Viaje al centro de la tierra

A la luz del estreno mundial de Los 33, revisamos todos los proyectos que surgieron tras el mediático rescate de los mineros en el año 2010, desde una cinta espiritual hasta una porno con fondos japoneses. Crónicas fílmicas de un desentierro.

El rescate de los mineros chilenos inspiró una película incluso antes de que ocurriera. El domingo 22 de agosto de 2010, lo que se advertía como una tragedia sin salida fue encontrando matices de esperanza. A través de la primera sonda enviada al fondo de la tierra, los trabajadores atrapados en la mina San José –tras el derrumbe ocurrido 17 días antes– pudieron comunicarse con el mundo exterior a través de un papel en el que aseguraban: “Estamos bien los 33”. Un día después, el cineasta chileno Rodrigo Ortúzar (Todo incluido) ya tenía diseñado el afiche promocional para su película Los 33, por lo que fue inmediatamente acusado de oportunista por la opinión pública. En los días siguientes se sumaría al proyecto el actor for export Cristián de la Fuente en calidad de productor, el guionista Mateo Iribarren (responsable de El chacotero sentimental, una de las películas más exitosas en la historia del cine local) y Robert McKee como consultor.

Durante los siguientes 33 días, un par de maquinarias perforarían la tierra para alimentar a los hombres. La más poderosa cavaría un gran agujero por donde saldrían, mientras medios de prensa de todo el mundo informaban sobre la proeza desde un campamento que, por las circunstancias, se bautizó como Esperanza. El 11 de octubre, el Ministro de Minería, Laurence Golborne, anunció que en dos días se llevaría a cabo el esperado rescate gracias a una cápsula que descendería a las profundidades: la Fénix, diseñada por el ingeniero André Sougarret. Ante el anuncio, Ortúzar y su equipo se trasladaron a la mina para potenciar el proyecto con registros reales. No serían las únicas cámaras: la Operación San Lorenzo se transformaría en un exitoso show televisivo, transmitido en directo para todo el mundo. De hecho, superó por más de 400 millones de espectadores al lanzamiento del hombre a la luna. Se rumorea que, consciente de su condición cinematográfica, Piñera incluso trató de entrar a la Fénix para descender 700 metros y sacar con vida al primer hombre. Su mujer lo detuvo. Era lo que le faltaba a este drama de superación con aliento de western futurista: un presidente convertido en un valiente héroe de acción.

Pero mientras Ortúzar adelantaba en medios cómo sería su esperada película, inversionistas españoles, colombianos y chilenos sacaban adelante un proyecto urgente: Los 33 de Atacama, telefilm dirigido por el español Antonio Recio (responsable de series como Ana y los siete) y protagonizado principalmente por actores chilenos. El equipo de guion, liderado por Jacobo Bergareche, fue escribiendo el largometraje a medida que ocurrían los sucesos. Lo terminaron cinco días después del rescate. El rodaje se llevó a cabo en 26 días en una mina de cobre ubicada a 100 km de Santiago, mientras que los exteriores se realizaron en el desierto de Atacama, cerca de la mina San José. Debido a la atención que recibió el caso, la película fue proyectada en el mercado del Festival de Berlín en febrero de 2011, y después tuvo un debut televisivo por el canal español Antena 3. Realizada en tiempo récord con la premura propia de la televisión, Los 33 de Atacama no era la película que ni el mundo ni los mineros querían ver.

Mientras tanto, en Los Ángeles, el realizador uruguayo Boris Acosta –especialista en producciones cristianas– planeaba Miracle Underground, especialmente después de haber escuchado a uno de los atrapados hablar de la fe: “Como algunos de los mineros comentaron después, los días que pasaron sin tener contacto con el mundo fue una experiencia en la que tuvieron que enfrentarse con Dios y Lucifer a la misma vez… y decidir por dónde caminar”, le contó a este redactor el 2 de junio de 2011 en una entrevista para el diario chileno La Segunda. Esta vez, Acosta se reservaría el rol de productor. La dirección estaría a cargo de Armand Mastronianni (un especialista en telefilms), y el prolífico Eric Roberts se encargaría de encarnar al entonces presidente de Chile.

“¡Interpretaré a Piñera hasta los huesos!”, me dijo el hermano de Julia el 13 de junio en una conversación para el mismo periódico, una entrevista en la que solamente estaba prohibido abordar un ítem: su adicción a las drogas. “Estoy muy orgulloso de interpretar al presidente de Chile”, agregó con un entusiasmo desmedido. “Él nunca perdió la esperanza. Cuando todos pensaban en rendirse, él dijo: ‘No, no podemos dejarlos ahí’. Así que me toca interpretar al héroe. Amo la idea”. En los días siguientes se sumaría el actor Chuck Norris como el ministro Golborne. Los memes abundaron en las redes sociales.

Si Acosta fue capaz de ver destellos de espiritualidad en la sobrevivencia de los mineros, Leonardo Barrera –conocido como pionero del cine porno chileno–, encontró la oportunidad para realizar un nuevo largometraje tras haber hecho títulos como Hanito, el genio del placer; Fantasías de una adolescente ninfomaníaca y Apelación sexual. Bajo el nombre de La mina se comió a los 33, narraría la historia de una chica que queda encerrada en la mina junto a los desesperados hombres. Todo esto con un soterrado discurso social. “Nosotros no vemos a los mineros como héroes, sino como víctimas de un sistema que está mal hecho”, diría el director tras el anuncio de la producción.

La actriz ya estaba escogida: una joven de 20 años que adoptaba el nombre del personaje más famoso de Tolstoi, Ana Karenina. Solamente faltaban los 33 machos, quienes fueron elegidos a través de un casting. Se rumoreaba también la participación osada de uno de los protagonistas reales de la historia. Barrera consiguió incluso la ayuda de inversionistas japoneses que le exigieron ser “más erótico que porno”. Concertaron una reunión en el país oriental para analizar los pormenores pero llegó el terremoto del 2011 y el acuerdo quedó en la nada. Por esos días, Karenina descubrió además que estaba embarazada. Barrera se deprimió y canceló el proyecto.

Hasta que en marzo de 2011 los mineros dieron el gran golpe: firmaron con la agencia de representación hollywoodense William Morris-Endeavor y consiguieron abogados estadounidenses. Ahora ellos serían los únicos dueños de su propia historia y podrían tener control sobre todos los proyectos vinculados con el caso. Sus representantes enviaron cartas amenazantes a los responsables de películas en desarrollo, quienes tuvieron que cancelar sus proyectos (aunque Miracle Underground aún figura en IMDb).

Herido y frustrado, uno de los productores de la cinta de Ortúzarreaccionó públicamente: “Afuera existía un gran interés en la historia, pero ese interés es cada vez menor. En el mundo han pasado otras cosas, ahora en Hollywood todos quieren hacer la película de la muerte de Bin Laden, y el caso de los 33 está perdiendo valor”. Los sobrevivientes solo autorizaron dos proyectos que terminarían siendo uno: el libro En la oscuridad, del periodista estadounidense Héctor Tobar, y su adaptación cinematográfica: Los 33, dirigida por la mexicana Patricia Riggen (La misma luna) y producida por Mike Medavoy (Zodiac, El cisne negro), quien tiene un especial apego a Chile ya que vivió en Santiago durante su infancia.

Tras dos años de realización, ahora la película se estrena en todo el mundo para revivir la tragedia feliz y enfatizar la valentía de los mineros. Un drama de superación en spanglish que confía en una paleta de clichés relacionados con el mundo latino –a ratos cuesta entender si estamos en Chile, México o Texas–, un elenco cargado de estrellas (Antonio Banderas, Juliette Binoche, Rodrigo Santoro, Gabriel Byrne, Lou Diamond Phillips, Bob Gunton), un playlist turístico que incluye –cómo no– “Gracias a la vida”, de Violeta Parra, una vocación lacrimógena para conmover a la tribuna y una mirada estrictamente centrada en la sobrevivencia de las víctimas, quienes aguantaron 70 días bajo tierra. Es decir, la ausencia total de una lectura crítica sobre un hecho que no es más que la consecuencia de una cruda realidad que, fuera de la pantalla, involucra a empresarios y políticos. El gran héroe del film es, de hecho, el ministro Golborne (interpretado por Santoro), quien, en el mundo real, aprovecharía la exposición mediática del caso para candidatearse como presidente. Como denunció alguna vez Daniel Herrera, uno de los mineros: “Nos manipularon. Las autoridades nos utilizaron y después nos tiraron como si fuésemos vasos desechables”. La pura y enterrada verdad.

 

Los 33

Patricia Riggen

Estreno: 27 de agosto

2015 / Estados Unidos - Chile

Fox