Spirito del 87

En coproducción con Argentina, los directores Anahí Hoeneisen y Daniel Andrade filmaron 87, que cuenta el reencuentro de un grupo de amigos de la adolescencia. Entrevistamos a Andrade para que nos hable un poco sobre el cine de Ecuador y sobre este coming of age contado en dos épocas.

¿Cómo eran los 80 en Ecuador?

El Ecuador a finales de los 70 salió de una dictadura militar. Fueron regímenes militares más blandos que los de Argentina y Chile. Por esa razón tuvimos una cierta migración de gente que escapaba de esos países. Durante los 80s había muchas familias argentinas y chilenas que se instalaron acá. Algunas al inicio estaban de paso hacia países como México pero finalmente se quedaron. Cuando llega la democracia a Argentina mucha de esa gente empieza a volver o tiene planes de volver y se encuentran en ese momento en que no saben si quedarse o regresar. Por otro lado Ecuador había salido del boom petrolero que eventualmente le llevó a la crisis de la deuda externa en los 80s y en la época en la que se sitúa nuestra historia (1987) un gobierno de derecha bastante extrema estaba en el poder. El ambiente en general era tenso porque este gobierno peleaba abiertamente contra algunos grupos subversivos de izquierda que surgieron. Existía una violencia de estado y bastante represión y todos, aunque nosotros éramos pequeños en esos años, escuchábamos de gente cercana que estaba en líos. Ecuador es un país pequeño y Quito, donde se desarrolla la historia, es una ciudad en medio de las montañas que crecía lentamente. En esa época todavía habían barrios tradicionales en donde se mezclaba gente bastante distinta. Los chicos que jugaban juntos venían de familias que pensaban de maneras diferentes. Para los que éramos adolescentes supongo que las vida transcurría de otra forma…escuchábamos bastante música que venía de España, de Argentina y de Estados Unidos. Nuestros referentes del cine y de la televisión supongo que eran los mismos de toda Latinoamérica: muchas series americanas y las películas que ahora todos recordamos.

 

¿Cómo es filmar una película de época reciente, además independiente? ¿En qué se presta más atención de la reconstrucción?

 Desde el principio nos planteamos, por un lado no limitar la historia del 87 en planos muy cerrados, era importante ver la ciudad en ese tiempo. También estábamos conscientes de que  no podíamos gastar demasiado en grandes modificaciones. Por estas razones, optamos por un proceso largo de búsqueda de locaciones.  Se buscó lugares, tanto exteriores como interiores, que se hubieran quedado parados en el tiempo, que todavía conservaran el espíritu de la época. Al cabo de varios meses teníamos opciones de casas y calles que habían cambiado muy poco.  En vestuario también se hizo una búsqueda amplia entre cosas nuevas de moda retro ochentera y ropa y accesorios originales de esos años. A pesar de que no ha pasado mucho tiempo desde los ochentas el trabajo de ambientación, recolección y manufactura de utilería, vestuario y arte implican el mismo esfuerzo que  al recrear un momento más alejado en el tiempo. Para Alicia Vázquez, la directora de arte, además fue un intenso trabajo de investigación, ya que al ser argentina, tuvo que empaparse de la cultura visual de ese tiempo en Ecuador. Para eso el equipo de arte usó como referencia fotografías de la época del fotógrafo ecuatoriano Cristóbal Corral. La idea era recrear el ambiente que se respiraba en ese tiempo con detalles sutiles que reforzaran la historia más que limitarnos a imitar la moda pop de los ochentas. La decisión de usar material fílmico y no una cámara digital para rodar la película también fue importante en el tema de la reconstrucción, en nuestro imaginario visual esa época tiene el look inconfundible del celuloide así que decidimos jugarnos esa carta. 

 

Ya trabajaron antes juntos, ¿cómo es dirigir de a dos? ¿Piensan seguir hacéndolo?

La idea de dirigir juntos se dio de manera muy natural. En nuestra primera película (Esas no son penas) no teníamos nada planeado salvo que yo me ocuparía de la cámara y la luz y que Anahí trabajaría con los actores. Poco a poco las cosas se fueron mezclando y como ella actuaba en algunas escenas yo tomaba esas responsabilidades. En ese momento decidimos que sería una codirección y poco a poco nos mezclamos en los roles. En Ochentaisiete escribimos juntos el guión entonces hablábamos bastante de la forma en que rodaríamos las escenas. Al momento de rodar hacíamos la puesta en escena juntos y decidíamos los movimientos de la cámara y los actores entre los dos. De todas maneras Anahí siempre está más cerca de los actores y trabaja mucho con ellos y yo estoy en la luz y en la cámara. Tenemos otros proyectos que se vienen pero todavía no sabemos qué va a pasar. Yo diría que sí volveremos a trabajar de esa forma…espero que ella piense lo mismo… 

 

¿Pensaron en algunas influencias, ya que el coming of age es un género ya muchas veces transitado?

 La verdad no teníamos influencias específicas en ese tema. Hay películas que nos gustan mucho a los dos y a las que volvemos bastante pero que nos interesan por el uso del lenguaje visual, por la naturalidad en la actuación o por la manera en la que se mueve la cámara. El tema del coming of age ha sido muy explorado y queríamos intentar algo distinto al hablar de los dos tiempos en paralelo. Igual tenemos películas que siempre nos han interesado o que nos divertían cuando fuimos adolescentes que sí las revisamos. Cuando estábamos en nuestra primera etapa de edición con Andrés Tambornino en Buenos Aires él nos dijo que había escenas que le recordaban a Stand By Me pero nosotros no la habíamos visto hace muchísimos años así que salimos corriendo a comprarla para verla, pensar un poco en las cosas que nos complicaban en ese momento y buscar esa inspiración que uno siempre espera que llegue en la edición. El tema de trabajar dos épocas al mismo tiempo siempre nos pareció el más arriesgado, sobre todo en las transiciones y en el casting. Vimos varias cosas intentando encontrar respuestas para eso (Once Upon a Time in America,Mystic River,A Guide to Recognizing Your Saints).

 

¿Cómo está el cine ecuatoriano actualmente?

Esa es una pregunta compleja. Ha crecido mucho en los últimos años. Se filma más películas, mucho más películas. La pequeña industria que tenemos se ha agrandado, ha madurado en muchos aspectos. Lamentablemente la relación con el público ha cambiado un poco y tenemos menos gente en las salas. Suponemos que es un proceso natural de las cinematografías nuevas pero siempre es frustrante y vuelve todo el círculo de hacer una película mucho más complejo. De todas formas es interesante ver cómo surgen nuevas voces con ideas e historias nuevas. Todo nuestro cine es independiente y no se debe a nadie más que a los que lo hacen. Eso trae cosas muy buenas pero también ciertos problemas. Nuestro sistema de fomento está cambiando en estos meses pero es un modelo que necesita mucho apoyo financiero privado entonces un tropiezo tiene consecuencias muy graves y todavía no entendemos eso muy bien.  Siempre estamos inventando maneras nuevas de hacer nuestras películas porque sigue siendo muy complicado financiar un proyecto y ponerlo a andar. Se vienen cosas interesantes, eso seguro.

 

¿Qué esperan del estreno en Argentina?

Desde que nació el proyecto hace varios años Argentina estaba presente en la historia. Anahí empezó a escribir a partir de una investigación que hizo de una familia argentina que se exilió en Ecuador y que al final se quedaron. Por eso, cuando surgió la posibilidad de coproducir con Pepe Salvia de Doménica, todo se vino de manera natural. Ahora que la película va a estar en salas en Buenos Aires para nosotros es como llegar al final de ese proceso. Nos interesa mucho que se vea y que se hable de la película, tenemos muchas ganas de escuchar qué piensan de Ochentaisiete. En Ecuador no se lee y no se escribe mucha crítica cinematográfica y hay un debate constante alrededor del tema entre cineastas y críticos. Supongo que eso viene también de ser una cinematografía nueva. Nos interesa mucho leer crítica de la película. Sabemos que eso no es siempre fácil para los directores pero a nosotros nos gusta mucho escuchar los que se dice de nuestro trabajo aunque no sea necesariamente bueno. Creemos que eso nos hace avanzar y afrontar los siguientes proyectos de otras maneras. Claro que si dicen cosas lindas de tu película siempre es buenísimo pero que te apuñalen también suele ser interesante. Doloroso pero interesante. Viajamos bastante seguido a Argentina y es un país que queremos mucho así que pensar que se va a estar proyectando por ahí ya nos pone felices. Además varios miembros clave del equipo están allá: Michel Noher que es uno de los actores protagónicos, Alicia Vázquez directora de Arte, Pepe Salvia y Laura Tablón que son los productores ejecutivos, Sebastián Arzeno, nuestro querido foquista y Andrés Tambornino que estuvo con nosotros en la edición. Nos da mucho gusto que la puedan ver finalmente en salas.