La carne al asador

La productora de terror local Crepusculum vuelve con Naturaleza muerta, primer largometraje de Gabriel Grieco. La particularidad es que podría inaugurar una especie de subgénero: el terror vegano. Eso sí: por más conciencia alimenticia que la película pretenda generar, sangre no le falta.

Crepusculum siguió un recorrido similar al de varias productoras de cine de terror/fantástico/bizarro argentino: un origen ultraindependiente en los noventa-dos mil (cuando, recordemos, todo era un poco más difícil), una progresiva profesionalización, con ramificaciones que se extienden hacia el mundo de los videoclips y la publicidad, hasta el gran salto con el primer largometraje. En el caso de Crepusculum, el salto fue a lo grande: Naturaleza muerta (2014), ópera prima de Gabriel Grieco, debutó en Blood Window, en el Marché du Film del Festival de Cannes. Lejos parecen haber quedado esas funciones de Nathan, el peluche asesino en el Buenos Aires Rojo Sangre hace ya una década, pero más bien podríamos pensar que la proyección de Naturaleza muerta de este año, en ese mismo festival, fue el regreso triunfal de Crepusculum al mundo al que en el fondo pertenece.

Naturaleza muerta, como buena abanderada del género, se presenta a la vez como algo ya visto y algo nuevo. Sus ingredientes principales son un pueblito, una serie de desapariciones y asesinatos, una protagonista curiosa, una lista de sospechosos y un misterio que parece tener algo que ver con el consumo de carne (!), y que no vamos a develar por obvias razones. Una periodista recibe un encargo absurdo en vez del ascenso que esperaba, y se ve obligada a producir una nota ridícula en un pueblo remoto de la Argentina. Pero su llegada coincide con la desaparición de una de las herederas de una poderosa familia ganadera, y en ello ve la oportunidad que estaba esperando; así se convierte en una investigadora incansable. Nuestra protagonista cuenta con las dosis necesarias de inconsciencia y falta de sentido común típicas del género de terror, suficientes como para hundirse en la tragedia, pero su móvil tiene más que ver con su ambición inescrupulosa de periodista en ascenso que con el estereotipo de la estupidez de la chica linda, cosa que se agradece. La acompañamos en una investigación que, por supuesto, se va volviendo cada vez más peligrosa a medida que las víctimas se van multiplicando. ¿Los culpables serán los activistas veganos que se congregan en bizarras reuniones? ¿Acaso los crímenes tendrán algo que ver con un conflicto de intereses entre la explotación agrícola y la ganadera? ¿O será que, simplemente, la naturaleza está empezando a vengarse de los habitantes de este país tan carnívoro?

Naturaleza muertaempieza como un whodunit, que construye misterio y tensión de forma más bien clásica, y privilegia el oído a la vista (aunque por momentos, hay que decirlo, se excede un poco en efectismo sonoro). Durante buena parte de su metraje, deja las fuentes del terror fuera de campo, pero tengan paciencia, fanáticos del gore, porque aunque preferimos no adelantarles mucho sí podemos decirles que Naturaleza muerta también es una película slasher encubierta, y les tiene preparada una sorpresa: una de las mejores escenas sangrientas que el cine nacional nos ha dado en mucho tiempo, que incluye algunas imágenes de archivo no aptas para estómagos ni almas sensibles. Porque, si bien en su planteo “vegano” hay más humor que bajada de línea, esto no aliviana (ni en la película ni en la realidad) el horror implicado en el proceso que nos trae a la mesa buena parte de lo que comemos.

Como decíamos, en Naturaleza muerta se conjugan lo nuevo y lo ya visto: los fans del género sabrán reconocer unas cuantas referencias, sobre todo en sus tramos finales. Pero la película es más una apropiación que un conjunto superficial de guiños; habla el idioma “universal” del cine de género clásico, pero está enraizada en un mundo genuinamente local: la Argentina del campo, del asado, de los mataderos y de las rutas desiertas, esas que tanto recuerdan a los paisajes texanos que han servido de marco a otras historias de horror.

El cine de terror tiene su pequeño público cautivo en las salas porteñas, uno que responde fielmente a casi cualquier cosa con aires macabros que llegue de Hollywood, sea buena o mala (y, por desgracia, suele llegar más lo segundo que lo primero). El cine de género local también ha sabido ganarse sus espectadores, aunque el acceso al circuito comercial le está muchas veces vedado. Pero hay casos (como este) en los que esos dos mundos tienen la posibilidad de cruzarse, y siempre es interesante ver qué pasa en esos casos. Ojalá el género sea un posible puente que les permita a muchos espectadores vencer los prejuicios que todavía tienen para con el cine argentino, porque muchas veces nuestras películas mantienen un genuino amor por el terror que ciertas franquicias norteamericanas perdieron hace rato.

 

Naturaleza muerta

Gabriel Grieco

Estreno: 19 de febrero

2014 / Argentina / 98 minutos

Primer Plano