Un mundo absolutamente retorcido

Frontal y sincero como casi ningún director en el cine argentino, y con mate en mano, Israel Adrián Caetano habla de todo y de todos: su aburrimiento para hacer y ver cine sobre las clases bajas, sus ganas de “escapar de sí”, su relación con Twitter, su fallido paso por la dirección en el documental de Néstor Kirchner, su preferencia por hacer películas por encargo y, por supuesto, entre otras cosas, de su última y gran película Mala, un viejo sueño que quería cumplir desde las épocas de Pizza, birra y faso.

Para los que lo seguíamos en Twitter, es una pena que Israel Adrián Caetano haya cerrado su cuenta. “Perdía demasiado tiempo” es su explicación casi previsible. Y si bien por momentos podía inundar tu timeline con demasiados tweets en mayúsculas, siempre era interesante chusmear qué dice un tipo que nunca se guarda nada. Aprovechamos el estreno de Mala para reencontrarnos con él, suplir la carencia virtual y hablar de este nuevo giro en su carrera, de este nuevo “escape de sí mismo” como él lo llama. Mala es una película, como el director define, oscura y retorcida, con personajes dominados por pasiones enfermas, sometidos a la voluntad siniestra de sus propios fantasmas. Mala es Florencia Raggi, asesina a sueldo de hombres que maltratan mujeres y presa de un pasado tormentoso, como sus empleadores y sus víctimas. Malas también son Liz Solari, Brenda Gandini y María Duplaá. Todas son la misma y al mismo tiempo son otra. En ese mundo extraño y sensual,  de cuerpos perfectos y abundancia material, los personajes resuelven, sin mucho diálogo, las desesperaciones que creó el amor. “Creo que es una película oscura, pero no de una oscuridad temible, no es sórdida, es una película que tiene un tono, por la música, los encuadres, la fotografía, que te mete en un lugar oscuro pero no es como decirte... La masacre de Texas. Es una oscuridad más cercana a lo enigmático”.

 

Estuve leyendo entrevistas que te hicieron hace bastante tiempo, y ya nombrabas varias ideas presentes en Mala. ¿Cuándo surgió la película?

Fue hace tanto que casi no me acuerdo, pero es de la época, creo, de Pizza, birra, faso. En esa época la que no tenía en la cabeza era justamente Pizza... Pero Mala siempre estuvo ahí, así que busqué los apuntes que tenía sobre la película (que ya estaban totalmente amarillos) y me puse a reescribir el proyecto.

 

¿Cómo fue ese proceso de reescritura?

Quien me ayudó mucho con eso fue Natalia Oreiro, con la que quedé con una muy buena relación después de Francia. Ella me ayudó un montón, me dio mucho apoyo. En principio ella iba ser la protagonista pero luego se embarazó y no pudo ser. Otra persona que me ayudó mucho fue LucianaPiantanida. Hasta ahí yo había escrito un guión con Bruno Hernández que era más que nada un híbrido. Cuando llegó Luciana, le dio una mirada femenina y ahí se aclaró mucho más el tema.

 

¿Qué te aportó esa mirada femenina?

En realidad lo de la mirada femenina es una tontera. Fue la mirada profesional que tenía Luciana, que es una gran guionista, la que me ayudó. Con ella el guión se consolidó. No obstante hubo algunas cosas que con el rediseño de producción quedaron afuera, porque una cosa es lo que uno imagina y otra lo que la realidad económica te permite. Y eso cambió una película concebida absolutamente como de acción y de un género unívoco, a algo más enigmático, algo que yo no tenía pensado inicialmente. Vos leías el primer guión de Mala y era de millones de dólares, y si bien la imaginación puede suplir muchas cosas llega hasta un punto. Tampoco quería una película que me quedara medio berreta. La rediseñamos y quedó una muy oscura y con una mezcla de géneros que no había imaginado.

 

Elegiste actrices más identificadas con la televisión que con el cine, y las pusiste en lugares extraños, respecto a los que ocupan en los medios. ¿Tuviste en cuenta eso al momento de asignar papeles?

La verdad es que no tengo mucha idea de lo que está hoy en los medios. Hasta mitad de año estuve muy metido en Internet y ahora me volví a salir. No estuve mediatizado para nada. A Juana (Viale) la conocía sólo de nombre. Lo mismo con Florencia (Raggi). No había visto trabajos suyos. Pero no, la verdad es que nunca podría tener en cuenta esas cosas a la hora de elegir una actriz para una película.

 

¿Cómo llegaste a este juego de las cuatro actrices interpretando un mismo personaje?

Había un riesgo muy grande de que si lo hacía una sola actriz podía caer en el disfraz y no me convencía. Lo pensé varias veces y después se me ocurrió tomar este riesgo.

 

¿Y cómo se trabajó? ¿Cómo se trabajan los puntos en común y las diferencias?

Para mí lo interesante es que no tuvieran ninguna coincidencia, más allá de algún gesto característico, como el movimiento que hacen con el cuello, por ejemplo. La primera vez que cambia Liz Solari por Raggi no entendés nada, de a poco vas entendiendo y entrás en un sistema donde los géneros se empiezan a cruzar. A ratos tiene más cosas de cine fantástico o terror que de acción o policial. Incluso por momentos es bien melodramática y sangrienta, después va ganando espacio un mundo absolutamente retorcido. Mi idea era esa, construir un mundo absolutamente retorcido. Mostrar que el amor en estos personajes… es una porquería.

 

¿Mala es una película feminista?

Cuando empecé a escribir la película todavía ni estaba en la mesa el tema de la violencia de género. Decir que esta película es sobre ese tema es venderla equívocamente. Quizás es feminista, pero desde otro lugar, porque son las mujeres las que se apropian de un género que siempre ha tenido que ver más con los hombres. Pero no... no es feminista, en verdad. Lo que sí tiene es admiración cinematográfica con las mujeres. No es Sex and the city, no son mujeres bobas hablando cosas de mujeres. No hay nada femenino en la manera de actuar de Mala, tampoco masculino, sino algo más animal. Si tienen que degollar a alguien lo hacen y ya.

 

En algún momento mencionaste que no querías aprovecharte de la belleza de las actrices y hacer alharaca de los cuerpos. ¿Cómo se maneja eso en una película como Mala que tiene tanta sensualidad?

En la contradicción. Vos ves una escena y cuando empezás a sentir empatía, la mina hace otra cosa y no sabés si te cae tan bien lo que hace. Todos los personajes están como con un defecto que los hace medio deformes. Por lo menos eso me propuse. Es decir, sí, es sensual pero tiene una sensualidad esquizofrénica, oscura.

 

Gradualmente tus historias fueron ascendiendo socialmente. Arrancaste desde lo marginal y se fueron corriendo hasta llegar a una película como Mala donde el dinero no es una limitación para nadie.

Sí, me gusta porque de a ratos parece Dallas o esos culebrones brasileños o colombianos (risas). Quería situarla ahí, en un lugar de gente adinerada, el campo, mansiones, camionetas, caballos, esas cosas.

 

¿Tiene también que ver con alejarte lo más posible de un cine de marginales y clase baja, del que te habías hartado?

No, tiene que ver con que hay un montón de gente que lo está haciendo y me aburrí de hacerlo yo. Que lo hagan los demás. Es como el asado, si alguien lo hace mejor que vos que lo haga. Yo haré otra cosa. Me alejé porque sobre esa clase social ya nadie contaba nada, se metían con ella porque era atractiva a un grupo intelectual de clase media comprensiva para con la clase baja y porque es un cine que se vende bien en Europa.

 

¿Creés que Mala tiene menos expectativa de exportación que otras que dirigiste?

Nunca la pensamos para mandarla a ningún festival. Creo que la vieron acá en Ventana Sur, pero nunca fue nuestra intención apurarnos para llegar a tal o cual festival. Tampoco creo que haya filmado tanto cine marginal. Pizza..., La expresion de deseo, el resto no son marginales precisamente. Más allá de eso, yo sé que es más fácil conseguir asociados para hacer ese tipo de películas, que arriesgarse a hacer una de terror, o realmente personal. Yo trato de escaparme de mí mismo y hasta ahora me viene resultando. Además, ese cine es casi una moda, cine tranquilo, sin riesgo, grandilocuente a pesar del bajo presupuesto, cine que parece absolutamente comprometido social y políticamente y no lo es, son postales de un edificio en Libertador sobre la Villa 31. A mí hoy eso no me interesa y creo que no me va a interesar más. Ahora este año estuve trabajando para una serie de HBO, Prófugos, sobre narcotraficantes. Eso sí podía ser marginal, pero es más que nada un policial, con mucha acción y tiros.

 

El tema de la libertad siempre aparece en tu discurso. ¿Cómo se maneja el tema de la libertad creativa en un trabajo por encargo?

Tuve mucha libertad trabajando en HBO. La verdad que trabajando por encargo, y con libertad, es cuando mejor me siento. Con Mala o con Francia me pasó que sentí una responsabilidad enorme al tener la libertad en mis propias manos. Cuando te llaman de encargo está bueno: cobrás un sueldo, hacés la película y ya. Te concentras más en cómo filmar.

 

¿Hacer Mala es una revancha de la experiencia de Disputas? Quiero decir, la revancha de contar una historia con mujeres.

Y puede ser. A mí siempre me gustaron las mujeres y mucho más filmarlas. Igual no me arrepiento de haber agarrado Disputas porque me divertí. El tema fue que me empezó a romper mucho los huevos. Había mucha gente opinando. Estábamos metidos yo, Telefe, Tinelli, Sebastián Ortega, y yo en un momento me rendí porque los guiones no eran nada buenos.

 

¿Cómo es esta experiencia de que una major como Disney se ocupe de la distribución?

De eso se está ocupando más Juan Pablo (Gugliotta, productor), pero me parece bueno porque siempre el eterno problema del cine argentino es la distribución. Caer en el MALBA, ese tipo de cosas. Hay gente a la que le gusta caer en el MALBA, no sé. Y no es que me disguste, sí me disgusta caer solamente en el MALBA.

 

¿Creés que el cine de género argentino puede funcionar bien comercialmente?

La gente busca cine de género, por eso le ha ido tan bien a El secreto de sus ojos. El cine de género siempre funciona, pasa que acá se hace de una manera absolutamente comercial, entonces es “hagamos género para meter gente”, y eso no va. No funciona como receta. No sé... tengo ganas de meterme a ver el festival de cine de terror, pero me parece que hay gente que no se toma en serio el género. Hay muchos realizadores que ven hacer cine de género como algo poco serio, algo jodón y eso no está bueno.