Usurpadora de cuerpos

Junto a dos actores mediáticos, y una producción y distribución que es la más voluminosa en su carrera a la fecha, Anahí Berneri vuelve a dejarnos sin aliento con Aire libre, radiografía íntima y física de un matrimonio agobiado por la rutina y en estado de crisis. En esta nota, hace un elogio del caos como impulso vital del rodaje, defiende la entrega exigida a sus actores y equipo técnico y asegura: “Esta es mi película más abierta, más amena, aunque cuando digo esto alguna gente piensa que estoy loca”.

Como dice la directora, Aire libre es una película más abierta, más accesible, más amena que las que suele filmar. Sus planos más amplios que en el resto de su filmografía y la mayor cantidad de locaciones, personajes y eventos narrativos parecen abrir el juego. Como en un proceso de mímesis con sus protagonistas –una pareja de hace años, interpretada por Leonardo Sbaraglia y Celeste Cid, que necesita espacio–, Aire libre intenta salir de su propia privacidad hastiada, pero se choca inevitablemente con una pared autoral imposible de tirar abajo. Todo el cine de Berneri, físico hasta lo íntimo, está en Aire libre. Si en Por tu culpa la pareja aparecía lateralmente, vinculada por un hijo en peligro, en Aire Libre Berneri se aboca a esta dinámica y filma, como siempre, la delgada línea que, en el contacto físico, une el cariño con la violencia, la pasión con el peligro.

 

¿Aire libre podría ser leída como una precuela de Por tu culpa?

Están los mismos mecanismos. Hay escenas cotidianas que apelan a la identificación del espectador con los personajes y que, de alguna forma, lo que intentan es generar tensión en quien las ve. Las escenas cotidianas, que producen identificación, hacen que la tensión se vuelva natural. Esa es la intención. Y sí, tenía ganas de seguir trabajando con la familia, seguir trabajando con la pareja, que me había quedado pendiente por haberme dedicado más enteramente a la crianza en Por tu culpa. Entonces, de alguna manera, esta película sí tiene algo de precuela. Se pregunta sobre el amor y el deseo en el matrimonio, y sobre el paso del tiempo y la rutina.

 

Desde Un año sin amor que el tema central del cine de Berneri son los cuerpos. Los cuerpos como portadores de virus y de historias, como depositarios del deseo ajeno, como rincón materno donde refugiarse, como superficie alérgica y reactiva de la cual salir expulsado. En Aire libre, a las escenas de sexo se llega por desgano, por provocación, a la fuerza, con insultos y a las piñas; de las mil maneras que toma la pasión, el vínculo afectivo de años. Y sus protagonistas son dos estrellas, casi sex symbols, que viven en gran parte de su imagen, pero que aquí se dejan ver sin el velo del estrellato. Leonardo Sbaraglia aparece panzón, y hay planos en los que a Celeste Cid se la ve petisa y hasta un tanto caderona. Y preciosa, vale aclarar. 

 

¿Cómo fue trabajar esas escenas de tal grado de intimidad y tensión con Leonardo Sbaraglia y Celeste Cid?

Fue todo un desafío por ser quienes son. Pero la entrega que tuvieron ambos fue muy linda, y ellos terminaban las escenas de desnudez mucho más contentos que antes de hacerlas, como si fuera un logro personal. Porque, justamente, sentían como que habían podido mostrarse al natural; pero no solo por la desnudez, porque los dos se dejaron mostrar imperfectos. Se fueron del papel de sex symbol que tienen los dos, ¿no? Son dos actores muy reconocidos por su imagen, como personas seductoras. Y, a pesar de eso, tienen vestuarios que no los favorecen. Y los personajes, bueno, Celeste engordó para la película, Leo saca pancita… Y tienen poco maquillaje: Leo casi nada, Celeste muy poco. Estas fueron cosas charladas que no se suelen hacer, con lo cual el desafío fue grande. Y para mí fue muy valorado, también. Los actores se entregaron mucho, viste que a Celeste se la ve desarreglada, con todas su imperfecciones en el plano. Hay que ser muy buen actor para bancarse actuar desnudo como si fuera algo natural, como hace Leo en una escena. Para mí fue difícil, también, porque no quería que las escenas de sexo fueran lavadas, pero tampoco quería llegar al límite de la pornografía. Y, sobre todo, no quería que ellos quedaran expuestos, que se sintieran mal.

 

Hay un momento de la película en que Lucía (Cid) lo lleva a Manuel (Sbaraglia) a un alberge transitorio a la fuerza (ella conduce el auto). Sí, lo hace para ir a coger, pero sobre todo porque sabe que Manuel no quiere. Ese momento es genial; primero porque el mérito de Celeste Cid es que Lucía se vuelva demoníacamente atractiva, y segundo porque resume una sensación que cualquier persona que haya estado en pareja asume inmediatamente como verdadera: la sexualidad como dominio del otro, el sexo como contacto rabioso, la mutación de la pasión en algo monstruoso.

 

–Hice un trabajo sobre qué sucede con la pasión en el matrimonio. Aunque sigan existiendo el amor y la pasión en el matrimonio, muchas veces, con la rutina, eso se transforma en violencia. Y esto está dado por el desencuentro, también. La pareja de Lucía y Manuel vive en el desencuentro. Hay momentos en los que ella hace lo posible para encontrarse con él, y otros en los que es él quien lo intenta, pero no coinciden. Me interesa hacer un cine muy íntimo y casi palpable, que comprometa al espectador. De alguna forma, en esa intimidad la violencia es importante. Y acá también hablamos de la sexualidad de esta pareja, de qué papel juega el deseo en una pareja de años. Y no quería filmar escenas eróticas con cuerpos fragmentados. La idea eras generar verdad y tener secuencias largas; que no solo haya tensión en el montaje, sino que también tenga peso la actuación.

 

Como Anahí Berneri hace cine, no alcanza solo con los temas. La forma de tratar sus inquietudes es lo que importa. Por eso la cámara como apéndice de los cuerpos; el plano medio pero literal, como si fuera un plano torso; la aventura que puede ser lo cotidiano hasta que deja al espectador sin aliento. El cine de Berneri es, finalmente, cine de acción.

 

–A mí me gusta el trabajo con el cuerpo, y no le presto mucha atención a la prolijidad del plano. Para contar lo que quiero contar en mis películas, necesito generar cierto caos que tiene que venir acompañado de una entrega tanto de los actores como del equipo técnico; necesito que me sigan, y eso se traslada a la puesta de luces, al trabajo con la cámara. Sobre todo cuando trabajás con nenes, que van marcando un poco su propio ritmo y el de todo lo demás.

 

Con el sonido hacés una operación similar. En Por tu culpa era impresionante.

Sí, y en Aire libre lo trabajé de la misma forma. Trabajamos mucho con la superposición de capas. Para mí es importante el fuera de campo y también la superposición, y casi contaminación, auditiva. Muchas veces tiene lugar ese caos sonoro en casas con chicos, con televisores encendidos. A veces hay que generar silencios para que aparezcan los gritos y desaparezcan. El trabajo en el sonido, para lo que yo hago, es más complejo, porque no podés decirles a los actores que no hagan ruido, que no muevan cosas (más cuando trabajás con nenes). Yo exploto mucho la improvisación, y eso es algo que no quiero sacrificar. Entonces ahí aparece el trabajo del doblaje: tenés que hacer todo un proceso de limpieza de los diálogos para después volver a ensuciarlos.

 

Muchas veces, las buenas decisiones estéticas tienen que ver con saber qué recurso formal se requiere para el tema que se tenga que contar. Ejemplo: si Wes Anderson filma con planos frontales, sin profundidad de campo y con estética de la gráfica a sus personajes, es porque estos están estancos, como estampitas de un pasado mejor, y se sienten vacíos, sin, justamente, profundidad. Berneri tiene entre sus manos una producción mayor a la habitual y con distribución de Disney. La apertura a un público mayor y la posibilidad de contar con más locaciones se mezclan con la necesidad de Lucía y Manuel de respirar, de vivir en casas separadas aunque sigan juntos, de tirar paredes abajo para armar ventanales y que entre más luz para ver el jardín, de resultarles más atractivos a otras personas, de estar con otras personas.

 

–Esta es mi película más abierta, más amena, aunque cuando digo esto alguna gente piensa que estoy loca, que en la película pasan cosas terribles. Pero para mí hasta hay momentos graciosos. También quería trabajar con la música por un musical teatral que estuve haciendo durante el año pasado. Y la seguridad de la distribución está buena. Desde el comienzo del proyecto nosotros ya teníamos fecha de estreno, entonces no esperábamos un festival para estrenarla. Esa fue una decisión, bien o mal tomada. Y también en eso va la elección del casting de alguna manera, uno no es inocente. Y a los autores nos gusta que nos vea mucha gente. Además, tampoco es una película con un presupuesto grande, sino mediano; sí por sus dos actores mediáticos y por el tema de la distribución. La rodamos en seis semanas, e incluso nos costó financiarla. Pero, sobre todo, yo no creo que haya hecho concesiones. Y estoy muy feliz con estos actores y con el proyecto. A veces pasa que no quedás tan conforme.

 

¿Como cuándo?

Y… con Por tu culpa me pasó. Al ser una película que filmé en mi propia casa, tiene algo de entrecasa y de muy íntimo y personal. Y me generaba miedo de que al otro no le gustara. Estaba mostrando algo que era realmente muy íntimo, y no estaba tan segura de cómo estaba la película. Para mí, el laburo de dirigir una película, la exigencia del director, es enorme, incluso más que con los actores. Y, por las películas que hago, es como que doy una cosmovisión del pequeño mundo que tengo. Estoy dando casi un statement de lo que considero que es la vida. O por lo menos lo intento, intento ser lo más auténtica posible. No es que estoy hablando de algo que está muy alejado de mí, ni estoy haciendo una película de género. Entonces, para mí, el cine es una forma de expresión. Y una película tan dura como Por tu culpa, que a la vez es tan de entrecasa, si uno quiere verlo así, me daba mucho miedo. Vaya a saber uno por qué ahora no estoy tan asustada.

 

Si Aire libre puede leerse como una especie de precuela de Por tu culpa, estamos habilitados a encontrar continuaciones y coincidencias. En Por tu culpa no se entendía muy bien si esa pareja estaba en un impasse, si estaban juntos o separados, y en Aire libre la pareja se aleja, se acerca, van y vuelven. Pero en ambos casos las películas terminan con planos que incluyen a los dos, ya sea como pareja, como amigos o lo que sea. En esos planos finales, los integrantes de esa pareja pasada, actual o futura están juntos. Después de reírse como si hubiera sido descubierta, Anahí dice que lleva 18 años casada, y que sí, que son historias de gente a la que le cuesta tanto estar junta como separada. También, en las dos películas, los chicos corren riesgos, y a las mujeres (Lucía y el personaje de Érica Rivas) se las trata como pendejas.

 

–Esta vez lo de llamarla a ella pendeja no estaba en el guion, pero lo puso Leo y creo que quedó bien, que se necesitaba. En este caso, los dos personajes tienen una regresión y vuelven a vivir con los padres. De hecho, el tema de poner a Fabiana Cantilo en el rol de madre y abuela tenía un poco que ver con eso. En lo que también coinciden los personajes de las dos películas es en que los elaboré de manera inversa a mis películas anteriores, Un año sin amor y Encarnación, en las que los protagonistas eran dos marginales: uno un homosexual sadomasoquista con SIDA, la otra una vieja estrella del espectáculo en proceso de decadencia, retiro y olvido. Los dos eran ajenos al ojo del espectador, entonces tenía que ir abriéndolos para que finalmente pudiera existir una empatía. En Por tu culpa y en Aire libre el proceso es inverso: la identificación es inmediata porque son gente de clase media, clase media alta, padres de familia, profesionales que habitan el mismo mundo que los espectadores de mis películas. La idea es ir cerrándolos cada vez más, excluyéndolos hasta convertirlos en algo un poco monstruoso.

 

En Por tu culpa la madre de Érica Rivas también estaba bastante ausente, se quejaba de tener que cuidar a los chicos.

Sí, en ese caso no sé si era tanto por inmadurez, pero sí hay algo de no poder hacerse cargo de ese rol. Además, volviendo a los protagonistas, me parece que hay algo generacional, un problema de todos los que tenemos menos de cuarenta, y es que no terminamos de madurar.