Zona de influencia

Casualidad o no, tres estrenos del mes anclan sus relatos -más o menos enbriagados del género road movie- en la provincia de Mendoza. Hablamos de dos de ellas: la netamente local Road July, que se estrena hoy en el Gaumont, y la coproducción francesa Voyage Voyage.

Nota publicada en la edición impresa del número de agosto de 2013.

Las coordenadas del azar, los caprichos de la distribución y la exhibición locales quisieron que este mes se estrenaran en las pantallas porteñas un puñado de películas que responden -en mayor o menor medida- a ciertas reglas del género road movie y anclan sus relatos alrededor de una misma zona de influencia. Viajes, escapadas, o fugas, insertos en los escenarios (tanto ficcional como fácticamente) de la región cuyana, más precisamente: Mendoza. Son tres los films que, en distintas gradaciones, movilizan sus historias a través del entramado desértico, serrano, vitivinícola que ofrece esa provincia como faro o arista narrativa. La primera, el opus tres de Ariel Winograd titulado Vino para robar, es una película de corte más bien industrial protagonizada por buena parte del “mainstream” de actores locales del momento: Valeria Bertuccelli, Daniel Hendler, Pablo Rago. Allí una pareja de ladrones de guante blanco se propone robar uno de los vinos Malbecs más caros del mundo que se encuentra escondido en la bóveda de un banco mendocino, conformando un raid de persecuciones y fugas que adeudan su pulso humorístico y adrenalínico al típico film de robos, adundando en vistas y tomas de la región del vino. Sin embargo, hay otros dos films un poco más encaramados en la constitución de esas geografías como organizadores nucleares de las acciones que conforman sus largometrajes: la primera, netamente local, dirigida por Gaspar Gomez, se llama Road July; la otra, una coproducción internacional dirigida por Edouard Deluc, titulada Voyage, Voyage.

 

Con gusto local                                                                        

 

Como toda road movie la película de Gaspar Gómez respeta la lógica del viaje como forma de autoconocimiento. Road July transcurre en un Citroën algo destartalado donde el encuentro entre un padre ausente durante años, que se ocupa de llevar a su hija (luego de la muerte de su madre) a la casa de su abuela en San Rafael, es el centro del conflicto. A medida que pasan los minutos, la relación entre padre e hija (hasta ese momento totales desconocidos) va tomando espesor. Así describe a HC el desarrollo de ese vínculo, su propio director: “a medida que los dos se alejan por la ruta, se acercan más entre ellos. De algún modo están obligados a conocerse y el hecho de estar solos en un auto frágil en medio de la nada, hace que no tengan más opción. No se podría dar el vínculo del mismo modo en la ciudad, con sus vidas cotidianas llenas de distractores. Ellos tienen que atravesar, literalmente, juntos el desierto para poder establecer el vínculo y transformarse.” La película conformada por un elenco casi íntegramente mendocino, con la excepción de Mirta Busnelli y Betiana Blum que aportan su experiencia y componen con la niña Federica Cafferata un abanico actoral heterogéneo y de distintas aproximaciones director-actriz. “Durante los ensayos le dividí a Federica el guión en distintos estados de ánimo, le puse un color a cada uno y pinté su copia con resaltadores. Eso permitió que durante el rodaje ella, al releer las escenas, pudiera ver claramente el cambio de color en la actuación que yo le pedía”, dice el realizador y completa “a mí me parecía muy importante que ambas abuelas las encarnaran actrices capaces de ponerse por encima del protagonista. Una es la que impulsa el viaje y otra es la que lo cierra. Mirta es más de proponer, de jugar, de improvisar y dejarse llevar. En cambio Betiana respeta al pie de la letra el texto y trabaja desde ese lugar, por lo que la relación director actriz no puede ser abordada del mismo modo”. Con Road July, el cine de Mendoza llega finalmente a Buenos Aires y se hace evidente la pregunta sobre el porqué las cinematografías de otras provincias no pueblan las pantallas porteñas con más periodicidad. Gaspar Gómez se explaya al respecto: “de por sí es complicado no ser de Buenos Aires para hacer cine. Todo trámite en el INCAA está a 1.200 kms, y de algún modo estás desconectado del día a día. En el cine argentino se da por hecho que Argentina es Buenos Aires. Una vez terminada la película tenés el mismo problema de distribución que todo el cine argentino, con el agravante de que por más que ya hayas convocado 12.000 espectadores en Mendoza, la mayoría de los críticos ni siquiera se han enterado de la existencia de la película.” Por eso agrega: “en un país donde todo el interior te valida en función de cómo te vaya en Buenos Aires, nosotros decidimos invertir la lógica, estrenar en nuestra ciudad y hacer realidad el sueño de volver a tener cine propio. Después de aquella cantidad de espectadores, Buenos Aires dejó de ser para nosotros la primer variable, así que todo lo que  podamos sumar en espectadores en el Gaumont es para nosotros la frutilla del postre”.

 

La internacional argentina

 

La película de Edouard Deluc nació como la derivación de un cortometraje filmado en blanco y negro en 16 mm, que se tituló Dónde está Kim Bassinger? una frase espetada por uno de los protagonistas en una de las escenas más desopilantes del film (escena que conformó también el largo) que tiene lugar en un prostíbulo. Ese fue el germen de  Voyage, Voyage, esa road movie desvariada, díscola; gesta francoargentina que se anima a la mezcolanza de referencias, transitando un impensado recorrido que va de Qué pasó ayer? hasta Entre Copas. Dos hermanos franceses (encarnados por Philippe Rebbot y Nicolas Duvauchelle) arriban a la Argentina para ser partícipes del casamiento de su primo (participación del también músico Benjamin Biolay, que viene a Buenos Aires a promocionar el film) en algún rincón de Mendoza. Ese es el puntapié inicial para el desarrollo de una seguidilla de aventuras que le deben tanto al gag físico como a las jugarretas verbales, acompasado por el excelso trabajo de Gustavo Kamenetzky (el epicentro cómico del film) quien interpreta a un pintoresco conserje del hotel donde se hospedan los hermanos en Buenos Aires. A pesar de estar rodada casi en un 80 por ciento en Salta, se decidió por ubicar esta historia en Mendoza. Uno de sus productores, Nicolás Avruj de Campo Cine (coproductora del film) nos comenta: “lo de Mendoza apareció cuando hicimos el pre-scouting con el director. Y porque esa provincia es la que tiene más nombre de vino, que es una de las excusas con las que se entretienen en el viaje. Por motivos de producción terminamos filmando en Salta, adonde se concentran también otro tipo de paisajes que el director quería retratar.” El título en francés -Mariage à Mendoza- no deja dudas: la provincia cuyana era un señuelo que ayudaba a movilizar el relato episódico de estos dos hermanos que, de alguna forma, buscan sin saberlo cierta redención espiritual en la tierra de  la vid. 

 Fichas:

 

Voyage, Voyage

Edouard Deluc

ESTRENO: 8 de agosto

2012 / FRA – ARG / 91 MIN

CAMPO CINE

 

Road July

Gaspar Gómez

ESTRENO: 22 de agosto

2012 / ARG / 88 MIN