Pago por ver

¿Vacas Pintan Flacas? ¿Vayan Pagando Fortuna? ¿Viva Papa Francisco? Qué es, para qué sirve y qué implica el VPF, esa cosa que promete transformar para siempre la distribución en salas.
Ilustración: Manuel García.

 

Nota publicada en la edición impresa del número de abril de 2013.

 

1. Como el vegetariano que, abrazado a la panera, sobrevive a una parrillada ilusionado con hacerse al menos de un postre vigilante, la distribución independiente se preparaba para manotearalgo con la conversión digital cuando se enteró que existía algo llamado VPF. El Virtual Print Fee apareció, de repente y sin mayores explicaciones, en medio de las negociaciones entre distribuidores y exhibidores por programar copias digitales. Esas negociaciones, que ya eran ásperas antes de iniciarse la conversión digital y atendiendo a las variables de siempre, se complicó aún más con la aparición del protagonista de esta página, el joven VPF.

2. Como se explica en el imprescindible número de HC dedicado a la exhibición digital (edición 131), el VPF fue la decisión salomónica que estudios y cadenas de exhibición encontraron para el financiamiento de la conversión digital: dado que los distribuidores iban a ahorrarse cerca de USD1.000 por copia con la exhibición digital, una Tarifa de Copia Virtual de USD850 se convirtió en el subsidio con el que los estudios iban a colaborar en la digitalización de las salas de cine. Antes, y en un alarde de falta de imaginación, se había pensado en un liso y llano aumento en las entradas. Pero, claro, iba a ser difícil convencer al público de pagar su propio VPF por un espectáculo idéntico al que compraban con la proyección analógica (hasta que apareció el 3D). El acuerdo norteamericano se convirtió entonces en un standard mundial.

3. Hace unos años que la distribución de cine independiente tiene problemas para acceder a las salas. Los procesos para tirar copias en 35mm fueron siempre muy costosos, y casi siempre se acomodaron más o menos mal a la escala del cine de nicho. En épocas en que ese público migró a otras formas de acceso al audiovisual (el VOD, la piratería, las series de TV), la posibilidad de estrenar en 35mm se volvió casi prohibitiva, y el cine marginal se hizo aún más marginal. Los distribuidores estrenaron en DVD y después BluRay a la espera de la gran esperanza blanca: El Cine Digital y sus Copias Bajocosto. Nadie sabía en ese momento que el VPF iba a neutralizar una gran parte del ahorro, pero aún con copias más baratas (¡aún con copias gratis!): ¿qué nos hacía pensar que las salas iban a cambiar su criterio de programación, para empezar a estrenar cine arte?

4. Parte del acuerdo primigenio del VPF incluía la figura del Integrador, un responsable de entregar los equipos a cambio del cobro de ese fee hasta el día en que los equipos se pagaran completamente. En Argentina aún no está definido quién es el Integrador, por lo cual el VPF lo cobran directamente las salas. ¿Alguien controla que ese dinero vaya a parar en su totalidad al pago de equipos, o a un Integrador el día que aparezca? No lo sabemos.

5. Otro eslabón faltante es el de los que en E.E.U.U. se conocen como NOC (Network Operations Center), compañías que se encargan de monitorear todo el funcionamiento de la exhibición digital, y que permite que un distribuidor tenga la certeza de que su película se programó en todas las funciones pactadas. No tengo conocimiento de que esto exista aquí, pero sería una buena señal que la exhibición sea transparente, especialmente cuando el distribuidor aporta a la causa, y dado que este tipo de herramientas son parte de las ventajas inherentes del paso al digital.

6. Y por si las cosas no eran lo suficientemente complejas, ¿cómo aplicamos este modelo a una industria cinematográfica como la argentina, donde las películas están subsidiadas, y también la digitalización de salas (públicas y privadas) cuenta con un apoyo del Estado Nacional? ¿En qué medida una película argentina debería pagar VPF si el organismo que la produce ya está colaborando con la conversión? No va a pasar mucho tiempo hasta que productores y distribuidores llamen, una vez más, a su Chapulin Colorado, el INCAA, para arbitrar en todo este asunto. Que no panda el cúnico.

7. La lógica del VPF es la de la redistribución, pero no ya de cine (y mucho menos de riqueza) sino de los costos del theatrical. El presupuesto de lanzamiento de siempre ahora se usa, en un porcentaje alto, para transformar el negocio. En dos años, con la gran parte de las salas argentinas digitales ¿va a dejar de cobrarse el VPF? ¿O los exhibidores van a empezar a pedir ayuda para renovar equipos? ¿O por qué no alfombras, o escalera mecánicas? El día que estrenar en DCP salga USD250 por sala, ¿los distribuidores independientes (y por lo tanto el cine independiente y toda la cadena de valor de las compañías argentinas) seguirán vivos para disfrutarlo?

8. Una sala que apunta a la conversión total, entonces, quizás deje de programar cine de autor si cobra VPFs, ahuyentando a la distribución especializada. Y sin distribuidores, no hay películas, así que las salas que no puedan convertirse,  tampoco van a tener cine de autor. ¿No convendría pensar en una tarifa diferencial para el cine independiente, de manera que siga habiendo películas, salas y público de un cine diferente?

9. Ahora, olvídense de todo lo dicho hasta acá. El costo no importa. El ahorro es marginal. Porque además del costo, el VPF incluye el tema de la continuidad. En Alemania, por ejemplo, un distribuidor independiente paga EUR500 pero se asegura tres semanas de continuidad en sala. En Francia son EUR600 contra cuatro semanas. En Argentina, son USD800 contra dos semanas, y la segunda puede ser una exhibición con dos o tres vueltas diarias. Estando esto en juego, el costo de la copia empieza a volverse irrelevante. ¿Quién no pagaría USD500 por quedarse dos o tres semanas en Abasto, Palermo, Recoleta o Belgrano?