Tres es multitud

Good Night Mommy, de Severin Fiala y Veronika Franz

En una nota en otra publicación sobre La bruja, enumeré una serie de películas de terror que, a diferencia del bizarrismo local –que es puro guiño adolescente e incapacidad cinematográfica total–, intentan embellecer el género, hacerlo más serio. Sin embargo, las dos maneras opuestas de abordarlo establecen una distancia y una falta de conocimiento de lo que se cuenta. Si por un lado hay una festividad canchera que se da cierto estatus despreocupado basado en una gracia fácil para amigos un poco ignorantes, por el otro también hay cierta búsqueda de respetabilidad (más respetuosa a la vez, cierto) en hacer de un género popular una obra de presunta vanguardia. Como sea, es claro que después de los estrenos (y entre estas películas las hay de todas calidades) de The Babadook, Te sigue, Una chica regresa sola a casa de noche, Cuando despierta la bestia, La bruja y la que nos trae, hay una inquietud por ver estas películas de terror artie, algunas, como La bruja o The Babadook o Cuando despierta la bestia, lamentablemente qualité.

En Goodnight Mommy, más allá de su origen frío, hay un montón de cinefilia que se contiene solo por la sobriedad de sus planos, pero que en realidad demuestra el carácter para nada pretencioso del director. Un poco de Les yeux sans visage, de La piel que habito, de Los otros, de Sexto sentido confluyen en esta historia de unos gemelos que de un día para el otro se encuentran a su madre con la cara vendada por una cirugía estética y dejan de reconocerla. La casa de diseño (¿escandinavo?, ni idea, la verdad) en la que la familia habita en el medio de un bosque en soledad es su propio castillo del terror aséptico y sofisticado. En esa mansión-cárcel, la irreconocible madre tomará una actitud violenta y distante y los chicos comenzarán a desconfiar de su verdadera identidad. Así, los directores (también dos) trabajan sobre tópicos cinematográficos ya recontra hechos como el reflejo, el doble, la identidad, la momificación y la mirada, pero el terror siempre puede darse ese lujo cuando se asume como género. Lo más interesante de esto es que Severin Fiala y Veronika Franz emplean todos estos elementos para generar una dirección de arte esquizofrénica, inquietante y hasta atractiva, porque ni el mundo de la actuación o el modelaje faltan en esta película de escenario tan comprimido (Passion, de Brian De Palma, también está en Goodnight Mommy, y ahora se me ocurre que hasta el director italoamericano también dice presente incluso en el título).

Es difícil hacer una crítica real de Goognight Mommy sin revelar un par de giros, sobre todo la vuelta de tuerca del final. Lo más interesante que tiene es que no se conforma, como otras películas de esta época, con darle belleza a una trama terrorífica, y que el psicologismo, más allá de que la historia se preste para eso, como en The Babadook, es eliminado automáticamente por la acción. Si bien hay planos de absoluta belleza, de elegancia calculada, la película no duda en ser salvaje y cruel cada vez que lo necesita. Al principio, la madre puede ser hostil, maltratadora y peligrosa; después los roles se invierten y los niños son capaces de descargarse y de someter a su procreadora a las peores vejaciones en pos de conseguir la verdad que quieren. El final tiene el recurso de una de esas vueltas de tuerca propias de La dimensión desconocida que en los largometrajes a veces resultan difíciles de digerir, pero el nivel de salvajada tiene la fuerza suficiente para dejarlo hecho cenizas. Además, hay que ser honesto y darle la derecha a quien avisa, porque no traiciona. Y Goodnight Mommy avisa desde el primero hasta el último plano.

 

Goodnight Mommy

Ichseh, ichseh

De Severin Fiala y Veronika Franz

2014 / Austria / 99’

Estreno: 28 de abril (LATE)