Vampiros anémicos

Con exceso de labia pero sin sangre, un Jarmusch embriagado de nostalgia ensaya su gesta contravampírica y existencial en Only Lovers Left Alive.

Un rasgo persistente atraviesa toda la obra de Jim Jarmusch, el adalid del cine independiente americano. Desde su experimental Permanent Vacation (1980), su universo temático siempre estuvo plagado de outsiders: personajes entregados al abandono y la desesperanza (Bajo el peso de la ley, Extraños en el paraíso), solitarios empedernidos (el Bill Murray de Flores rotas, el Johnny Depp de Dead Man), misteriosos y circunspectos criminales (El camino del samurai, Los límites del control). Su último opus, Only Lovers Left Alive, sigue ese camino en el que sus héroes contradicen o se apartan de la norma. En este caso, construye un relato fantástico en el que dos vampiros sumidos en una extrema vacuidad existencial disertan, reflexionan, observan las pervertidas formas de vida contemporáneas. El contexto es postapocalíptico, y nuestra pareja de criaturas inmortales se encuentra entregada a un decadentismo cool, un afán por lo demodé (que va tiñendo las líneas de diálogo de una altanería un poco cansina), a partir del cual la película construye una mirada un tanto reaccionaria, que coquetea con un derrotismo nostálgico en clave “todo tiempo pasado fue mejor”. A diferencia de su película anterior, Los límites del control, una de suspenso basada casi en la ausencia de palabras, en Only Lovers Left Alive la tensión narrativa se apoya en la verborragia. Los personajes (inspirados en Adán –vampiro melómano que vive en la ciudad de Detroit, interpretado por Tom Hiddleston–y Eva –vampiresa hippie que vive en Tánger, encarnada por Tilda Swinton–) exhiben su erudición de seres perennes, dialogan constantemente evocando un universo referencial culturoso y plagado de citas musicales, literarias, filosóficas. Jarmusch decide filmar a sus extraños en el paraíso derruido de su propio presente, en una suerte de gesta contravampírica en la que las particularidades de la clásica película chupasangre han sido arrasadas. Aquí no hay que buscar el flirteo usual con el erotismo, o un derroche de vísceras y sangre; porque Adán y Eva son demasiado racionales y castos (se alimentan de sangre comprada de contrabando) como para reafirmar el clasicismo del género de vampiros. El propio director declaró en algún momento su intención por flanquear las reglas genéricas: “Lo que he intentado hacer con esta película es huir de la claustrofobia que suele estar presente en la mayoría de las historias de vampiros. Los vampiros más clásicos habitualmente viven confinados en lugares reducidos, duermen en ataúdes, no pueden exponerse a la luz del sol. Todo eso está muy bien cuando intentás generar terror, pero yo no buscaba hacer eso. Yo he intentado que mis personajes fueran más abiertos en general, a la cultura, a las ideas, a todo lo que los rodea”. Tal vez con la aparición del personaje de Mia Wasikowska las acciones parecieran desarrollarse con más soltura, porque le aportan a la película una cuota de frenesí, una imprudencia necesaria y un apasionamiento vampírico que parece faltarle a la historia en el resto del metraje. El minimalismo de Jarmusch llega con Only Lovers Left Alive a un registro autocelebratorio que confina al relato a un profundo desaliento. Como si el director de Flores rotas se hubiera embriagado en su propia mirada… triste y melancólica.

LU 7, 17.55, V. Caballito; MA 8, 22.50, V. Caballito; DO 13, 23.00, V. Recoleta.