¿Qué es el cine (cordobés)?

En noviembre de 2011 se estrenaron en Buenos Aires De Caravana, Hipólito y El invierno de los raros. Sin hacer mucho ruido, cuatro meses más tarde llega el turno de la notable Yatasto. Todos exponentes de un cine con rasgos disímiles pero que, a fuerza de buenas películas, busca hacerse un lugar en una agenda cinematográfica eminentemente unitaria.
Las cuatro cordobesas: De caravana, El invierno de los raros, Yatasto e Hipólito.

Nota publicada en la edición impresa del número de noviembre de 2011.

 

El cine argentino es declaradamente unitario: prácticamente no se conocen (que no es lo mismo que decir que no existen) películas realizadas enteramente por fuera de Buenos Aires y sus alrededores, y muchas de las que transcurren en el interior suelen ser, justamente, miradas disparadas desde la capital, como en Tan de repente o la obra de Carlos Sorín. Por primera vez hay un cine de una provincia que da un paso al frente y se anima a plantársele con apenas un puñado de películas a una industria eminentemente porteña. Ariete de algo que podría llamarse tentativamente Nuevo Cine Cordobés, De caravana, desde su estreno en Mar del Plata el año pasado, allanó el camino que sus compañeras de pago Hipólito y El invierno de los raros recorren por estos días. En más o menos un mes se habrán podido ver en Buenos Aires tres estrenos cordobeses, ¿pero qué representan esos estrenos? ¿Hay una industria naciente en Córdoba que manda a la capital sus primeros productos con la intención de mostrar de qué es capaz?

 

Existen antecedentes A.DC. (Antes de De Caravana) de esta tendencia. Se trata sobre todo de películas o cineastas solitarios como Santiago Loza, el incansable director, guionista y dramaturgo de origen cordobés. Salvo por Ártico o Los labios que transcurren en el interior, el cine de Loza no aborda temáticas de tierra adentro, a diferencia de la ópera prima de Liliana Paolinelli, A través de sus ojos. Distanciada, rigurosa, de un cálculo formal impresionante, el primer opus de Paolinelli parece anticipar algo del NCC: realizada en un pueblito de Córdoba, la película se hace cargo de su origen y le da espacio a signos regionales como el acento, las costumbres o el paisaje, sin buscar nunca el pintoresquismo. Por la misma época, Matías Herrera Córdoba filma Criada, una coproducción con Catamarca. El calefón, la productora de Herrera, se encargó de la producción de Criada, Buen Pastor, una fuga de mujeres (la segunda película del director) y, además de varios otros cortos, mediometrajes y largos, participó en una de las películas fundamentales a la hora de pensar en un posible NCC como Yatasto.

 

Después del paso de Criada por el Malba a principios de año, el tridente cordobés a estrenarse en Buenos Aires está compuesto por De caravana, Hipólito y El invierno de los raros, las tres beneficiadas por el Plan de Fomento de la Industria Cinematográfica Cordobesa, las tres estrenadas en Córdoba en abril y mayo después de su paso por festivales y muestras internacionales, y las tres primeras películas del sello Cine Cordobés (ver recuadro). Hipólito narra un hecho real ocurrido en Plaza de Mercedes durante 1935: en plena década infame, la elección local enfrenta al partido Conservador (que busca mantenerse en el poder) con los radicales, dispuestos prácticamente a todo para ganar la gobernación. En el medio está Hipólito, un nene que espera el regreso de su padre; es a través de la visión del niño y de un abogado desencantado con los modos de la política más centralista, que el director estructura el relato. El debutante Teodoro Ciampagna se despachó nada más y nada menos que con una historia ambientada en los años treinta y contó con la presencia de pesos pesados como Enrique Liporace y Luis Brandoni. Tanto las actuaciones como la reconstrucción de época están bien logradas y son funcionales a una narración que oscila entre el género y el comentario histórico, con algunos picos de tensión notables (como la gran escena del tiroteo). Más allá de sus aciertos y problemas (por momentos se deja ver un didactismo innecesario), Hipólito aspira a medirse en las grandes ligas del cine de época, espacio tradicionalmente reservado para las producciones con repartos de estrellas y grandes presupuestos.

 

Bien lejos se ubica la propuesta de El invierno de los raros, una película de aliento moderno que dispone a sus criaturas sobre las esquirlas de un relato que es más una excusa para seguirlos y mirarlos que una construcción dramática tradicional. Tomando distancia de las convenciones narrativas clásicas, el director Rodrigo Guerrero apuesta todo al recorrido de un barrio y sus extraños habitantes, sirviéndose del molde del cine coral pero esquivando cualquier tipo de moraleja propia de ese esquema: los personajes de El invierno de los raros deambulan, se cruzan, se quieren o se odian, comparten espacios y rituales, pero nunca son explicados a la luz de la psicología ramplona típica del cine coral. Concebida por su director en 2005 y con las interpretaciones de Luis Machín y Lautaro Delgado, la película de Rodrigo Guerrero es la pata contemporánea del trío, interesada más en la creación de climas y la observación reposada de estados de ánimo sutiles, que en los vaivenes del cóctel genérico que ensaya De caravana o los rigores del cine histórico a los que se ciñe Hipólito.

 

Quizás la distancia que media entre los tres estrenos cordobeses sea el signo más prometedor y distintivo de este posible NCC: de existir tal tendencia, se trataría de un escenario cinematográfico diverso y rico en búsquedas personales que nunca trata de instalar una imagen de Córdoba unívoca, turística o folklórica.Según estas películas, tanto la ciudad de Córdoba como la provincia y sus habitantes constituyen un objeto opaco a elucidar pacientemente que no puede ser agotado a través de una mirada estereotipada ni de la referencia a lugares comunes típicos. De nuevo, si existe el NCC, existe en tanto es un movimiento felizmente inquieto y sin una identidad cristalizada, más preocupado por hacer preguntas en torno al cine y Córdoba que por ofrecer respuestas probadas de antemano.

 

 

Con sello de distribución propio

“La vida de una película empieza después de estar terminada”, nos cuenta Rosendo Ruiz. El panorama de exhibición en la Argentina hace tiempo que viene dictando una máxima: si no consigue insertarse con éxito en los pocos reductos que deja una abultada agenda mainstream, una película está condenada al fracaso, no importa lo buena que sea o el potencial comercial que tenga. Rodrigo Guerrero, Teodoro Ciampagna y Rosendo Ruiz entendieron esto rápidamente y fundaron Cine Cordobés, una distribuidora que se encarga de la difusión y la búsqueda de las mejores condiciones posibles para un estreno. Cine Cordobés tuvo su bautismo de fuego con el estreno local de Hipólito, El invierno de los raros y De caravana: entre abril y mayo, las tres fueron exhibidas de manera sucesiva en el Espacio INCAA KM 700 y las salas de Dinosaurio Mall 20 y Rodríguez del Busto. El trabajo de Cine Cordobés sigue con el estreno del trío en Buenos Aires y la voluntad de trabajar con otras películas a futuro.