Ve al norte

Recientemente se cumplieron diez años de la creación de la Escuela de Cine de la Universidad Nacional de Tucumán. Pero este festejo esconde muchos otros: la creación de Tucumán Audiovisual, el florecimiento del cine local y la expansión de la escuela con docentes de altísimo nivel. Hablamos con Gustavo Caro, hombre a cargo de TA, sobre este gran momento del cine tucumano y sobre lo que necesita para afianzarse.

¿Qué podés contarnos de estos diez años que pasaron desde la creación de la Escuela? ¿Cómo empezaron y cómo los encuentra el festejo de esta década de vida?

La EUCVTV (Escuela Universitaria de Cine, Video y Televisión) es la primera experiencia universitaria de formación cinematográfica de la región. Su implicancia se refleja en el crecimiento que el sector tuvo en estos años. En su origen empezamos con un plantel de docentes locales al que no se pudieron sumar profesores porteños por razones presupuestarias. Nos coordinaba Blas Martínez, quien hizo mucho y de todo para poner en marcha la escuela. Fui su ayudante de cátedra en un par de materias y luego su reemplazante. De esos años recuerdo dos cosas en particular: el gran esfuerzo que poníamos para trabajar en condiciones adversas, con problemas de infraestructura (contábamos solo con un aula) y equipamiento casi nulo, y el enorme entusiasmo que todos teníamos. Entre estudiantes y profesores había mucha química, y eso potenciaba la colaboración en el trabajo. Ese primer año hicimos diez cortometrajes de ficción en mini DV, y conseguimos muchos recursos por fuera de la escuela. Era como el trabajo del cine independiente. Tal era el clima que, en el verano del 2006, con un grupo de esos estudiantes hicimos un mediometraje documental, Tinku kamayu, sobre una cooperativa de hiladoras de los Valles Calchaquíes. Convivimos casi un mes con un grupo de mujeres campesinas de Lampacito, Catamarca, y fue una gran experiencia de aprendizaje y afianzamiento colectivo. Su director, Federico Delpero, hoy edita documentales en Barcelona. Idéntica proyección se dio con muchas y muchos estudiantes, sobre todo en el ámbito laboral de Buenos Aires. Los años posteriores no fueron -ni son- menos comprometidos ni esforzados, pero con el crecimiento institucional algunos problemas estructurales se fueron resolviendo y eso influyó en el mejoramiento del rendimiento académico. Más allá de su carácter institucional, ésta es una escuela joven que se esfuerza mucho en sostener su propuesta productiva y los estudiantes se comprometen en eso. Sin ellos, nada de lo que propongamos tendrá sentido. Los docentes que estamos desde el origen lo sabemos bien por haber compartido con las dos o tres primeras promociones de estudiantes que abrieron el camino con una impronta de esfuerzo, trabajo y sentido colectivo, algo que tratamos de sostener como premisa más allá de los contextos de actualización tecnológica, metodológica y profesional que la carrera nos exige permanentemente. Hoy la escuela es una referencia cinematográfica en el NOA, está afianzada institucionalmente, muestra evolución técnica en sus producciones y su presencia empieza a percibirse con mayor nitidez en la escena política del sector audiovisual local. Pero si hablamos de una marca característica, sería la que se generó en sus inicios, la del esfuerzo colectivo.

 

La producción audiovisual en Tucumán es notable respecto del resto del NOA. ¿Por qué se da esto?
Esto se da por varios factores. Por un lado, Tucumán es una ciudad con una vida cultural intensa, de variada actividad. De larga tradición en teatro, cuenta con muchos grupos independientes que producen todo el tiempo. Es la tercera o cuarta plaza en el país. En el campo del arte se desarrolla obra y aparecen artistas permanentemente. Lo mismo pasa con la música y las letras. Teatro, arte y fotografía tienen carreras universitarias hace décadas. Eso, en términos generales es el terreno sobre el cual la creación de la escuela asimiló y canalizó las potencialidades que confluían en torno a lo audiovisual. La creatividad y la capacidad productiva existentes necesitaban ser contenidas en un espacio que les diera organicidad y eso significó concretamente la escuela. A su vez, también le da continuidad al Instituto Cinefotográfico que la UNT -Universidad Nacional de Tucumán- había creado en 1948, en dónde empezó a trabajar profesionalmente Jorge Prelorán y articularon proyectos documentales Raymundo Gleyzer y Gerardo Vallejo. Sobre la base de su estructura y sus antecedentes históricos e institucionales se crea la EUCVTV en el año 2005, fundamento central del impulso audiovisual en la provincia. Por último, el cambio tecnológico al formato digital más el contexto político de la creación del fomento de la TVA y la Vía digital brindó el acceso a los recursos económicos públicos que nunca habían existido en las provincias. Con la escuela en pleno desarrollo, formando cuadros técnicos y creativos, Tucumán pudo finalmente explotar el potencial antes mencionado, y que por su dimensión se ubicó a la cabeza de la producción en la región. Por cada proyecto ganador de la provincia, quedaban en el camino cinco o seis proyectos tucumanos en cada categoría que se concursaba. Ese es nuestro verdadero capital.

 

¿Cómo influye la creación de Tucumán Audiovisual en el desarrollo del cine tucumano?

TUCUMAN AUDIOVISUAL fue creada en marzo del 2016 con una amplia base de consenso entre los trabajadores del sector. Antes que influencias, ahí podemos ver que existían motivos y razones de sobra para organizarnos y que la necesidad de hacerlo era muy fuerte. Eso nos da una fortaleza invalorable como asociación. Empezar con ese respaldo nos carga de carácter representativo y de mucha responsabilidad. Entonces diría que, en principio, la influencia viene del medio hacia la asociación, ya que nacimos como parte de sus necesidades de crecimiento y que nuestro trabajo debe siempre responder a ello. Respecto a la actividad que desplegamos en estos primeros meses, nos concentramos en la articulación política a nivel provincial, regional y nacional. Fue una etapa de instalación y presentación en la escena audiovisual argentina, de ubicar al sector independiente de la provincia en contextos de discusión y gestión que nunca antes había ocupado. Nos incorporamos a la RAD -Red Argentina de Documentalistas-, sumamos a la creación de FAVA -Federación Audiovisual Argentina- y estamos armando con l@s compañer@s de ARAS, AJRA y ARIC un espacio de diálogo y gestión regional. Con el INCAA tuvimos dos reuniones oficiales. A nivel local, formamos parte del Foro Provincial donde debatimos y trabajamos con instituciones locales en torno a una Ley Provincial Audiovisual y un Plan de Fomento Provincial, objetivos de fondo en nuestro programa político. A eso le sumamos la presentación de muestras con trabajos de nuestros asociados en festivales de la región y la cobertura de capacitaciones técnicas específicas. En resumen, esto es lo que vinimos trabajando como movimiento inicial de Tucumán Audiovisual. Lo que generemos y aportemos hacia el sector en términos productivos, se verá en el tiempo. En esta primera etapa, creo que el principal aporte es el posicionamiento y visibilización que logramos como sector organizado, lo cual nos sitúa de mejor manera en la discusión de políticas y en la gestión de recursos ante cualquier interlocutor.

Últimamente incorporaron a su equipo docente a gente como Benjamín Ávila o Daniela Goggi. Son nombres importantes para un staff docente. ¿Qué podés contarnos de esto?

 Tanto la incorporación de Benjamín Ávila como el paso de Daniela Goggi por la escuela significan aportes importantes desde la perspectiva del cine industrial. La mirada que profesionales de sus características pueden brindarnos vale como parámetro de una modalidad de producción tradicional que representa un desafío grande para nuestro medio que está en pleno proceso de profesionalización. En el marco de la escuela, se complementa con el de docentes con trayectoria en el cine documental como Alejandra Guzzo y Juan Mascaró, más los aportes de Nicolás Batlle y otros profesionales que nos visitan mediante la modalidad de seminarios y talleres. Además, al ser una escuela universitaria situada en el noroeste argentino, no debemos desestimar el factor cultural y de territorialidad que desde la mirada local podemos aportar los profesores de diferentes áreas. Tengamos en cuenta que a lo largo de su historia, el cine universal ha expandido su lenguaje en diversas experiencias. En este sentido, la EUCVTV reúne las mejores condiciones para dotarse de un estatuto académico enriquecido por las miradas que lo habitan, poniendo eje en la producción y dando lugar a fundamentos estéticos, temáticos y formales que dialoguen entre la reflexión cinematográfica y un pensamiento de identidad propia o dirigido en esa búsqueda. No se trata de legitimar una concepción u otra. Más bien lo contrario: tomar de cada una, aprender de sus experiencias. Sobre todo en una sociedad que tiende a regirse por el conocimiento y la información, la diversidad conceptual puede resultar el camino para sortear el criterio uniforme y encontrar el propio. Por otra parte, la escuela es un lugar de cruce de estudiantes de toda la región, incluso los hay también de la Patagonia. Ese capital, que representa un valor histórico de las universidades públicas argentinas, también tiene que entrar en esta ecuación política-cultural. Como dije antes, nuestros recursos humanos han sido el mejor capital que hemos tenido siempre, incluyendo al estudiantado. Contar con profesionales de la industria debería ser siempre provechoso. Asimilar e integrar capacidades, conocimientos y experiencias dentro del cuerpo docente es una tarea esencial en el propósito institucional de proyección académica y productiva. En ese aspecto, somos una escuela joven que cuenta con una oportunidad excepcional en el actual contexto.

 

¿Qué esperás para la escuela y para el cine local en el futuro próximo?
Mirando al futuro, para la escuela espero que pueda afianzar una política institucional frente al nuevo escenario audiovisual argentino y global. Para ello, tras una década es necesario revisar algunos aspectos como la actualización del plan de estudios, la renovación tecnológica y la inserción política en el escenario local y regional, que crece y se complejiza en su sistema de relaciones. En cuanto al cine y el audiovisual tucumano, la perspectiva es la mejor. Creo que este año podremos ver un afianzamiento de la producción como resultante del impulso previo. Como también nos afecta los alcances de la crisis actual, dependeremos de cómo se desarrolle la situación económica y las políticas hacia el sector. Creo que el campo audiovisual tucumano alcanzó un grado de madurez que le permite afrontar un período crítico sin restar trabajo ni creatividad. Tenemos varios proyectos entre series de televisión y largometrajes que resultaron premiados y que su producción está prevista para este año si no median inconvenientes. También hay nuevos proyectos en instancia de desarrollo que resultaron premiados. El panorama general es muy bueno. Solo faltan políticas y fomentos locales que de una vez por todas se pongan a la altura de esta realidad. Es el horizonte hacia el que apuntamos con TUCUMAN AUDIOVISUAL: una Ley Provincial Audiovisual y un Plan de Fomento Provincial.