Mal de ojo

Editado por BAFICI en 2001 y agotado, la distribución en la Argentina de Las guerras del cine (reimpreso en Chile por la editorial Upbar y el Festival de Valdivia) no hace más que saldar las deudas que teníamos desde aquella edición original con este clásico libro del destacado crítico Jonathan Rosenbaum.
Las guerras del cine, de Jonathan Rosenbaum

Legendario crítico del Chicago Reader y responsable de la restauración de esa obra monumental de Orson Welles que es Sed de Mal; de los grandes críticos cinematográficos norteamericanos –léase James Agee o Pauline Kael– Jonathan Rosenbaum es tal vez quien más filoso se ha mostrado para desmantelar los mecanismos de “sentido común” que la industria hollywoodense pretende establecer. ¿A que se refiere ese “sentido común”? A pensar al “público” como un todo homogéneo cuyo gusto estandarizado no se permite adentrarse en el vasto mundo del cine de arte, por ejemplo. Pero también el sentido común de una crítica cinematográfica cuyo juicio de gusto parece ser regulado por la dinámica del mercado audiovisual y no por las convicciones ideológicas de los propios cronistas.

Si existe una noción clave que atraviesa el libro Las guerras del cine, es la de canon. Teniendo como punto de referencia explícita al libro de Harold Bloom acerca del canon occidental literario, Rosenbaum ensaya una visión a contracorriente de la industria donde el entramado entre producción, distribución, acto creativo e historia cinematográfica es puesto patas para arriba y revisado con minuciosidad.

Hay  un gesto que –en este sentido–  deja abiertamente expreso desde qué lugar de observador exquisito Rosenbaum analiza la historia del cine y, por ende, la de sus sujeciones económico-políticas. Haciendo un corte transversal, el crítico norteamericano narra los avatares de distribución de Les Vampires,  una serie cinematográfica dirigida por Louis Feuillade en 1915 y editada de manera escandalosamente tardía en 1998. Esta obra –que perdió su público por más de ochenta años– es considerada por Rosenbaum como uno de los films seminales de los inicios del cine y que, afirma el autor, “por ser más moderna” y más importante “en su influencia sobre la realización cinematográfica en general”, debería desterrar a los filmes de D.W. Griffith –El nacimiento de una nación e Intolerancia– encumbrados por la propia industria como los primeros grandes largometrajes que supo brindar el cine.

Jonathan Rosenbaum no sólo arroja luz acerca de la noción de autor como una construcción social más en la cadena de imaginarios sociales, si no que debate acerca del canon estético-narrativo con el cual fuimos educados como espectadores “occidentales” inmersos en cierto confortable gusto por la repetición. Para desnaturalizar esa cristalizada forma espectatorial, describe con exhaustivos ejemplos sus interminables recorridos por festivales internacionales: lugar de las más ricas sorpresas que puede proveer el medio cinematográfico y donde es posible puede desmitificar fácilmente  la vetusta idea de “la muerte del cine”.


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