Una historia violenta

Filmada en la provincia de Formosa, El corral refleja el universo que habitó su director novel durante la adolescencia. Fusionando varios géneros, Sebastián Caulier narra una historia donde la violencia es la verdadera protagonista del relato.

¿Cómo fue la experiencia de haber trabajado con tantos actores nóveles?

Fue genial. Ensayamos bastante antes de salir a filmar, aproximadamente tres meses. No para que los actores se memoricen los textos, sino para encontrar los personajes, las situaciones y el tono. No creo en esa idea romántica del director que tiene la película en la cabeza: creo que hay que salir a encontrarla. Se la va encontrando en varias etapas, y el ensayo con los actores es, para mí, una de las fundamentales. Recién ahí, cuando finalmente veo en carne y hueso lo que en el papel era solo una abstracción, puedo saber qué es realmente eso que escribí. Patricio Penna me dio un Esteban mucho más cómico que el que yo había escrito, que era un personaje más denso, más oscuro. Y Felipe Ramusio Mora, por otro lado, me dio un Gastón más humano, más frágil que el que yo tenía pensado. En todo este proceso de ensayos me ayudó muchísimo María Laura Berch, que fue la directora de casting y la coach de actores. El trabajo con ella me hizo redefinir a los personajes y llevarlos a lugares insospechados.

 

¿Por qué la elección de Formosa para la filmación?

Porque, si bien el argumento es una ficción, tenía ganas de contar la adolescencia y el secundario que yo viví, y esa adolescencia transcurrió en Formosa en los años noventa. Así que la razón de filmar ahí es puramente emocional. Al margen, si bien suelen decirme que la trama de la película es universal y que podría haber ocurrido en cualquier ciudad chica del mundo, yo siento que esta historia solo podría haber pasado ahí, en esa ciudad y en esa época. No puedo imaginar este argumento fuera de esas de circunstancias concretas. De todas maneras, tanto en esta película como la anterior (La inocencia de la araña, 2012), que también filmé en Formosa, me concentré en los personajes, la trama y las situaciones, no en tematizar sobre la provincia. En ambas películas, Formosa funciona como atmósfera, como universo, como un manto invisible que cubre todo lo que pasa, pero no como protagonista.

 

¿De qué idea central nació el guion?

El germen de la historia nació hace doce años en un taller de guion. El detonante específico fue un recuerdo del secundario que de hecho quedó en la película: a un amigo mío, un día a la salida de gimnasia, lo persiguieron tirándole piedras hasta hacerlo caer de la bici. A esto se le fueron sumando más vivencias y personajes de esa época, y poco a poco empezó a tomar forma de historia. Frente a la pregunta de si la película es autobiográfica, respondo: el argumento no, el universo sí. En un momento me estanqué con el guion, lo abandoné y seguí con otra historia, ambientada en el mismo universo, que terminó siendo mi primera película. Después de varios años decidí retomar El corral (estuvo como seis años guardada) y volver a escribirla de cero. Ahí sí salió.

 

¿En qué te benefició la mixtura de géneros a la hora de contar la historia?

Siempre me acuerdo de esto cuando tengo que rellenar el formulario de inscripción a un festival y no sé qué carajo poner en el apartado de género. Esto debe ser así porque no pienso en un género cuando escribo ni cuando dirijo. Pienso en tonos. Para mí el género es la fosilización del tono, su institucionalización. Fue muy clarificador darme cuenta de esto. Creo que esta película es como yo: multitonal (no confundir con ciclotímico). Está en una encrucijada entre lo cómico, lo trágico, lo adrenalínico y lo macabro. Fue fluyendo así, naturalmente. En el proceso de edición, con Federico Rotstein (el montajista) nos encontramos con material que parecía un poco de película de terror, un poco de comedia, un poco de drama y un poco de acción. Yo quería mantenerla así, ambigua, esquiva a la clasificación. Así que con esas cuatro notas como puntos cardinales (comedia, drama, acción, terror) armamos algo así como la brújula tonal de la película.

 

¿Creés que esta película podría cumplir algún rol pedagógico con respecto al bullying?

Puede ser que lleve a algunos espectadores a reflexionar sobre el acoso escolar y el rol de las instituciones, sobre todo si son personas ligadas a la educación que lidian con esto todos los días. Aunque sería falso decir que concebí la película como una denuncia de esa problemática. Como dice el narrador al principio, en esa época (y en Formosa) no existía el concepto del bullying: era la vida misma. Como ponerse el uniforme, hacer la tarea o cantar el Himno en los actos. Como no tenía nombre, no existía. Así está contado en la película: como parte de la rutina. Lo que le pasa a Esteban no es por ‘culpa del bullying’, sino que es resultado de una situación de desamparo total (institucional, familiar, afectivo) que tiene que ver con una sociedad incapaz de pensar realmente la adolescencia. Si no fuera así, no nos venderían como mejor etapa de la vida la que en realidad es la más difícil.

 

El corral

De Sebastián Caulier

2017 / Argentina / 90’

Estreno: 22 de junio (Aura Films)