Un viaje en Gomes

Con ánimo lúdico, sarcástico y agudamente reflexivo, el talentoso director de Tabú indaga, en menos de media hora, en las fibras íntimas de cuatro líderes políticos europeos.

Hace tiempo que el cine de Miguel Gomes tiene peso en el Bafici, y eso no fue diferente este año. Con Redemption el cineasta portugués sigue dejando marcas de su enorme talento, que reúne melancolía, ironía y sentido del humor en un cocktail de explosivos trazos cinéfilos que viajan desde Chris Marker hasta Vittorio De Sica.

El corto de Miguel Gomes habla del pasado y del presente, en ese ir y venir (sobre todo en el tiempo) que tanto le gusta al cineasta portugués que en Tabú dio una clase magistral sobre el paso ambulante entre distintos espacios y tiempos. Redemption se inspira en ese magnífico vagabundeo romántico y construye un documental que es mentira (algo que Gomes ya tocó muy de cerca en su largometraje Aquel querido mes de agosto), o que, bueno, es una mezcla entre documental y ficción compuesta por cartas supuestamente escritas por personalidades de la política europea actual. Las cartas son leídas en off por sus autores –personificados por las voces de Jaime Pereira, Donatello Brida, Jean-Pierre Rehm y Maren Ade– mientras una serie de imágenes ficcionales y documentales se suceden en la pantalla. Esas son imágenes de archivos que tocan desde películas caseras hasta el neorrealismo italiano (hay escenas de Milagro en Milán), y desde lo más íntimo de una boda hasta lo más multitudinario de un acto político.

Redemption se divide entre cuatro episodios que se corresponden con las cuatro cartas que se van leyendo y que, luego de algunas pistas, veremos que están firmadas por Pedro Passos Coelho, Silvio Berlusconi, Nicolás Sarkozy y Angela Merkel. Entonces, en esta película epistolar, Coelho niño habla de haber tenido que abandonar un revolucionario Mozambique para irse a Portugal; Berlusconi reflexiona sobre su enamoramiento con la hija de un fascista (Alessandra, la nieta de Mussolini), a quien le dirige esa carta; Sarkozy le escribe a su hija y se reprocha por no haber sido un padre más real; Merkel recuerda su boda, su felicidad, su militancia. Entonces todo va y viene (de nuevo, viaja), de lo público a lo privado y de lo privado a lo público, y todo va y viene también desde allí hacia lo político. En ninguna de las cuatro cartas sus autores dejan de mostrar alguna debilidad (Berlusconi le pregunta a Alessandra si votó por él, por ejemplo). Y ahí es donde el director combina datos de la vida privada de estos políticos (como las relaciones que se sabe que tienen o han tenido) e ironiza poniéndolos en un contexto que podría haber sido real pero que, planteado como en estas cartas, resulta desopilante. Todo eso es Gomes en estado puro, y es su cine saliéndonos hasta por la nariz. Y todo eso es una muestra de una extrema intensidad reflexiva, y de una sensibilidad que rebasa cada poro de esta película que resulta romántica y melancólica, irónica y sarcástica, graciosa y deprimente a la vez.

“Hay un lugar en la mente de las personas que combina la realidad y lo imaginario cuando la imaginería es utilizada de forma lúdica”, dijo el director luego de la proyección de este cortometraje en el Festival de Venecia. Redemption ocupa ese lugar porque Gomes nunca deja de jugar, ni acá ni en una pizca de todo su cine, que es cada vez más grande.

JU 10, 22.50, V. Recoleta; DO 13, 13.40, A. Belgrano; DO 13, 18.30, A. Belgrano