exacerbado en el cine de Neveldine/Taylor, pero también es cinematográficamente impecable. Basta ver los extraordinarios primeros minutos de Gamer para darse cuenta de que lo de los trastornados estos va en serio: la película nos presenta un futuro en el que existen videojuegos con protagonistas humanos, y la primera secuencia de la película (luego de un pequeño montaje de imágenes de ciudades del mundo en las que vemos carteles publicitarios del juego en cuestión) nos muestra uno de los tantos tiroteos videojueguísticos a los que se enfrenta nuestro héroe, interpretado por Gerard Butler. Y Neveldine/Taylor resuelven esa secuencia de acción con una maestría de la que el 99% de los directores actuales de cine de acción carecen. Esta secuencia está coreografiada de forma milimétrica –a pesar de que los planos suelen ser de muy corta duración, todo lo que sucede se entiende perfectamente– y de manera poco convencional: uno de los principales rasgos de estilo de Neveldine/Taylor es que utilizan muchísimas cámaras para resolver sus escenas, y estas son cámaras de todo tipo: desde profesionales a cámaras caseras; en formatos diversos pero siempre dentro del terreno del video. Y, como si esto fuera poco, gustan de manipular estas cámaras de la manera más artesanal posible, lo que incluye el uso de rollers(sí, patines) y tablas de skate.

El año 2015 encuentra a Neveldine/Taylor filmando por separado: Brian Taylor se encuentra preparando una adaptación cinematográfica del videojuego Twisted Metal, mientras que Mark Neveldine estrena ahora Exorcismo en el Vaticano, una película que se aleja muchísimo de las películas de Neveldine/Taylor. Lo lamentable es que ese alejamiento no solo es temático sino también cualitativo: Exorcismo en el Vaticano simplemente no funciona. Como película de terror, no logra crear los climas apropiados, no aporta nada al génerom, y Neveldine ni siquiera sabe trabajar bien con los clichés como para lograr aunque sea un producto clase B que resulte mínimamente divertido. Y ahí está lo más sorprendente de Exorcismo en el Vaticano, más aún viniendo de quien viene, y es su carencia casi absoluta de ritmo. Si bien Neveldine decide recurrir a los planos cortos y el montaje veloz de sus películas con Brian Taylor (aunque, en este caso y por cuestiones genéricas y temáticas, termina recordando más a Estigma, de Rupert Wainwright; de hecho, la protagonista está bastante parecida a Patricia Arquette en aquella película), Exorcismo en el Vaticano termina resultando llamativamente aburrida.

En el último acto, y debido a algunas vueltas de tuerca y resoluciones un tanto disparatadas, la película mejora un poco, pero a esa altura ya estuvimos pidiendo a gritos y unas cincuenta veces por la vuelta del dúo Neveldine/Taylor.