A Touch of Sin

Reseña publicada en nuestra edición 142.

En un registro un poco más visceral que aquel al que nos tiene habituado, con A Touch of Sin (2013) Jia Zhangke parece expandir, buscando nuevas aristas, una pregunta que acompaña su obra desde siempre: ¿a qué precio pagará la sociedad china las grietas de la nueva realidad macroeconómica? Esas preocupaciones se expresaron –en los últimos capítulos de su filmografía tanto ficcional como documental– a partir personajes atónitos que se sitúan ante inmensas obras en construcción o la explotación minera (Naturaleza muerta), en los entretelones de los trabajadores precarizados del Beijing World Park (The World) o en el vertiginoso proceso de mutación y explotación de la industria textil (Useless). En A Touch of Sin (ganadora del premio al Mejor Guion en el Festival de Cannes) un tono pesimista atraviesa cuatro historias conectadas vagamente entre sí. Es tal vez el opus más clásico del director chino; en él busca encontrar una mínima ligazón con el cine de género: el policial y las artes marciales –con buenas dosis de sangre derramada– aparecen aquí al menos tangencialmente. A partir de un puñado de personajes y con su ya conocida sofisticación narrativa, Jia particulariza situaciones que intuimos universales: la corrupción del Partido, los flujos inmigratorios y diásporas en busca de empleos más dignos, la prostitución vip, las mafias, el desastre de la gran urbe.