Suena tremendo

En Berberian Sound Studio, un sumiso ingeniero de cine sufre todo tipo de maltratos cuando llega a un estudio de grabación extranjero para trabajar en el diseño sonoro de una película de terror. A partir de este brillante tratado sobre el sonido en el cine, una reconocida sonidista argentina reflexiona acerca de las pesadillas que sufre a nivel local un rubro demasiado menospreciado.

Nota publicada en el número 144 de Haciendo Cine.

No voy a hacer un análisis ni una crítica del film. Como soy sonidista, no me corresponde. Aunque ganas no me faltan y herramientas me sobran, haré mutis por el foro y utilizaré en cambio algunos de estos conocimientos aprendidos durante cinco años en la escuela de cine para aportar algo que atañe a mi limitado rubro. Sé que el sonido es para muchos “el último orejón del tarro cinematográfico”, como me dijo una vez un septuagenario y polémico crítico de cine en una acalorada discusión por Twitter.

Yo terminaría su insultante frase agregándole la palabra “nacional”. El sonido es sin dudas “el último orejón del tarro cinematográfico nacional”. Esto queda claro en los precios que se pagan acá en comparación con los del mercado internacional, lo cual implica que el tiempo que se le puede dedicar al trabajo es infinitamente menor que el que corresponde. Sin entrar en discusiones macroeconómicas, simplemente les pido que investiguen qué porcentaje del presupuesto total se dedica al sonido en una película local en comparación con un país vecino como Brasil o Chile. Ni hablar de Estados Unidos, Canadá o Europa. Pero el dinero no solo no es el único problema, sino que ni siquiera es el problema principal. El gran inconveniente es el tiempo que se le dedica aldiseño sonoro en la escritura del guion, que podría decirse que en nuestro hermoso país es nulo. Ya no hablo de verdes billetes, sino de materia gris.

En conclusión y repitiendo: el Bing Bang del diseño sonoro de una película es justamente lo más desatendido del cine argentino, y con esto me refiero al momento de la escritura del guion. No quiero sumar confusión a mi incomprendido rubro, por lo que aclaro desde ya que no es el sonidista quien debe trabajar en esta instancia. Este trabajo tiene que ver con una reescritura sonora del director y/o del guionista.

El modus operandi cinematográfico local es el siguiente: 0- guion; 1- busco plata; 2- rodaje; 3- montaje; 4- (toc, toc) “Hola, tengo una película y quiero un gran diseño sonoro”. ¡Tarde piaste! Observen que en mi breve descripción ya hay diseño sonoro (foley: el “toc, toc” y un diálogo)… y fue sin querer.

No pretendo que crean que de esta manera libero a los sonidistas de toda la responsabilidad creativo-sonora de un film. Pero casi. Un sonidista es simplemente alguien que resuelve técnicamente, con elementos y conocimiento, un núcleo dramático o narrativo que ya fue colocado deliberadamente con anterioridad y que debe funcionar de manera específica con una intención para guiar al espectador hacia tal o cual lugar. Berberian Sound Studio es casi un demo de las posibilidades que ofrece la utilización de este recurso. Obviamente no hablo de la trama del film, sino del guion sonoro de la película misma. Queda clarísimo que absolutamente todos los recursos sonoros de la película funcionan narrativamente y están colocados como parte de una partitura maestra que está minuciosamente detallada en el guion. Lo explícito del recurso en esta película es la clave por la cual las personas que la vean se asegurarán un Curso Gratis de Guion Sonoro. O bien los espectadores interesados podrán entrenarse en el decoupage auditivo necesario para poder comenzar a manejar este tipo de nivel narrativo en sus obras.

La utilización de este recurso no les asegura una obra maestra. Pero puedo afirmar que el manejo pensado, cuidado y estetizado de los recursos sonoros intervinientes en un film, siempre y cuando tengan un sostén dramático específico, aportará infinitas sensaciones extra, mucho más sutiles, delicadas y poéticas que las que pueden aparecer con cualquier otro significante utilizado en el texto cinematográfico. El “ejemplo nacional” es sin duda Lucrecia Martel, que en sus charlas y entrevistas habla de este asunto con bastante más paciencia y poesía que yo en este artículo.

Antes de terminar, quisiera que quede claro que manejar estos recursos no tiene lugar solamente en cierto estilo de cine “de autor”. Si no miren cualquier película de Spielberg, empezando por E.T., el extraterrestre, y contabilicen los recursos sonoros que aparecen en el film desde la instancia del guion. Cuántas veces habré escuchado que el sonido es el 50% de una película. Ergo, si no lo utilizan, no hacen una película; hacen media, con suerte.

 

*Un oso rojoLos rubios Tesis sobre un homicidio son algunos de los tantos títulos en los que trabajó. Recientemente, lo hizo en El misterio de la felicidad, El crítico, Deshora y La parte ausente, entre otras.